10/11/2025
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¿Y si te dijera que existió un perro que entendía 1.022 palabras distintas, más que cualquier otro animal no humano jamás documentado? ¿Un ser capaz de distinguir entre “busca la pelota azul” y “toca la pelota azul con tu nariz”?
No es una película. Es la historia real de Chaser, una Border Collie que redefinió lo que creíamos saber sobre la inteligencia canina.
En 2004, el Dr. John Pilley, profesor emérito de psicología en el Wofford College, recibió a Chaser como cachorra de dos meses. Su objetivo era simple pero ambicioso: descubrir los límites de la mente canina. Durante tres años, dedicó entre cuatro y cinco horas diarias a enseñarle el nombre de cada uno de sus juguetes, uno por uno.
Pero Chaser no solo memorizaba nombres. Comprendía conceptos lingüísticos complejos que los científicos creían imposibles para los perros. Podía distinguir entre sustantivos propios (el nombre específico de cada juguete) y verbos (acciones como buscar, tocar o dar). Entendía categorías: sabía que “juguete” se refería a todos sus 1,022 objetos, que “pelota” era un subgrupo de 116 juguetes redondos, y que "frisbee" identificaba 26 objetos con forma de disco.
El estudio publicado en la revista Behavioural Processes en 2011 documentó algo extraordinario: Chaser también aprendía por exclusión, una habilidad que los niños desarrollan alrededor de los tres años. Si le pedían buscar un objeto nuevo entre juguetes conocidos, podía inferir que el nombre desconocido correspondía al objeto desconocido.
Los investigadores nunca encontraron el límite de su capacidad de aprendizaje. El Dr. Pilley (junto a su hija, Pilley Bianchi, quien también la entrenaba) dejó de enseñarle nuevas palabras en 1,022 simplemente porque su esposa Sally no quería más juguetes en la casa.
Chaser falleció en 2019, luego de permanecer por 15 años junto a su familia, pero su legado cambió para siempre nuestra comprensión del vínculo entre humanos y perros.