15/05/2013
Enfermedades transmitidas por mosquitos
José Enrique Zaldívar
Esencialmente, son dos las enfermedades que son transmitidas por esos insectos voladores llamados mosquitos que deben preocuparnos en mayor medida debido a la gran incidencia que tienen en la salud de nuestros perros: la filariosis y la leishmaniosis. A continuación las conoceremos en detalle.
FILARIOSIS O GUSANO DEL CORAZÓN
Se ha mejorado mucho en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento, así como la sensibilización con respecto a esta enfermedad por parte de los veterinarios y propietarios, pero aún así sigue provocando una alta incidencia en el bienestar de nuestros compañeros.
Se trata de una enfermedad seria y potencialmente mortal causada por un gusano que vive en las arterias pulmonares y en el lado derecho del corazón de los perros. También es capaz de parasitar a otras especies, incluida la humana, aunque esto sucede raramente.
El parásito recibe el nombre de Dirofilaria immitis y es importante resaltar que a veces no provoca signos clínicos. La transmisión del parásito requiere de un mosquito como hospedador intermediario, siendo el perro el hospedador definitivo. El parásito tiene un largo ciclo que se inicia cuando el mosquito se alimenta de la sangre de un perro infectado, ingiriendo lo que se conoce como larva 1 (microfilaria).
Existen diversos test para el diagnóstico de esta enfermedad pero, es importante saber que algunos perros presentan lo que se llama “enfermedad oculta”, que se produce cuando, a pesar de existir filarias adultas, no hay microfilarias circulantes. La realización de pruebas indiscriminadas es absurda y deben hacerse seis o siete meses después del periodo de transmisión en una zona concreta. Es, por tanto, sumamente importante que los veterinarios elijan las fechas adecuadas para la realización de los test en función de el lugar geográfico en el que vive el perro o donde pase las vacaciones.
En función de los cambios que observemos en las radiografías y en la severidad de los síntomas, clasificaremos la enfermedad de menor a mayor gravedad en clase 1, 2, y 3.
Aunque el tratamiento de esta grave enfermedad se hace en ocasiones complejo, podemos decir que todos los perros con filariosis o dirofilariosis tienen potencial para mejorar con los medicamentos que los veterinarios tenemos a nuestra disposición, inclusive los más severamente afectados, pero sin olvidar que, en ocasiones, nos encontraremos con graves complicaciones.
LEISHMANIOSIS
Dado que es una enfermedad suficientemente conocida por todos, dedicaré esta parte del artículo a revelar algunos datos poco conocidos. Se trata de una enfermedad parasitaria transmitida por un vector y causada por protozoos del género Leishmania. Estos parásitos infectan a una gran variedad de animales vertebrados (lobo, zorro, gato montés, gato doméstico, jineta, lince, mangosta) y se transmiten por la picadura de un flebotomo (mosquito) infectado. Los perros son el principal reservorio para esta zoonosis.
La leishmaniosis canina, enfermedad grave y de fatales consecuencias, se extiende por la cuenca mediterránea, parte de Asia, América Central y Sudamérica. Se calcula que, solamente en el suroeste europeo, hay al menos 2,5 millones de perros infectados y que la enfermedad se está extendiendo hacia el norte: 20.000 casos diagnosticados en el sur de Alemania, Austria y Suiza. Se trataría de perros que han vivido o viajado anteriormente a áreas endémicas.
Es importante apuntar que, además de en el flebotomo, el vector clásico del parásito, se han encontrado leishmanias en pulgas y garrapatas, pero hasta el momento no se ha demostrado que estos parásitos puedan transmitir la enfermedad a través de sus picaduras en perros. De momento, por tanto, se trata de un hallazgo casual.
La hembra del flebotomo es la única que pica para obtener la sangre ya que los machos son vegetarianos.
En cuanto a la prevención de la enfermedad, todos sabemos que desde febrero del año 2012 contamos con una vacuna en el mercado. Hemos podido leer muchas cosas “raras” en Internet sobre ella, pero tras mi experiencia, después de un año de haber puesto un número considerable de dosis, las reacciones vacunales observadas no han sido demasiadas, y en ningún caso graves. Además y como todos los años, contamos con los productos que en forma de pipetas o collares deberemos seguir utilizando, independientemente de que vuestro perro esté o no vacunado, en los meses en que, por su situación geográfica, esté expuesto a la picadura del mosquito.