02/07/2022
Los comportamientos que podríamos llamar “de luto” se han observado en muchas especies salvajes en especial las altamente sociables.
En la naturaleza dichos comportamientos suelen darse entre individuos emparentados entre sí, especialmente entre madres y sus crías o entre parejas. Pero el caso de las mascotas es particular porque forman grupos artificiales, en los que la mayoría de las veces los individuos no son parientes y ni siquiera han escogido a sus coinquilinos, ya que son sus cuidadores quienes deciden traer a un nuevo animal a casa.
Según un estudio reciente y centrado en los perros, “los resultados parecen sugerir que responden a la pérdida de un compañero, más que a la muerte en sí” y citan como evidencia el hecho de que los comportamientos registrados no cambian en función de si el animal superviviente ha visto o no el cuerpo de su compañero difunto.
Esto parece deberse en gran medida a su naturaleza altamente social, una hipótesis reforzada por el hecho de que los animales que compartían rutinas con la mascota fallecida reaccionan de forma más evidente y durante más tiempo ya que la pérdida de un compañero subconscientemente es percibida como un indicador de que hay algún peligro desconocido en su entorno, causándoles nerviosismo y miedo.
Los investigadores También señalan que, en muchos casos, existe otro factor que es el de contagio emocional, esto significa que los perros reaccionan al luto que observan en sus cuidadores. Debido a que son altamente empáticos, perciben muy bien los cambios en la actitud de sus cuidadores, como la tristeza, la rabia, el estrés o la apatía, y reaccionan en consecuencia, por ello buscan ofrecerles consuelo, pero también ellos mismos lo buscan frente a un estado emocional que entienden como resultado de algo negativo.
Una de las tentaciones más habituales suele ser que si solo queda un animal superviviente, es encontrarle un compañero sustituto para que así “no esté solo”. Aun que los etólogos opinan lo contrario ya que tomar esta iniciativa de forma inmediata introduciendo un animal desconocido en la casa solo supondría una fuente de estrés adicional y podría hacer que su relación empezara con mal pie.