10/10/2025
Un ejemplo se vida
Potosí, Bolivia, 2018.
En las minas del Cerro Rico, muchos b***os aún eran usados para cargar minerales pesados por túneles estrechos, sin ver la luz del sol durante años. Uno de ellos era Chaski: flaco, herido, y con los ojos tristes de quien ha vivido demasiado en silencio.
Cuando una ONG llegó al lugar para liberar animales explotados, los mineros dijeron:
—Ese no sirve. Está viejo. Que lo lleven, si quieren.
Nadie esperaba que ese b***o “inservible” haría historia.
Fue adoptado por una pequeña escuela rural en las afueras de Potosí, como parte de un programa de sensibilización. Lo llevaron como mascota educativa… pero al llegar, Chaski no quiso estar en el corral.
En lugar de eso, se metía en las clases. Se echaba junto a los niños mientras leían. Caminaba lentamente entre pupitres. A veces, se asomaba por la ventana… solo para escuchar.
Pero lo más asombroso vino después.
Una mañana, cuando el profesor llegó temprano, encontró a Chaski esperando en la puerta… sin que nadie lo hubiera traído.
Y es que, según descubrieron, el b***o había aprendido a recorrer solo más de 2 km desde la casa del conserje hasta la escuela, cada mañana, justo antes del timbre.
Sin atajos. Sin perderse.
Y volvía a casa cuando sonaba la campana de salida.
Los niños lo adoraban. Le leían en voz alta. Le escribían cartas. Lo dibujaban. Y Chaski, con su andar cansado pero sereno, les enseñó algo que ningún libro decía:
—Que la dignidad no se pierde… aunque te hayan usado como si no valieras nada.
Años después, Chaski fue nombrado “miembro honorario del cuerpo docente”.
Y cuando murió de viejo, el pueblo entero salió a despedirlo.
Lo enterraron en el patio de la escuela, bajo un árbol donde solía dormir durante el recreo.
Y junto a ese árbol, hay una piedra tallada con una frase que los niños votaron por unanimidad:
“Él no hablaba.
Pero nos enseñó a caminar con paciencia…
y a llegar siempre, incluso con el corazón herido.”