20/05/2026
Majestuosa 🐈
París ha visto nacer imperios de moda… pero pocos tan peludos. En 2011, Karl Lagerfeld aceptó cuidar por un par de semanas a una gata Birman que pertenecía al modelo Baptiste Giabiconi. La idea era simple: “te la cuido y la llevas de vuelta”. Solo que Lagerfeld vio llegar a Choupette y decidió que esa historia no tenía devolución.
Desde ahí, la gata dejó de ser “mascota” y pasó a ser personaje. Lagerfeld contaba que tenía dos cuidadoras y que llevaban un registro detallado de su rutina; también presumía que Choupette viajaba con él y que en jets privados todo era más fácil. El lujo, en su caso, no era un chiste: era parte del mito.
Y luego vino el giro más moderno: Choupette empezó a ganar su propio dinero. Lagerfeld dijo que en 2014 hizo dos trabajos publicitarios —uno para autos en Alemania y otro para un producto de belleza japonés— y que eso sumó cerca de 3 millones de euros. En entrevistas bromeaba con una idea deliciosa: que Choupette era, de verdad, la famosa de la casa.
Cuando Lagerfeld murió en 2019, se habló mucho de herencias. En Francia una mascota no puede heredar directamente, pero sí puede quedar protegida si alguien recibe bienes o fondos para su cuidado. Hoy Choupette vive bajo el cuidado de Françoise Caçote, sigue siendo figura pública y su historia ya quedó impresa en libros y titulares.
Al final, Choupette no “construyó” un imperio: lo que hizo fue más raro. Convirtió el afecto —exagerado, teatral, muy Lagerfeld— en leyenda pop. Y a veces eso también es poder.