18/08/2026
Hoy es 17 de agosto, Día del Médico Veterinario.
Estamos terminando una jornada laboral extensa y nuestro último paciente del día nos lleva a realizar una de las partes más difíciles de esta profesión: acompañarlo en su último momento y ayudarlo a partir.
Y es precisamente en momentos como este cuando uno se detiene a reflexionar sobre todo lo que implica ser médico veterinario.
No solamente cargamos con el cansancio de largas jornadas, el estrés y las responsabilidades de cada día. También cargamos con la parte emocional de acompañar a una familia que está despidiéndose de un ser querido. En ocasiones tenemos que enfrentar la incomprensión, las críticas o incluso la ingratitud de personas que esperan que podamos hacer lo imposible, que podamos salvar a todos, como si fuéramos Dios.
También están las consultas que para algunos parecen demasiado costosas, las facturas que se consideran excesivas, las noches sin dormir, el cansancio acumulado, los días en los que nos alejamos de nuestra familia, nos perdemos eventos importantes o incluso tenemos problemas personales porque el trabajo termina absorbiendo demasiado de nosotros.
Esa también es la vida del veterinario.
No es casualidad que nuestra profesión enfrente una carga emocional y un riesgo de desgaste tan elevados. A veces, todo eso pesa más de lo que los demás pueden imaginar.
Pero, a pesar de todo, hay algo que tengo muy claro:
Si pudiera regresar el tiempo y volver a elegir mi camino, volvería a elegir esta profesión.
Nunca me arrepentiré de haber estudiado Medicina Veterinaria. Ha sido uno de los caminos más satisfactorios que jamás pude imaginar.
Y hay algo curioso: de niño, yo nunca fui de esos que decían que su sueño era ser veterinario. No crecí pensando que algún día me dedicaría a esto.
Más bien, siento que la veterinaria me encontró a mí.
Fue una casualidad… quizá la casualidad más bonita que me ha regalado la vida.
Llegó y fue amor a primera vista. Y desde entonces supe que quería dedicar mi vida a esto.
Porque al final, no importa cuánto cansancio exista, cuántos problemas enfrentemos o cuántas veces sintamos que ya no podemos más. Importa seguir adelante. Seguir aprendiendo, seguir preparándonos y tratar de ser mejores cada día.
Y si hoy no pudiste salvar a ese paciente, aprende de ello.
Tal vez mañana lo logres. Tal vez pasado mañana.
Porque también tenemos que aprender a aceptar que existen cosas que, por más que queramos, son humanamente imposibles. No podemos salvarlos a todos.
Pero mientras esté en nuestras manos, siempre debemos dar nuestro mejor esfuerzo.
Hoy quiero felicitar especialmente a todos mis colegas, a todos los médicos veterinarios y a cada persona que forma parte de este hermoso gremio.
Sigamos adelante. Sigamos echándole ganas. Sigamos haciendo esta profesión con conocimiento, con compromiso y, sobre todo, con amor.
Porque a pesar de todo lo difícil, seguimos teniendo una de las profesiones más hermosas del mundo.
Feliz Día del Médico Veterinario, colegas. 🐾
Y que nunca olvidemos por qué elegimos este camino.