04/05/2026
Hoy se cumple un año más desde que partiste y aunque el tiempo sigue avanzando, tu presencia permanece viva en cada recuerdo, en cada enseñanza y en cada huella que dejaste en este mundo.
Fuiste mucho más que una madre: una guía, una inspiración y una mujer que dedicó su vida a educar con pasión y a formar personas con valores. En cada alumno que tocaste, en cada palabra que compartiste, sembraste algo que sigue creciendo.
También dejaste tu amor y tu fuerza en el mundo del caballo, donde encontraste libertad y enseñaste respeto, disciplina y conexión con la vida. Ahí también vive tu legado, galopando en la memoria de quienes te conocieron.
Hoy no solo te recordamos con tristeza, sino con profundo orgullo y gratitud por todo lo que fuiste y todo lo que sigues siendo en nosotros.
Guillón Ramírez
Gabriela (Gaby) Morales fue capaz de mover los sentimientos de mucha gente por su gran sencillez y don de gentes. Gracias a eso, durante su vida, corta pero muy fructífera además de plena, consiguió lo que muchos no logramos en una vida, digamos, de duración normal, que a ella se lo negó el destino.
Siendo una adolecente, alrededor del año 1980 se animó a participar en una escaramuza. Fue en la Asociación de Charros Regionales Valladolid en Morelia, su ciudad natal. Montaba un caballo que se llamaba El Trompo, que era un caballo fuerte y musculoso pero de poca alzada para la estatura de Gaby, que medía 1.74, bastante para una mujer.
Toda la familia celebraba que Gaby estuviera montando, pero principalmente su padre, el Lic. Guillermo Morales, que le prometió un caballo apropiado a su estatura. No le fue difícil conseguirlo y pronto surgió un prospecto que, por estar siendo entrenado, tardó algunos meses en llegar a sus manos, hecho que le valió el nombre de El Platicado.
Era un cuarto de milla retinto muy fuerte que la acompañó durante muchos años en las escaramuzas. Luego de la muerte del Platicado, montó un caballo cuarto de milla cruzado de inglés de nombre Raboche, de mucho temperamento que era manejado por Gaby con gran maestría.
La destreza que alcanzó como amazona fue muy alta y la demostró con diversos caballos con muy diferente personalidad, todos le trabajaban estupendamente. Aplicó el Manejo Natural del Caballo con maestría, pero era indudable que tenía habilidades innatas que le hacían comprender y hacerse comprender con facilidad con los caballos… y con sus semejantes.
Por aquellos años, muy importantes para el movimiento femenil dentro de la charrería, cuando las escaramuzas alcanzaron su estatus de deporte reglamentado y dejaron de ser el adorno de nuestro Deporte Nacional, Gaby y su esposo Chico Ramírez fundaron escaramuzas y transmitían sus conocimientos y experiencias a muchos grupos que destacaron a nivel nacional, Gaby, además fue capitana de varias escaramuzas, delegada estatal y juez de escaramuzas.
Su capacidad fue percibida por don Carlos Pascual desde que fue candidato a presidente de la Federación de Charros y después por don Javier García Sánchez, que la incorporó a su equipo de trabajo como Coordinadora Nacional de Jueces y a la vez como Coordinadora Nacional de Escaramuzas, cargos que desempeñó con gran visión pues logró la unidad femenil entorno a la preparación de jueces y organización de un esquema que no garantizaba la imparcialidad. También logró el importantísimo respeto y consideración de los charros del país para la mujer de acaballo. Desde esos cargos, logró consolidar y clarificar el papel y desempeño de las escaramuzas como deportistas, y logró su justo lugar en la charrería, a la vez que fue pieza clave para rescatar la auténtica tradición en los atuendos, arreos y hasta en el manejo de los caballos.
Chico Ramirez
Me gustaba mucho ver montar a mi cuñada Gaby. Alta, derechita, flexible, acompañando el galope perfectamente, de poco pelear con el caballo. Aunque fueron tiempos de más violencia que entendimiento en eso llamado “escaramuza”. Años y años de “dar la punta” en carrera desaforada, azotando a diestra y siniestra para, de repente, jalar la rienda acostándose en el anca del caballo “para que metiera bien las patas”. Terrible. Sólo nos habría faltado poner “bajador” para completar el cromo de la tortura al caballo que montábamos y que decíamos querer.
Pero hacia la última década del milenio vimos que había otros modos, que aunque parecían mágicos eran totalmente lógicos y que los caballos nos respondían mucho mejor. Montar a caballo empezó a ser algo que había que hacer con el caballo, no contra él. Incluso en la escaramuza.
La escaramuza “Las Gaviotas” de la Asociación de Charros Emiliano Zapata de Playa Azul, Michoacán, recibió invitación del Arq. Carlos Pascual, entonces Presidente de la Federación Nacional de Charros, a dar una exhibición en el lienzo charro del Pedregal (en un evento de aniversario, creo), de lo que podíamos hacer con eso llamado “Manejo Natural del Caballo”. Hicimos salto de obstáculo sin freno, punta sin freno, la rutina de escaramuza con el pie izquierdo afuera del estribo (es decir, montando “destrabadas”, con equilibro en la albarda). Especialmente atesorado tengo el recuerdo de la bella estampa de Gaby en el Raboche galopando desde el partidero hacia el ruedo haciendo cambios de mano en línea recta. Mayor mérito de ambos fue que se entendieran y acordaran ese paso con Gaby siempre montada a mujeriegas. Ella prefería no montar a horcajadas. Decía que un problema en la cadera la incomodaba en esa posición. Años después, cuando estudié la historia del tiliche al que llamo “albarda Lepe”, leí que la reina Isabel I de Inglaterra lo puso de moda en el siglo XVI y en adelante; pero ella lo hacía por la particular circunstancia de que así ocultaba una diferencia en la longitud de sus piernas.
Hoy, en nuestras conversaciones imaginarias, platicamos de que estaría bonito hacer otra cosa a caballo; quizá también la escaramuza, un rato nada más. Que sea algo divertido y mucho menos obsesivo con los puntos, la simetría y la total identidad de todo. Esas son desviaciones de los juegos demasiado humanos en los que nos desalmamos.
Cristina Ramírez