02/03/2026
Hoy les traigo una historia demasiado triste, la cual me costo demasiado escribir pero confío sirva de reflexión y sobretodo de que no se queden en palabras sino en hechos el rescatar.
Joi, un pequeño que alguna vez tuvo una familia, una casa y fue abandonado. No sé cuánto tiempo estuvo vagando en las calles hasta que unos detestables personas ebrios le dieron una patada o quizá más y le rompieron la mandíbula. Así paso semanas, semanas de dolor, de no poder comer hasta quedar en los huesos. Fue ignorado, como el resto de los perros que mueren lentamente en México y nadie hace nada por cambiar eso, duele y duele hasta el alma y más porque no están dispuestos a sacrificar un poco de su vida y lujos para salvar a un animal.
Joi perdió demasiado hueso y ya no había la opción de una cirugía para poder poner un implante. La doctora y el ortopedista agotaron todas las opciones disponibles y ninguna le daba calidad de vida, ninguna aseguraba que él estuviera bien. Solamente sería hacerlo sufrir más de lo que ya estaba sufriendo. Así que me toco tomar una de las más difíciles decisiones que como rescatista nunca quiero tomar, pero era necesario y justo, para no hacerlo sufrir más. Con todo el dolor de mi corazón, de mi alma la decisión fue la eutanasia. Me llena de impotencia, de coraje porque no llegué a tiempo otra vez, porque no logre salvarlo.
Pero Joi no se fue sin saber lo que era una caricia, el amor de quienes sí valoramos su vida. Estuve ahí con él hasta su último respiro, acariciando su cuerpo débil y sintiendo sus huesos 💔. También agradezco mucho a la Doctora Paulina Aspeitia por darle también amor del que estoy seguro nunca le dieron.
Joi murió por la indiferencia humana, porque nadie se atrevió a salvarlo antes de que le hicieran daño. Murió por culpa de sus pseudos dueños, y de los ebrios que le arrebataron la vida de la manera más cobarde posible.
Mi hermoso Joi ya descansa en paz. ✨️🕊🐕