Huerto Joms

Huerto Joms Huerto JOMS es un proyecto de JOMHAB que impulsa la sostenibilidad y el trabajo en equipo a través del cultivo de productos naturales.

Hoy quiero reconocer a todas las madres: a las que dieron vida, a las que cuidaron sin haber dado a luz, a las que soñar...
11/05/2026

Hoy quiero reconocer a todas las madres: a las que dieron vida, a las que cuidaron sin haber dado a luz, a las que soñaron con ser madres y no pudieron, a las que por distintas razones no encontraron las condiciones para serlo y a las que llevan en el corazón una maternidad que sólo Dios conoce.

También quiero celebrar a las madres que trabajan sin descanso; a las que este 10 de mayo tuvieron que levantarse temprano, cumplir con sus obligaciones, regresar a casa y todavía encontrar energía para preparar comida, escuchar a la familia, acomodar pendientes y regalar una sonrisa. Muchas veces parecen tener poderes especiales, aunque en realidad lo que tienen es amor, paciencia y una fuerza admirable.

Hoy pienso también en las madres que están solas, en las que esperan una llamada, una visita o una palabra bonita. Deseo que este día les regale una sorpresa, un mensaje inesperado, una oración, una flor o simplemente la alegría de saberse recordadas.

También quiero recordar a las madres que, por distintos motivos, no pueden estar cerca de sus hijos: por la distancia, por el trabajo, por la salud, por decisiones difíciles o por caminos que la vida fue acomodando de otra manera. Aunque no siempre puedan abrazarlos, muchas de ellas siguen deseando profundamente que sus hijos estén bien, que sean felices, que encuentren buenos caminos y que la vida los trate con ternura.

Hoy quiero hacer un reconocimiento especial a las religiosas que ofrecieron su vida a Dios y a la Iglesia Católica. Mujeres que han sido madres espirituales para muchos. Han cuidado enfermos, educado niños, acompañado familias, consolado tristezas, trabajado en silencio y rezado por personas que tal vez nunca sabrán cuánto bien recibieron de sus oraciones. Ellas también merecen gratitud, cariño y una felicitación especial en este día.

También celebro a las madres que no expresan su amor con grandes discursos, pero sí con hechos: con el plato servido, con la ropa limpia, con la preocupación escondida, con el consejo oportuno, con la mirada que entiende todo y con esa frase tan sencilla y tan poderosa: “¿Ya comiste?”

Hay pájaros que aprendieron a dormirsobre cables de luzpara no deberle refugio a ningún árbol.Desde abajo parece costumb...
03/05/2026

Hay pájaros que aprendieron a dormir
sobre cables de luz
para no deberle refugio a ningún árbol.
Desde abajo parece costumbre,
pero los que saben mirar
alcanzan a ver el temblor diminuto de las patas,
ese miedo eléctrico
de caer dormidos sobre una ciudad
que nunca baja la voz.
Últimamente el mundo tiene olor a tierra mojada
y a fruta abierta bajo el sol,
a mango reventado en la banqueta,
a hojas húmedas pegándose en los zapatos
como cartas que nadie recogió.
Los perros siguen creyéndole a las manos,
aunque algunas huelan a abandono.
Las golondrinas regresan
como si nunca hubieran visto el invierno
masticar los árboles.
Y yo…
yo camino con un jardín doblado en la garganta,
uno de esos jardines descuidados
donde las flores crecen torcidas
buscando un poco de luz entre láminas oxidadas.
A veces quisiera ser río.
Los ríos no preguntan si alguien se queda:
arrastran hojas muertas,
botellas vacías,
ramas partidas por tormentas viejas.
Reflejan lunas rotas en el agua negra,
revientan piedras en silencio
hasta volverlas arena,
y siguen.
Siempre siguen.
Incluso cuando nadie los mira.
Pero me tocó esta forma rara de existir,
más parecida a las fogatas de monte:
calientan a cualquiera que se acerque,
se dejan consumir despacio
para que otros no tiriten,
y cuando todos duermen
se quedan hablando solas con las brasas,
tronando bajito,
como huesos viejos en invierno.
Hay noches donde el pecho
parece una iglesia después de la lluvia.
Las bancas respiran humedad.
El yeso se descarapela despacio.
Algún santo mira desde la sombra
con los ojos llenos de polvo.
Todo huele a vela apagada,
a madera húmeda,
a flores marchitas flotando en cubetas de plástico,
a algo que fue oración
aunque nadie lo haya nombrado.
Y entonces entiendo
por qué los ciervos bajan heridos al agua:
porque hasta el dolor necesita reflejarse en algo vivo.
Entiendo por qué algunas flores
solo abren de madrugada,
cuando nadie puede juzgar su forma de temblar.
Por qué el cielo deja estrellas
incluso sobre pueblos vacíos,
sobre azoteas donde alguien fuma solo
mirando ventanas apagadas.
La misericordia tal vez sea eso:
un animal pequeño respirando todavía
debajo de los escombros.
Un gorrión mojado
escondiendo el pico

🦅:Eran días donde el sol se alejaba y la luna era..pero no entre estrellas. Es cierto entonces que el tiempo era el de m...
11/04/2026

🦅:
Eran días donde el sol se alejaba y la luna era..
pero no entre estrellas. Es cierto entonces que el tiempo era el de mi sangre observando las jacarandas y a los jóvenes jugar con la pelota, que el de esas máquinas circulares.

Era la Hora azul para mí, que recorría los exteriores aires de mi escuela, con un extrañamiento de la extrañeza porque todo ha pasado aquí pero pronto acababa. Algunas veces estaba ella, algunas veces compañeros, más de cuando en cuando era monólogo.... Y me recostaba en las bancas guindas a olvidar la monocromasia de lo evidente que me rodea para ver esa inmensidad azul.....

Verla.... Vivirla... Saberla con profunda metáfora cuántica porque me entremezcló con ella. Ahí, aunque ahora aquí, supe del cobijo de una meditación recostado, enamorado otra vez porque la escribía otra vez.

Eran horas Fugaces que aliviaban horas eternas de una tarde transcurrida en anhelo de salir.
Ese furtivo de vislumbrar mi hogar entre está banca guinda teniendo entre 19 y 29 años al mismo tiempo porque deseas tanto ese hogar construido en la mente, lo amas, lo construyes... Volviendote humilde de nuevo, mecánica amorosa...

Y mientras la disonancia de todo pasando yo tenía que volver al mundo.

Tenemos poderes y todo nos arrulla con nada más que la naturaleza, más que equilibrio me trasciende mis pieles taciturnas, dramaturgas, e igual de infinitas de este retrato de escribir con luz, yo y el cielo ¿Quien es el paisaje?

Viví entonces, antes que sobrevivir, en esa culminación de luz lo confieso, nada es mas bello que encontrarse fiel a lo más íntimo de uno mismo.

Tú, Aún en memoria tienes los dotes de sanarme.

La primavera no llega,irrumpe.Se mete entre las grietas,levanta lo que parecía quieto,despierta hasta lo que no sabíaque...
21/03/2026

La primavera no llega,
irrumpe.
Se mete entre las grietas,
levanta lo que parecía quieto,
despierta hasta lo que no sabía
que seguía vivo.
El aire cambia de intención.
Late distinto.
Como si el mundo recordara
cómo se siente empezar.
Todo se acerca.
Los colores, los sonidos, la vida.
Los animales vuelven a buscarse,
a elegirse sin miedo,
a construir, a cuidar, a amar
como si supieran que el tiempo es ahora.
Hay nidos empezando,
caminos que se cruzan,
vidas que se encuentran
sin tanto pensamiento.
Y algo dentro también se inquieta.
Un llamado suave, pero constante.
Como si el corazón entendiera
que no vino solo a quedarse,
sino también a ir,
a encontrarse con otros,
a compartir lo que lleva dentro.
La primavera abre caminos.
Afuera… y adentro.
Trae nombres nuevos,
rostros que aún no conocemos,
lugares que esperan
aunque no sepan que los estamos buscando.
No todo es perfecto,
pero todo se mueve.
Y a veces eso basta.
Dan ganas de salir,
de dejar la comodidad tantito,
de caminar hacia lo desconocido
con las manos llenas de algo bueno para dar.
Como si esta vez,
más conscientes, más abiertos,
volviéramos a decir que sí.
Porque la primavera no solo florece…
también envía. 🌱

Había brasas caminando con forma de gente.Se reconocían sin mirarse, como si el aire supiera sus nombres antes que ellos...
07/01/2026

Había brasas caminando con forma de gente.
Se reconocían sin mirarse, como si el aire supiera sus nombres antes que ellos.
No se prometían nada: se encendían,
y eso bastaba para iluminar la noche entera.
El mundo era una casa de vidrio
y amar consistía en apoyar el pecho
hasta que algo se rompiera sin pedir permiso.
No había mapas ni salidas de emergencia,
solo el temblor de saberse vivo en manos del otro.
Después aprendieron a usar guantes,
a medir el calor,
a llamar prudencia al frío
y madurez al miedo bien acomodado.
Aprendieron a cerrar ventanas,
a barrer las cenizas,
a decir “estoy bien” cuando el fuego aún ardía por dentro.
Confundieron paz con ausencia de incendio,
y silencio con estabilidad.
Olvidaron que las brasas no duelen
hasta que se apagan.
Pero a veces, en medio de la rutina más quieta,
una chispa despierta.
No grita: recuerda.
Recuerda que el fuego no nació para ser seguro,
sino verdadero.
Que amar nunca fue un refugio,
sino un salto.
Y entonces arder vuelve a parecer inevitable,
no como un error,
sino como un acto de fe.
Como si el corazón, aun cansado,
supiera que prefirió quemarse
antes que pasar intacto por la vida.

Mientras tanto, los coordis…Un año se cerró en silencio y otro se abrió despacio. Nuevos días, nuevas rutas, la misma ca...
02/01/2026

Mientras tanto, los coordis…

Un año se cerró en silencio y otro se abrió despacio. Nuevos días, nuevas rutas, la misma calma de seguir caminando sin prisa. 🎇🥂

🕷️🕸️🧡La señora no sólo era gruñona: era oficialmente una cascarrabias profesional. Regañaba a la tetera porque pitaba mu...
22/11/2025

🕷️🕸️🧡

La señora no sólo era gruñona: era oficialmente una cascarrabias profesional. Regañaba a la tetera porque pitaba muy fuerte, insultaba a las escobas porque se llenaban de polvo —“¡pues para eso te tengo, inútil!”— y hasta se enojaba con las paredes porque se manchaban solas. Vivía sola, pero hablaba como si tuviera enemigos imaginarios en cada mueble.

Y entre todos los seres de la casa, su mayor víctima era la araña.
Una araña chiquitita, testaruda, casi insolente por lo tranquila que era. Tejía en silencio, como si no escuchara los gritos.

Cada mañana, la señora hacía una inspección militar:
—¡A ver, dónde estás, maldita patona! ¡Hoy sí te me vas!

Y ahí estaba: la telaraña nueva, brillando como si fuera un trofeo.
La señora tronaba los dedos, se remangaba la bata, tomaba la escoba con autoridad de general derrotado.
—¡Te voy a sacar aunque me cueste la vida, eh! ¡Ya estoy harta!

La araña, mientras tanto, simplemente existía.
Colgaba, tejía, repetía.
Como si no entendiera el drama humano.
Como si no escuchara las amenazas.
O peor: como si no las tomara en serio.

Era un ciclo rudo, casi cómico:
la señora explota,
la araña flota.
La señora barre,
la araña corre.
La señora grita,
la araña teje.

Y claro que la señora se desquitaba.
Si tenía un mal día, pobre araña:
más escoba, más gritos, más insultos gratuitos.
Como si esas ocho patotas fueran responsables del gas caro, del exmarido infiel que no volvía ni para el mandado, o del perro de la vecina que ladraba toda la noche.

Pero un día, la araña se hartó —o se inspiró, o simplemente la suerte le guiñó un ojo— y cuando la señora entró furiosa, lista para destruir otra obra maestra de hilos, la araña dio un salto olímpico inesperado, cayó en el marco de la ventana y escapó hacia el patio.
Pero escapó con estilo.
Como si dijera: ya estuvo, jefa, me retiro de esta relación tóxica.

La señora se quedó tiesa, con la escoba levantada como si posara para una foto de derrota.
Miró la ventana.
Miró el rincón vacío.
Miró la escoba.
Y tragó saliva.
—¿Qué…? ¿Ya te fuiste? ¿Así nada más? —dijo ofendida, como si la hubieran abandonado.

En una calle donde el día corría demasiado rápido, un gato sin nombre caminaba como si fuera experto en leer almas. No l...
16/11/2025

En una calle donde el día corría demasiado rápido, un gato sin nombre caminaba como si fuera experto en leer almas. No le interesaban las prisas ni los ruidos; él buscaba algo más escaso: un lugar donde el mundo no doliera tanto.

Tenía esa habilidad misteriosa que solo los animales callejeros desarrollan: distinguir, sin equivocarse, qué corazones están llenos de filo y cuáles guardan un huequito de suave quietud. Por eso, cuando pasó frente a un pequeño espacio donde alguien estaba sentado —sin sobresaltos, sin tormentas, solo respirando—, el gato se detuvo como si hubiera encontrado una grieta luminosa en medio del caos.

Se acercó con la prudencia de quien ha vivido demasiadas historias y, aun así, decidió creer una vez más. Dio un par de vueltas, olió el aire, y entonces ocurrió: se dejó caer, no como quien duerme, sino como quien se rinde a la certeza de que ahí, justo ahí, nada malo podía tocarlo.

Se enroscó como si el suelo hubiese recordado ser nido. Cerró los ojos con esa confianza que los humanos casi siempre olvidan tener. Y mientras descansaba, el día también bajó la voz, como si el sueño del gato obligara al mundo a tomar un respiro.

Quizá nadie lo notó, pero esa siesta no era común. No era un descanso de cuerpo, sino una declaración silenciosa:
“Aquí puedo estar en paz.”

Y aunque la persona a su lado no habló, no tocó, no pidió nada, su presencia bastó. A veces la bondad funciona así: sin hacer ruido, sin anunciarse, solo dejando que un pequeño animal decida dormir profundamente en pleno mediodía.

Cuando el gato despertó, estiró sus patas con la elegancia de quien ha confiado sin arrepentirse. Miró alrededor, no para revisar peligros, sino para reconocer la calma que le fue prestada. Y luego, con la serenidad de un sabio chiquito, siguió su camino.

Los gatos callejeros nunca eligen al azar.
Siempre saben dónde la luz es verdadera, aunque los humanos no lo entiendan..

El astronauta y el sol 🧑🏽‍🚀🚀☀️En un vasto y silencioso abismo flotaba un astronauta, exiliado por mandato propio a explo...
09/11/2025

El astronauta y el sol 🧑🏽‍🚀🚀☀️

En un vasto y silencioso abismo flotaba un astronauta, exiliado por mandato propio a explorar el sublime e incierto universo.

Durante su travesía conoció al Sol —ese coloso de fuego que, con solo ser mirado, deja en los ojos una ceguera dorada, una herida luminosa que no se cura.

El astronauta, deslumbrado, comprendió pronto la cruel ley de la distancia: acercarse demasiado significaba desintegrarse, pero alejarse era condenarse al frío.
Así, orbitaban uno alrededor del otro, presos de una atracción imposible.

Entre señales confusas, el Sol y el astronauta se hablaban sin palabras, con destellos, con silencios.
Y aunque ninguno podía tocar al otro, ambos comprendían que algo los unía: una melancolía compartida.

Con el paso del tiempo, la chispa se volvió tenue; el fuego que antes abrasaba ahora titilaba débil, como si el propio universo respirara cansancio.
El astronauta quiso buscar nuevas estrellas, otros mundos tal vez, pero algo invisible lo retenía: no era la gravedad, era el miedo.
Miedo de herir, de apagar el brillo que le daba sentido a su viaje.

No era obligación.
No era lástima.
Era amor —y también miedo.
Miedo a despertar un día y hallar el cosmos en penumbra, sin la calidez que una vez le enseñó a amar la luz.

Y así continúa…
flotando, unido al Sol por un hilo invisible, sabiendo que aunque el espacio sea inmenso, mientras él exista, habrá luz suficiente para seguir respirando.

El guardián del vueloHay almas que no pertenecen del todo a la tierra,que parecen haber aprendido el lenguaje del viento...
04/11/2025

El guardián del vuelo

Hay almas que no pertenecen del todo a la tierra,
que parecen haber aprendido el lenguaje del viento
y lo traducen en gestos, en calma, en enseñanza.
Él es una de esas almas.

Tiene la mirada del búho:
atenta, silenciosa, profunda.
Mira más allá del brillo de las cosas,
descubre el latido escondido,
el sentido detrás del ruido.

No habla por llenar el aire,
habla para sembrar.
Cada palabra suya cae como una semilla,
y quien la escucha con el corazón abierto,
termina floreciendo un poco más.

Hay algo en su presencia
que recuerda al tiempo:
no corre, acompasa;
no impone, espera;
y en ese ritmo pausado,
enseña sin alzar la voz.

Sus manos —aunque no siempre visibles—
han sostenido más sueños de los que admite,
ha impulsado ideas, ha cuidado silencios,
ha dado forma a caminos que otros apenas comienzan a andar.

Porque enseñar no siempre es hablar,
a veces es quedarse quieto,
permitiendo que los demás encuentren su rumbo.

Tiene una elegancia discreta,
la de quien conoce sus sombras y aun así sonríe.
Una inteligencia que no busca brillar,
sino alumbrar.
Y un alma que no necesita ser comprendida,
porque ya se sabe completa.

Dicen que los búhos son guardianes del misterio,
pero él guarda algo más sutil:
la chispa que enciende en otros
el deseo de mirar distinto,
de ser un poco más humanos,
un poco más sabios,
un poco más luz.

Así es él,
el guardián del vuelo,
quien enseña sin enseñar,
quien observa, comprende y siembra.
Un alma que vino al mundo
a recordarnos que aún hay belleza
en lo simple,
en lo verdadero,
en lo que se comparte sin pedir nada a cambio.

🦦: muchas felicidades 🦉!!! , muchas gracias por todo!! 💗

Hoy el huerto se viste de sentimientos encontrados.Nos alegra y a la vez nos entristece compartir que nuestro querido he...
30/10/2025

Hoy el huerto se viste de sentimientos encontrados.
Nos alegra y a la vez nos entristece compartir que nuestro querido hermano Martín emprende un nuevo camino hacia Brasil, donde llevará con él nuevas semillas, conocimientos y el espíritu del trabajo en comunidad.

Martín fue una parte esencial del inicio de nuestro proyecto.
Desde los primeros días, cuando el terrenito apenas era tierra y sueños, él ayudó a sembrar no solo plantas, sino esperanza, compromiso y fe.

Su paso por el grupo JOMHAB deja raíces profundas.
Nos enseñó que cada esfuerzo cuenta, que en todo rincón donde se siembra amor, florece la vida, y que aunque a veces no nos toca recoger los frutos, siempre nos toca plantar o cuidar.

Hoy despedimos con cariño a quien fue y será siempre un semillero de vida,
agradeciendo su entrega, su alegría y su fe en este proyecto que seguirá creciendo con cada brote que nazca.

Que Dios bendiga tu camino, hermano,
y que allá donde llegues sigas sembrando como aquí sembraste. 🌱

“El que siembra generosamente, generosamente cosechará.”
— 2 Corintios 9:6

Muchas gracias por todo 🫂💗

Dirección

4to Andador De Xamiltepec S/n Colonia Mesa Los Hornos, Tlalpan,
Mexico City
14420

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