11/05/2026
Hoy quiero reconocer a todas las madres: a las que dieron vida, a las que cuidaron sin haber dado a luz, a las que soñaron con ser madres y no pudieron, a las que por distintas razones no encontraron las condiciones para serlo y a las que llevan en el corazón una maternidad que sólo Dios conoce.
También quiero celebrar a las madres que trabajan sin descanso; a las que este 10 de mayo tuvieron que levantarse temprano, cumplir con sus obligaciones, regresar a casa y todavía encontrar energía para preparar comida, escuchar a la familia, acomodar pendientes y regalar una sonrisa. Muchas veces parecen tener poderes especiales, aunque en realidad lo que tienen es amor, paciencia y una fuerza admirable.
Hoy pienso también en las madres que están solas, en las que esperan una llamada, una visita o una palabra bonita. Deseo que este día les regale una sorpresa, un mensaje inesperado, una oración, una flor o simplemente la alegría de saberse recordadas.
También quiero recordar a las madres que, por distintos motivos, no pueden estar cerca de sus hijos: por la distancia, por el trabajo, por la salud, por decisiones difíciles o por caminos que la vida fue acomodando de otra manera. Aunque no siempre puedan abrazarlos, muchas de ellas siguen deseando profundamente que sus hijos estén bien, que sean felices, que encuentren buenos caminos y que la vida los trate con ternura.
Hoy quiero hacer un reconocimiento especial a las religiosas que ofrecieron su vida a Dios y a la Iglesia Católica. Mujeres que han sido madres espirituales para muchos. Han cuidado enfermos, educado niños, acompañado familias, consolado tristezas, trabajado en silencio y rezado por personas que tal vez nunca sabrán cuánto bien recibieron de sus oraciones. Ellas también merecen gratitud, cariño y una felicitación especial en este día.
También celebro a las madres que no expresan su amor con grandes discursos, pero sí con hechos: con el plato servido, con la ropa limpia, con la preocupación escondida, con el consejo oportuno, con la mirada que entiende todo y con esa frase tan sencilla y tan poderosa: “¿Ya comiste?”