29/06/2017
El Perro “Hiperactivo”. Cuando la energía desespera.
Esto para muchas personas resulta difícil de entender y de controlar, tanto, que en muchos casos puede ser razón suficiente para abandonar o regalar a la mascota.
Curiosamente, la hiperactividad es un aspecto que en términos de salud, es una muy buena seña. No sólo es normal, en cierta etapa de su vida es importante que la mascota sea así.
¿Contradictorio?
Primero habrá que decirlo con justicia: el término Hiperactividad se usa en estos tiempos con mucha simpleza, aplicado en la mayoría de los casos a humanos y animales que sencillamente tienen mucha energía y pocas vías de canalización.
Es decir: a veces para justificar, por ejemplo, la deficiencia en la educación, maestros y padres de familia acuden a “diagnosticar” Hiperactividad en un niño, lo que los exenta de la responsabilidad, pasándola a la genética y a la necesidad de un psiquiatra. Bueno, pues esto no está muy alejado de lo que sucede con los perros:
¿Mi perro joven muerde un zapato cada que no estoy? es hiperactivo. ¿En cuanto le suelto la correa sale volando a oler a otros perros y correr sin control? es hiperactivo.
Y no, la mayoría de las veces no se trata de un perro hiperactivo… y si así fuera, no es tan trágico.
Esto tiene dos partes involucradas: La naturaleza canina y la comprensión humana.
Primero, lo perro del asunto:
Un perro, de cualquier raza, especialmente entre los 6 meses y los 2 años, tiene mucha energía y mucha curiosidad, es natural, pues, que responda a la mayoría de los impulsos, pero especialmente a los nuevos.
Los ruidos extraños, los que nunca había experimentado, le pueden causar extrañeza, curiosidad, emoción o miedo.
Los olores desconocidos, especialmente los de otros perros que sean nuevos en la zona, lo harán entrar en acción.
Las caras nuevas pueden agradarle demasiado o provocarle mucha desconfianza dependiendo de cómo lo hayamos socializado hasta el momento (y de eso que conocemos como “vibra o humor").
No sólo las novedades son razón para detonar su energía. Si bien existen comportamientos más o menos generalizados, cada perro es único y tiene una “perronalidad” definida, que puede ser muy distinta a la de otro de su misma edad y raza. Conócelo.
Un perro, como cualquiera de nosotros, se ve afectado por los elementos del ambiente, como la casa en la que vive y la forma en la que lo tratan, así como por el sentido de pertenencia.
El perro quiere PERTENECER a nuestra manada, para lo que tratará de encontrar y copiar conductas que vea en los líderes, a fin de complacerlos.
Si tiene dueños desconfiados y huraños, es muy probable que lo copie, desconfiando de cuanto perro o humano se le aproxime.
Si por el contrario, ve a sus líderes como dos seres muy sociales, que saludan a mucha gente diferente en la calle y que acarician a otros perros, es posible que se vuelva el perro amiguero.
Si a cualquiera de estos ejemplos le añadimos su natural energía exacerbada en la adolescencia, podemos tener a un perro muy miedoso, ladrador, histérico y hasta agresivo, o a uno encimoso, querendón pero brusco, juguetón hasta el extremo y difícil de parar.
Y nos concentramos en este especial periodo de edad, porque si bien es la edad perfecta para educarlos, también es el momento exacto en que podemos malcriarlos.
En esta etapa (6 meses a los dos años) pocos perros saben lo que “quieren ser en la vida”, o sea, no les importa mucho ser el jefe de la manada o el subordinado, ellos solamentes están explorando los puestos.
Por eso una educación adecuada en este momento les cae tan bien, pues están listos para entender su rol en el grupo.
Sin embargo en su otro extremo, el negativo, debemos decir que los miles de años de domesticación han borrado instintos, y si el jefe de la manada no pone reglas, en esta edad pueden aprender muy bien que son libres. Se pueden comportar como jefes cuando quieran, pero pueden ser dependientes y exigentes de comida y sustento, así como demandantes de atención.
Si llegan a entender que la energía desbordada les traerá frutos (juegos, atención, caricias o comida) es probable que se comporten como el “perro hiperactivo” tan temido durante mucho más que ese tiempo, esforzándose por serlo incluso cuando en la adultez ya no tengan la misma fuerza por naturaleza.
Y es aquí donde importa lo humanamente posible:
Muchos dueños disfrutan a un perro con energía y fuerza cuando están de buenas, pero si fue un día pesado, llegar a casa a encontrar a una mascota incansable les parece casi un castigo de la naturaleza, lo que es sencillamente injusto.
En nuestra ciudad es normal encontrar mascotas que viven en departamentos o en casas sin patio, y más aún, mascotas cuyos dueños están ausentes gran parte del día por el trabajo o el estudio. Esto hace que los perros adolescentes y jóvenes acumulen energia durante el día solos, ansiedad, un poco de estrés y muchas ganas reprimiditas de jugar.
Esto hace que cuando llega su amo, en lugar de estar listos para acabar el día descansando, empiece a descargar la energía, corriendo, brincando, buscando juguetes, y peor aún, puede provocar que al llegar los dueños encuentren muebles dañados, zapatos mordidos, adornos rotos. No son lo que humanamente conocemos como “travesuras”, sino la curiosidad y la necesidad de entretenerse, combinadas.
¿Qué hacemos?
La mayoría de las veces viene un regaño “humanizado”, es decir, le hablamos sobre el problema, le preguntamos el típico “¿Quién hizo esto?” o más absurdo aún, preguntamos por qué. Ya hemos hablado que el perro se asusta por nuestro tono de voz, no por recordar la travesura, pero es importante remarcarlo: el zapato mordido, a menos que sea captado en el acto, es una baja de guerra, y de nada sirve restregárselo en en la cara cuando hace horas lo destrozó.
¿Lo dejamos amarrado? ¿Lo encerramos en un cuarto, en la azotea, en el baño?
No, no… y enfáticamente NO. Aislar a un perro con energía sólo le hará acumular más ansiedad, con el riesgo de que en su intento por liberarse se haga daño en los dientes o patas, además de dañar más otros muebles o puertas. Un perro debe entender cuál es su espacio permitido, pero no porque no pueda accesar a los otros, sino porque ahí están sus cosas, ahí se le acaricia y se le pone atención, ese lugar LE PERTENCE.
¿Necesita entrenamiento?
Por supuesto siempre es bueno un entrenamiento profesional.
Aún hay muchas cosas que se pueden hacer, empezando por: Jugar con él. Así de sencillo. Muchas personas tienen la falsa creencia de que jugar los hará más inquietos al “consecuentar” dicha energía, cuando es exactamente lo contrario: Jugar en un momento específico del día, les ayuda a descargar la energía y a entender que existe un tiempo específico para ello.
Lo ideal es que jugaras una hora o dos diarias, pero si no, al menos unos minutos, dos o tres veces al día les hará mucho bien.
Ahora bien: CUIDADO, trata de no responder en el momento que él lo demanda. Debes ser tú quien ponga el horario y permita que empiece. Por ejemplo, cuando llegues a casa no lo peles tanto, no le sigas la fiesta en el momento en que lo ves. Relájate, ignóralo un poco, cámbiate de ropa, refréscate… y entonces sí, muéstrale que es tiempo de jugar.
Cuando los apapachamos mucho justo al momento de regresar, les estamos diciendo que se preparen para nuestra llegada, pues vendrán los abrazos y el juego… ¿Qué sucede? Pues que mientras no estás, tu amigo se queda a la expectativa, tenso, ansioso, esperando verte cruzar la puerta para explotar.
Debe sentirse querido y tranquilo de verte, pero debe entender que demandar tu atención con brincos, carreras y ladridos no le hará conseguir nada. Debe notar que hasta el momento en que se relaja, tú respondes. Si se pone más que ansioso, peligrosamente activo, quédate quieto, párate en algún lugar cerca de él, con brazos cruzados y postura firme, ni siquiera lo veas a los ojos. No le harás el mínimo caso hasta que se levante.
Recuerda: Como en todos los ámbitos, esto es cosa de creérsela. No sólo finjas una orden, actúala, siéntela para que la sienta él. Tu actitud firme de líder debe estar en todo momento, voz, actitud, postura, firmeza de movimientos. No puedes pedirle que te respete el rol de líder si tú no respetas y sientes esa posición primero.
¿Hay peores o mejores perros en al campo de la energía y la hiperactividad?
Por supuesto hay razas de perros más activas que otras, y generalmente aplica al tamaño: mientras más grande sea, más juego requiere.
Entre los grandes, desde luego el premio se lo llevan todos los Retriever: Labradores, Golden, Chocolates. Su naturaleza les hace perros fuertes, con mucha energía y con ganas de tener un trabajo. Vaya, su nombre lo dice: son Cobradores, lo suyo, lo suyo, es correr a traerte cosas o los bien amados Huskys que se han vuelto la maravilla y novedad, siendo que estos perros estan caegados de energia para correr durante dias enteros sin descanso ¡SIN DESCANSO! Y aun creemos que en casa con 15 mimutos al dia de paseo han sacado toda esa energia.
Sin embargo, el tamaño no es una regla. Los terrier pequeños, por ejemplo, tienen mucha energía, lo mismo la mayoría de los Chihuahua, el Jack Russell, el Pincher o el Cocker.
Y aunque la fama se cargue de un lado u otro, no debes olvidar que el juego y la atención es necesaria para TODOS los perros. No son un mueble, un juguete o un accesorio. Tienen pensamientos, curiosidad y dudas. Tenlo presente para no dejar cosas fuera de lugar, cables al alcance de su hocico, ni cosas de valor en donde las pueda encontrar. No asumas que un “simple papel” no le atraerá para jugar (así terminan rotos recibos, actas y hasta billetes), no confíes en que “nunca lo ha hecho”, porque eso no significa que nunca lo hará.
Cualquiera que sea la raza de tu perro, dale espacio y atención, dale tiempo de CALIDAD. Juega con él, ponle horarios y días especiales. Si puedes, dedícale alguna mañana completa el fin de semana, verás que pronto identificará el día exacto y casi casi estará en tu carro tocando el claxon la próxima semana.
Ante todo sé responsable de él y de su vida. Mucha energía es seña de buena salud, por lo que no puede ser una característica mala. No se vale regalarlo porque está más “vivo” de lo que creías que estaría.
Y si estás pensando en adquirir apenas a un perro, toma en cuenta todo esto, para que no te hagas el sorprendido después. Si no tienes un rato del día completamente libre para él, ni un espacio que le puedas regalar enteramente, un momento para su educacion, no estás listo para tener un perro.
Acércate siempre a médicos y a especialistas. Investiga, escucha a los peofesionales te ayudará mucho tener el respaldo de conocedores, y por supuesto, cuenta conmigo si necesitas algo mas.