16/02/2026
Este movimiento universal se conoce como pandiculación.
Para un depredador diseñado para ráfagas explosivas de velocidad, mantenerse flexible es cuestión de supervivencia. Los gatos son esencialmente maestros en el estiramiento debido a su anatomía única.
Una columna humana tiene 33 vértebras, pero un gato puede tener hasta 53, y estos huesos están conectados por discos increíblemente elásticos. Además, los omóplatos de un gato no están unidos por hueso al resto del esqueleto, sino que se mantienen en su lugar por el músculo y el ligamento. Esto permite a un gato doméstico de 10 libras (4,5 kilogramos) o a un león de 400 libras (181,4 kilogramo) alargar sus cuerpos casi tres veces su tamaño en reposo.
Cuando un gato duerme, su presión arterial baja y sus músculos se vuelven rígidos. El estiramiento actúa como un botón de reinicio manual. Al tirar de los músculos a su extensión completa, el gato elimina las toxinas como el ácido láctico y inicia su circulación. También realinea la columna vertebral y prepara el sistema nervioso para un salto repentino. Ya sea que el gato esté saltando sobre una encimera de cocina de 3 pies (0,9 metros) de altura o persiga una gacela a través de 100 yardas (91 metros) de sabana abierta, la preparación mecánica es idéntica.
Los científicos han descubierto que los gatos domésticos comparten aproximadamente el 95.6 por ciento de su ADN con los tigres. Este profundo vínculo genético significa que aunque tu mascota vive en una sala de estar, su cuerpo todavía funciona como un cazador salvaje.
Cada vez que tu gato arca su espalda después de una siesta, está realizando un ritual que se remonta a los primeros felinos, como Proailurus, que vivieron hace 25 millones de años. Es un sutil y hermoso recordatorio de que los mismos instintos y biomecánica que el poder del rey de la jungla están actualmente trabajando en la alfombra de tu sala de estar.
Fuente: National Geographic