27/10/2025
Aquí se comparten las fotos de sus compañeros peluditos ya descansan en paz.
Hoy 27 de octubre, se ha acostumbrado (una adaptación de nuestras tradiciones) rendir homenaje a los compañeros animales fallecidos, siguiendo nuestra tradición mexicana de los altares de mu***os. Para ello, les dejamos este poema:
Entre pelambre y memoria te tejiste,
entre aullidos y cantos que persisten
en los pliegues de esta casa que añora
tu cola en espiral, tu nariz que explora.
Fuiste el torbellino de patas torpes,
el espejo peludo donde me reconozco,
la dentellada cómplice en mis sandalias rotas
—medallas de una guerra doméstica y dichosa.
En las noches yucatecas de soledad recién estrenada,
inventé para ti una lengua prestada:
eras mi confidente de cuatro patas,
mi psicóloga de ladridos y garras.
Compuse para tus mañanas una tonada
que aprendiste de memoria en cada alborada;
eras una sinfonía con pelaje
cuando al primer acorde saltabas del viaje.
Aún te siento olfateando mi uniforme al regresar,
exigiendo paseo con ese ladrido militar.
Aún te veo agacharte—leona en miniatura—
sacudiendo el trasero como si midieras mi estatura.
Las dos camas eran sólo decorado,
tu trono verdadero era mi costado;
las almohadas rendían pleitesía
a tu reino de sueños y garritas.
Atesoro tu terquedad de pelo y ronquidos,
esos obstáculos que volvían dulces los latidos.
Ojalá el recuerdo no punzara como espina,
sino acariciara como tu lomo bajo la neblina.
Sólo un momento quisiera borrar del almanaque:
cuando la canción de buenos días se volvió sombría,
y mis notas temblaban viéndote partir...
Pero seguí cantando hasta el final,
como aquel 31 de diciembre
donde fuiste mi única comensal
en la cena de los que sobrevivimos ante la soledad.
Hoy tu retrato en el altar se enciende:
croquetas como ofrenda, collar que aún defiende
tu lugar entre fotos, poemas y cempasúchil,
todo esto que trasciende y que perdura.
Eres memoria que se vuelve ofrenda,
presencia que en el aire suspende.
Entre animales nos recordamos,
en este ritual antiguo que nos hermana:
tú con tu olfato que descifra la eternidad,
yo con mis manos que moldean esta verdad.
Testimonio de mi evolución,
primera maestra de lealtad sin condición:
demostraste que la amistad más pura
no necesita palabras, ni forma humana, ni prisa.
-Autor: Omar Castillo Trujillo