17/03/2016
Desmintiendo el mito del Gato negro.
Desde sus primeros contactos con el ser humano el gato no ha pasado desapercibido. Unas veces adorado como un dios y otras demonizado, su forma de ser no deja impasible a nadie, y ello ha hecho que este pequeño felino jamás haya disfrutado de la indiferencia y que haya sido el animal doméstico sobre el que más creencias erróneas se han difundido.
Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados. El gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. El gran valor del gato como cazador de ratones hizo que los egipcios intentasen y lograsen su convivencia doméstica, pese a lo cual el gato no perdió su status sagrado. La utilidad del gato era exaltada al máximo por los egipcios que estaban convencidos de que los gatos poseían alma.
Con toda probabilidad, esta antigua creencia del poder felino deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, símbolo de belleza y fecundidad, que era representada con cabeza de gato. Fue tal la adaptación del gato a la vida cotidiana de los egipcios, que su muerte era motivo de duelo familiar; Herodoto, en “Los nueve libros de la Historia”, manifiesta que los moradores de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos. Quien se atrevía a matar a un gato era acreedor de la pena de muerte.
Después de egipcios, fueron los griegos a interesarse por los gatos. Este pueblo antiguo, conocedor del valor del gato como cazador de ratones, intentó comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia, pero dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. A pesar de este argumento, los griegos robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.
Más tarde, el valor de los gatos fue ampliamente reconocido por los romanos que apreciaban mucho el espíritu de independencia del felino, hasta el punto que la diosa Libertas era representada junto a un gato, símbolo de absoluta libertad. Incluso se dictaron en Roma severas leyes para su protección en el siglo I d. C.
También hubo disposiciones jurídicas que reconocían la importancia de los gatos en las Islas Británicas, donde, en el siglo X, el príncipe Howel publicó unas normas que fijaban el valor de los gatos y establecían, entre otras cosas, que quien matase a un gato debía indemnizar al propietario del animal con una cantidad de trigo equivalente en altura a la longitud del felino, desde el hocico hasta la punta de la cola. De este modo, se pretendía compensar al propietario del gato por las pérdidas de trigo que, faltando el felino, le ocasionaban los topos.
Se podría pensar que todas estas supersticiones forman parte del pasado, pero la herencia de cientos de años de persecución sigue afectando a los gatos hoy.
Existen grupos que realizan rituales satánicos donde el gato negro o blanco es el invitado "involuntario".
En Italia, se celebra El Día del Gato Negro, como forma de desmitificar a este animal, ya que son miles de gatos los que se sacrifican anualmente en este país a causa de la superstición.
No obstante existen algunas tradiciones que asocian los gatos negros a la buena suerte, por ejemplo, hace años en Inglaterra las esposas de los pescadores tenían gatos negros en casa, creían que de esta forma sus maridos regresarían sanos y salvos a casa.
En conclusión, podemos ver que los gatos son muy diferentes a esas imágenes que nos han llegado desde la Edad Media. Ni son hipócritas, ni perversos, ni malignos. No son solitarios, ni portadores de mala suerte, ni adivinos meteorológicos. Son simplemente gatos, y hasta que dejemos de tener esa visión antropomórfica de ellos seguirán persistiendo en la mente humana las ideas equivocadas sobre ellos. Porque un gato es solo un Gato.