11/12/2025
Atención 👀
Ese “regalito” travieso y juguetón, dentro de pocos días va a destrozar las pantuflas de toda la familia, va a tirar el árbol y se va a hacer popó y pipí en la alfombra. Y no nada más en la alfombra… un poquito más grande, va a tirar el mantel de la mesa haciendo añicos los platos va a dejar toda rallada la puerta que acabas de arreglar, va a mordisquear las patas de las sillas del comedor y va a bajar la ropa del tendedero, esa recién lavada.
Va a necesitar vacunas, alimento caro, salir a pasear, espacio para correr con la pelota (muchas pelotas, porque no duran más de una semana).
Si se enferma tendrás que ir al veterinario, comprar medicinas y hacer que se las trague. La casa estará llena de pelos y las visitas te dirán que huele raro…
Si estás dispuesto a soportar eso y mucho más, que la lista es interminable, adelante.
Educa a tus hijos para que adquieran la responsabilidad de cuidar al pequeño “T-Rex” disfrazado del adorable cachorro que piensas meter a tu casa.
Pero piénsalo bien: abandonar al perrito en un albergue, echarlo a la azotea u olvidarlo luego en el patio para nunca hacerle caso, es la mejor forma de ser y enseñar a tus hijos a ser… un auténtico HDP.
El perrito tiene sentimientos. Es ideal para enseñar a tener empatía y también para ensañar a no tenerla.