07/02/2019
En esta ocasión les platicaremos de una de las enfermedades virales más comunes en México y desafortunadamente con un alto porcentaje de mortalidad. En condiciones normales y con el tratamiento de sostén adecuado la supervivencia debería estar cerca ya del 90%.
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PARVOVIROSIS CANINA
La infección por el virus del Parvovirus canino o Parvovirosis es una enfermedad infecciosa aguda, de aparición relativamente reciente, se detectó en el perro por primera vez alrededor de 1978. Su nombre se debe a que la provoca un virus de tamaño muy pequeño (en latín “parvus”: pequeño). Su periodo de incubación es, aproximadamente, de cinco a diez días.
El virus produce una enteritis grave que cursa con vómitos y diarrea. La transmisión de la enfermedad se realiza generalmente por vía oral, a través del contacto con material contaminado con heces infectadas. Las parasitosis intestinales, el hacinamiento, el stress, las enfermedades concurrentes y un mal estado general de los animales son factores que predisponen a su aparición. Es una de las enfermedades infecciosas más comunes de los perros, tiene distribución mundial y presenta un alto índice de mortalidad.
El parvovirus canino es un microorganismo altamente infeccioso y muy resistente en el medio ambiente por lo que puede sobrevivir fuera del animal varios meses. La principal forma de contagio se produce a partir del contacto directo o indirecto de un perro sano con la materia f***l de otro animal enfermo.
Todos los perros que no han sido vacunados frente a parvovirus canino tienen el riesgo de contraer la enfermedad, sin embargo, en los cachorros aumenta el riesgo de adquirirla entre el destete y los seis meses de edad.
¿Cómo se produce la infección?
Existen 2 tipos de Parvovirus canino (CPV): El CPV-1 descrito en 1970 y el CPV-2 descrito ya en 1978. Este último por mutaciones genéticas se clasifica actualmente como CPV-2a (1980) y CPV-2b (1984). Estas variantes serían adaptaciones que les permitirían reproducirse y diseminarse más fácilmente además de poseer periodos de incubación más cortos (4 a 5 días) y mayor patogenicidad.
El CPV o Canino Parvovirus se detectó por primera vez en 1978 como un patógeno nuevo de los perros (causaba diarrea y fallo cardíaco en perros jóvenes) y se propagó a nivel mundial.
La ruta de entrada del virus es por vía oro-nasal. El virus se replica rápidamente en las tonsilas y en el tejido linfático. Se distribuye por
vía sanguínea y puede aparecer ya a los tres días afectando a las placas de Peyer del intestino lo que provocará enteritis y diarrea o
llegar a pulmón y corazón donde producirá alteraciones cardiacas.
En la médula ósea puede producir alteraciones inmunes.
Signología.
Los signos que pueden aparecer son:
• Anorexia (falta de apetito)
• Decaimiento
• Fiebre
• Diarrea (frecuentemente hemorrágica)
• Vómitos
En casos severos, este cuadro lleva a deshidratación y a la muerte.
En otros casos el parvovirus puede presentarse sin ningún tipo de manifestación clínica en el perro. Esta situación se da especialmente en los animales mayores o en cachorros que se exponen a bajas concentraciones del virus.
Es frecuente que la lesión que produce el virus en el intestino del animal enfermo actúe como puerta de entrada para las bacterias que, aunque forman parte de la flora intestinal normal, al estar dañado el epitelio intestinal ingresan a la circulación sanguínea y provocan una infección bacteriana generalizada.
Otros virus y/o parásitos también pueden actuar como oportunistas frente al daño del intestino complicando el cuadro inicial de gastroenteritis.
En cachorros recién nacidos (normalmente menores de 8 semanas) el virus puede provocar lesiones inflamatorias en el corazón(miocarditis) que se manifiestan con alteraciones del funcionamiento circulatorio que derivan en complicaciones respiratorias por presencia de líquido en los pulmones.
La gravedad del cuadro y su desarrollo dependerá de la cantidad de virus al que ha sido expuesto el animal, del número de vacunas frente a parvovirus, edad del animal, estado inmune en el que se encuentra e incluso la raza.
Está comprobado que hay razas de perros que genéticamente no son capaces de responder de manera adecuada a la enfermedad ni al tratamiento. Esto ocurre con los rottweiler, cocker inglés y doberman.
En condiciones normales y con el tratamiento de sostén adecuado la supervivencia debería estar cerca ya del 90%.
Tratamiento
Debe iniciarse de inmediato, en cuanto se detectan los primeros síntomas. No hay tratamientos específicos contra el virus, por lo que el tratamiento estará dirigido al sostén del paciente, a evitar la deshidratación y el desequilibrio electrolítico, proteger el tracto intestinal y evitar las infecciones secundarias.
La clave estará en la reposición de fluidos y electrolitos de forma adecuada tanto en cantidad como en el tipo. En ocasiones habrá que multiplicar las necesidades de mantenimiento con el fin de compensar las pérdidas que se producen por los vómitos y las diarreas. Se debe complementar de manera adecuada las pérdidas de potasio y de glucosa
y controlar los vómitos con el empleo de antieméticos y antiácidos.
Habrá que controlar las infecciones bacterianas secundarias que se verán agravadas por la leucopenia (disminución de leucocitos) y la alteración de la mucosa intestinal que favorece la septicemia (infección). En ocasiones habrá que combinar varios antibióticos.
Habrá que hacer una transfusión sanguínea si baja demasiado el hematocrito o de plasma si lo que baja mucho es la albúmina.
El empleo de precursores de colonias de granulocitos tiene una utilidad discutible, se emplean para aumentar el número de leucocitos.
Diagnóstico
El cuadro de signos clínicos que presentan los perros puede ser muy sugestivo de la infección pero la confirmación de la enfermedad se realiza mediante pruebas específicas de laboratorio.
La realización de analíticas sanguíneas será fundamental para vigilar la evolución de la enfermedad y ver, por ejemplo, un parámetro muy importante en el pronóstico, el número de leucocitos y comprobar si suben o bajan estos leucocitos o glóbulos blancos en el transcurso de la enfermedad.
Control y prevención de la parvovirosis
Las dos herramientas más importantes en el control de esta enfermedad son la vacunación de los perros y la higiene ambiental del hogar o criadero. El virus puede sobrevivir hasta cinco meses o más fuera del animal y es resistente a la acción de muchos desinfectantes utilizados de rutina para el saneamiento del ambiente. El hipoclorito sódico, es el producto más eficaz para eliminar al virus de las superficies u objetos donde pudiera estar.
Hasta que el cachorro no adquiera una protección inmune suficiente hay que evitar que entre en contacto con la materia f***l de otros animales (paseos públicos, etc.).
La vacunación de todos los perros a partir de las seis semanas de edad, es sin dudas la forma más segura de mantenerlos a salvo de la parvovirosis canina.