24/08/2026
Temblando, con los ojos cerrados… 🥺🐾
Anoche fue una noche muy tremenda.
Muy larga, muy extenuante.
Y sí, pensé en aquella canción:
“Temblando, con los ojos cerrados, el cielo está nublado…”
Pero anoche no era una canción.
Era yo, temblando de angustia, con los ojos cerrados, tratando de imaginar qué estaría pasando en nuestro albergue.
Soy de las personas que primero resuelven y después se dan permiso de sentir. Primero hay que actuar, resolver, mover, ayudar… y después, cuando todo pasa, es cuando llega el cansancio, el miedo y todo aquello que una fue guardando.
Cuando comenzó la tormenta y vi lo que estaba sucediendo, además del caos en mi propia casa, mi pensamiento se fue inmediatamente al albergue.
Y comenzó la zozobra.
¿Qué estaría pasando allá?
Pensaba en tantas cosas que podían suceder: que algún perro, aterrorizado, intentara escapar y se lastimara; que una lámina saliera volando y los cortara; que un árbol cayera sobre alguna de las áreas; que algo se desprendiera y los golpeara; que algunos lograran salir de sus jaulas y, por la desesperación y el miedo, terminaran atacándose entre ellos.
Tantas cosas podían pasar.
Y cuando finalmente comenzó a amanecer, me arranqué para el albergue con el corazón en la mano.
Iba aterrada.
Aterrada de verdad.
Tenía muchísimo miedo de llegar y encontrar un panorama terrible.
En otras ocasiones, cuando hemos vivido fenómenos meteorológicos fuertes, hemos tenido pérdidas.
Así que mi mayor temor era encontrar algún pequeño mu**to, herido o en una situación de emergencia.
Eli no está.
Salió de la ciudad por una semana para participar en un torneo.
Joel se había reportado que no podría ir a trabajar y, además, ha estado batallando con el ciático.
Y yo sentía que, si encontraba una tragedia, tendría que enfrentarla prácticamente sola.
Cuando llegué, el panorama no era bueno.
Había muchísimo desastre.
Árboles caídos, láminas por todos lados, estructuras dañadas, caminos bloqueados… nuestro albergue, ese lugar que hemos levantado poco a poco, con muchísimo esfuerzo, estaba hecho un verdadero desastre.
Muchos de nuestros pequeños perdieron sus techos.
Y eso ahora se convierte en otra preocupación enorme, porque si vuelve a llover, si el sol pega fuerte o si tenemos otro evento de viento, muchos ya no tienen dónde protegerse.
Además, las láminas tiradas por todas partes siguen representando un peligro y había zonas a las que ni siquiera podíamos entrar por los árboles que cayeron.
Fue impactante.
Pero entonces empecé a mirar uno por uno.
Y gracias a Dios…NO TUVIMOS NINGUNA BAJA. 🙏🏻
No hay palabras para explicar el alivio que sentí.
Después de ese primer momento de angustia, pude respirar.
Y entonces hice lo que hacemos siempre:poner manos a la obra.
Había que limpiar.
Había que quitar árboles.
Había que retirar láminas.
Había que revisar a los perros.
Había que volver a poner orden.
Había que empezar a reconstruir.
Y aquí es donde quiero decir algo que quizá algunas personas no alcanzan a comprender.
Necesitamos ayuda.
Necesitamos voluntarios.
No es fácil seguir recibiendo perros y pensar que simplemente porque tienen un lugar donde dormir, el problema está resuelto.
No.
Un albergue requiere trabajo todos los días.
Y cuando ocurre una emergencia como la de anoche, se necesitan manos.
Muchas manos.
Estoy profundamente agradecida con Mariela y con su esposo.
Cuando le avisé lo que había sucedido y le dije que lo que realmente necesitábamos eran voluntarios, me dijo: “Ven por mí.”
Y fui por ellos.
Llegaron y trabajaron muchísimo.
Se metieron de lleno a ayudar, a limpiar, a mover, a resolver.
Gracias, de corazón.
❤️Porque esas son las personas que, cuando las cosas se ponen difíciles, simplemente preguntan:“¿En qué puedo ayudar?”Y eso vale muchísimo.
A quienes piensan que es fácil seguir metiendo perros al albergue, quiero decirles algo con todo respeto:No es fácil.
Porque a la hora de las emergencias, muchas veces estamos solas.
Aunque tenemos personas que nos apoyan, que donan, que están pendientes y que nos ayudan de distintas maneras, cuando llega un desastre natural como el que vivimos anoche, finalmente somos Elizabeth y yo quienes tenemos que estar ahí, dar la cara y resolver.
Y conseguir manos para trabajar es realmente difícil.
A veces ni pagando encontramos quién quiera ayudarnos.
Por eso, esta experiencia vuelve a confirmarnos algo que ya hemos dicho:Cunitas ya no puede recibir un perro más.
No porque no nos importen.
Precisamente porque nos importan.
Porque no queremos aceptar más perros para después no tener la capacidad humana, económica y física de responder por ellos como merecen.
Hoy tenemos que reconstruir.
Tenemos que reparar techos.
Tenemos que retirar árboles y láminas.
Tenemos que volver a hacer seguros los espacios de nuestros pequeños.
Y necesitamos voluntarios que quieran ayudarnos de corazón.
Si puedes venir a ayudar, escríbenos.
Si puedes donar material, también.
Si puedes compartir esta publicación para que llegue a alguien que quiera sumarse, hazlo.Y si no puedes ayudarnos, no pasa nada Temblando, con los ojos cerrados… 🥺🐾
Anoche fue una noche muy tremenda. Muy larga, muy extenuante.
Y sí, pensé en aquella canción: “Temblando, con los ojos cerrados, el cielo está nublado…”
Pero anoche no era una canción. Era yo, temblando de angustia, con los ojos cerrados, tratando de imaginar qué estaría pasando en nuestro albergue.
Soy de las personas que primero resuelven y después se dan permiso de sentir. Primero hay que actuar, resolver, mover, ayudar… y después, cuando todo pasa, es cuando llega el cansancio, el miedo y todo aquello que una fue guardando.
Cuando comenzó la tormenta y vi lo que estaba sucediendo, además del caos en mi propia casa, mi pensamiento se fue inmediatamente al albergue.
Y comenzó la zozobra.
¿Qué estaría pasando allá?
Pensaba en tantas cosas que podían suceder: que algún perro, aterrorizado, intentara escapar y se lastimara; que una lámina saliera volando y los cortara; que un árbol cayera sobre alguna de las áreas; que algo se desprendiera y los golpeara; que algunos lograran salir de sus jaulas y, por la desesperación y el miedo, terminaran atacándose entre ellos.
Tantas cosas podían pasar.
Y cuando finalmente comenzó a amanecer, me arranqué para el albergue con el corazón en la mano.
Iba aterrada.
Aterrada de verdad.
Tenía muchísimo miedo de llegar y encontrar un panorama terrible. En otras ocasiones, cuando hemos vivido fenómenos meteorológicos fuertes, hemos tenido pérdidas. Así que mi mayor temor era encontrar algún pequeño mu**to, herido o en una situación de emergencia.
Eli no está. Salió de la ciudad por una semana para participar en un torneo.
Joel se había reportado que no podría ir a trabajar y, además, ha estado batallando con el ciático.
Y yo sentía que, si encontraba una tragedia, tendría que enfrentarla prácticamente sola.
Cuando llegué, el panorama no era bueno.
Había muchísimo desastre.
Árboles caídos, láminas por todos lados, estructuras dañadas, caminos bloqueados… nuestro albergue, ese lugar que hemos levantado poco a poco, con muchísimo esfuerzo, estaba hecho un verdadero desastre.
Muchos de nuestros pequeños perdieron sus techos.
Y eso ahora se convierte en otra preocupación enorme, porque si vuelve a llover, si el sol pega fuerte o si tenemos otro evento de viento, muchos ya no tienen dónde protegerse.
Además, las láminas tiradas por todas partes siguen representando un peligro y había zonas a las que ni siquiera podíamos entrar por los árboles que cayeron.
Fue impactante.
Pero entonces empecé a mirar uno por uno.
Y gracias a Dios…
NO TUVIMOS NINGUNA BAJA. 🙏🏻
No hay palabras para explicar el alivio que sentí.
Después de ese primer momento de angustia, pude respirar.
Y entonces hice lo que hacemos siempre:
poner manos a la obra.
Había que limpiar.
Había que quitar árboles.
Había que retirar láminas.
Había que revisar a los perros.
Había que volver a poner orden.
Había que empezar a reconstruir.
Y aquí es donde quiero decir algo que quizá algunas personas no alcanzan a comprender.
Necesitamos ayuda. Necesitamos voluntarios.
No es fácil seguir recibiendo perros y pensar que simplemente porque tienen un lugar donde dormir, el problema está resuelto.
No.
Un albergue requiere trabajo todos los días. Y cuando ocurre una emergencia como la de anoche, se necesitan manos. Muchas manos.
Estoy profundamente agradecida con Mariela y con su esposo.
Cuando le avisé lo que había sucedido y le dije que lo que realmente necesitábamos eran voluntarios, me dijo: “Ven por mí.”
Y fui por ellos.
Llegaron y trabajaron muchísimo. Se metieron de lleno a ayudar, a limpiar, a mover, a resolver.
Gracias, de corazón. ❤️
Porque esas son las personas que, cuando las cosas se ponen difíciles, simplemente preguntan:
“¿En qué puedo ayudar?”
Y eso vale muchísimo.
A quienes piensan que es fácil seguir metiendo perros al albergue, quiero decirles algo con todo respeto:
No es fácil.
Porque a la hora de las emergencias, muchas veces estamos solas.
Aunque tenemos personas que nos apoyan, que donan, que están pendientes y que nos ayudan de distintas maneras, cuando llega un desastre natural como el que vivimos anoche, finalmente somos Elizabeth y yo quienes tenemos que estar ahí, dar la cara y resolver.
Y conseguir manos para trabajar es realmente difícil.
A veces ni pagando encontramos quién quiera ayudarnos.
Por eso, esta experiencia vuelve a confirmarnos algo que ya hemos dicho:
Cunitas ya no puede recibir un perro más.
No porque no nos importen.
Precisamente porque nos importan.
Porque no queremos aceptar más perros para después no tener la capacidad humana, económica y física de responder por ellos como merecen.
Hoy tenemos que reconstruir.
Tenemos que reparar techos.
Tenemos que retirar árboles y láminas.
Tenemos que volver a hacer seguros los espacios de nuestros pequeños.
Y necesitamos voluntarios que quieran ayudarnos de corazón.
Si puedes venir a ayudar, escríbenos.
Si puedes donar material, también.
Si puedes compartir esta publicación para que llegue a alguien que quiera sumarse, hazlo.
Y si no puedes ayudarnos, no pasa nada.
Lo entendemos.
Nosotras seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre:
resolver.
Somos mujeres. Somos voluntarias. Somos pocas, pero seguimos de pie.
Y anoche, después de tantas horas de miedo, lo único que puedo decir es:
Gracias, Dios, porque nuestros pequeños están vivos. 🙏🏻🐾
Ahora toca levantar nuevamente nuestro albergue.
Y lo vamos a hacer, paso a paso, como siempre.
Cunitas sigue de pie. .Lo entendemos.Nosotras seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre:resolver.Somos mujeres. Somos voluntarias. Somos pocas, pero seguimos de pie.
Y anoche, después de tantas horas de miedo, lo único que puedo decir es:Gracias, Dios, porque nuestros pequeños están vivos. 🙏🏻🐾
Ahora toca levantar nuevamente nuestro albergue.
Y lo vamos a hacer, paso a paso, como siempre.
Cunitas sigue de pie.