06/03/2026
En medicina veterinaria, calcular requerimientos energéticos no es un lujo académico. Es una intervención clínica.
Existen distintos modelos de estimación energética porque no todos los pacientes se encuentran en el mismo contexto fisiológico. El RER (70 × kg^0.75) representa el requerimiento basal en reposo y funciona como punto de partida en hospitalización y pacientes críticos. A partir de ahí, se aplican factores de corrección que ajustan el gasto energético según condición clínica, nivel de estrés metabólico o estado reproductivo.
Las ecuaciones directas como 132 × kg^0.75 en perros o 100 × kg^0.67 en gatos estiman mantenimiento en animales sanos con condición corporal ideal. No sustituyen el cálculo clínico cuando existe enfermedad.
El error común es alimentar “a ojo”.
Dar alimento sin calcular puede generar:
Sobrealimentación en pacientes críticos
Hiperglucemia e intolerancia metabólica
Retardo en recuperación
Pérdida de masa magra
O fracaso en programas de reducción de peso
En pacientes obesos, el cálculo se vuelve aún más relevante. El tejido adiposo es metabólicamente menos activo, por lo que utilizar el peso actual puede sobreestimar requerimientos reales. Esto perpetúa la obesidad y complica anestesia, hospitalización y recuperación.
En gatos, el riesgo es mayor.
Un felino obeso que deja de comer durante 48–72 horas puede iniciar movilización masiva de lípidos hacia el hígado, desarrollando lipidosis hepática. Esta no es solo una complicación nutricional; es una enfermedad potencialmente fatal.
Por eso, en gatos hospitalizados y especialmente en obesos, la introducción calórica debe ser progresiva y calculada. No se trata solo de cubrir energía, sino de proteger la fisiología hepática y metabólica.
La nutrición no es simplemente “dar de comer”.
Es terapia metabólica.
Calcular correctamente es parte del criterio clínico.