24/08/2026
En 1895, un perro llamado Owney fue enviado durante parte de un viaje alrededor del mundo con una etiqueta que decía: “Paquete canino certificado”.
Su historia había comenzado años antes, cuando apareció en una oficina postal de Albany, Nueva York. Los empleados le permitieron dormir sobre unas sacas vacías. Owney se acostumbró tanto a ellas que comenzó a seguirlas cuando eran llevadas a los vagones del correo.
Pronto dejó de pertenecer a una sola oficina.
En aquella época, los empleados del Servicio Postal Ferroviario clasificaban las cartas dentro de trenes en movimiento. Owney viajaba junto a ellos, primero por el estado de Nueva York y después por todo el país. Los trabajadores llegaron a considerarlo un amuleto de buena suerte.
Cada oficina que visitaba colocaba en su collar una placa o medalla con el nombre del lugar. Las piezas se hicieron tan numerosas y pesadas que el director general de Correos, John Wanamaker, le proporcionó un arnés para distribuirlas sobre el cuerpo.
El 19 de agosto de 1895, Owney partió desde Tacoma en una gira publicitaria alrededor del mundo. Viajó con las sacas postales en barcos y trenes, pasó por Asia y Europa y regresó a Estados Unidos después de 129 días.
El perro no podía explicar dónde había estado, pero las etiquetas que tintineaban al caminar funcionaban como un pasaporte construido por cientos de manos.
Owney murió en 1897. Los trabajadores postales conservaron su cuerpo y parte de sus placas. Actualmente permanece en el Museo Postal Nacional del Smithsonian.
Un animal callejero que entró buscando refugio terminó convertido en uno de los viajeros más reconocibles del correo del siglo XIX.