20/08/2026
Lo que me pasó hoy conduciendo hasta Zaragoza me hizo pensar en nuestros perros y la manera en la que aprenden, a veces les exigimos demasiado, demasiado pront
Me da mucho palo ir a Zaragoza porque no practico, y hoy encima tocaba llevar la furgoneta de mi aita. No mi coche, que ya conozco — la suya, que es más vieja, responde diferente, y encima en ciudad. Vehículo desconocido, tráfico, decisiones rápidas y todo a la vez.
Una vez allí me hice la valiente y le propuse a mi aita que si nos acercábamos a otra tienda cercana a comprar unas herramientas para la piscina. Sin meternos por la ciudad, eso sí. Y de bajada nos metimos en la cooperativa agrícola del pueblo de al lado a comprar comida para Pantelis y Ventolera. Otra parada, otro contexto nuevo, otra pequeña decisión superada.
Llegué a casa exhausta. No estoy acostumbrada a tanto a la vez en España, y el cuerpo lo nota aunque no hayas hecho nada físicamente exigente.
Y entonces caí en la cuenta de que esto es exactamente lo que les pasa a nuestros perros cuando salen de su entorno habitual. Un vehículo desconocido activa más. Varias cosas nuevas a la vez agotan más. No porque estén mal entrenados ni porque algo falle en ellos, sino porque el sistema nervioso está procesando más información de la habitual, y eso tiene un coste real.
La diferencia entre yo hoy y yo hace un año es que antes ni lo intentaba. Hoy fui, superé cada cosa, y volví a casa cansada pero entera y sintiéndome afortunada de estar en España viviendo aventuras con mi aita. Y eso, que parece poco, es exactamente lo que construimos en De Cero a Cien — no milagros, sino pruebas superadas una a una, hasta que el sistema nervioso aprende que puede y de paso fortalecemos el vínculo.
Comenta CIEN si quieres construir esto con tu perro. 🐾