27/03/2026
Tengo la suerte de tener un alumno al que a día de hoy admiro y tengo la suerte de ver cada semana disfrutar de su perro. Y no precisamente porque todo haya sido un camino de flores, no porque sea un perro 10 en todos los ámbitos de su vida... Si no porque para él es el mejor perro del mundo, con sus fortalezas pero sobretodo con sus debilidades. Han sido muchos meses, muchos!, de trabajo por ambas partes. Pero un trabajo hecho desde el amor y la preocupación por ayudar a su perro. Y a día de hoy, cómo él dice... Al fin y al cabo cuando se equivoca queda en hurto, no en robo 😂😂😂😂
Me da mucha pena ver binomios o familias con sus perros en los que la relación se basa en quejas.
Quejas porque es un cachorro y muerde todo, mea y caga por todas partes, porque pasea por la calle cruzándose una y otra vez, porque en casa porque es demasiado efusivo, impulsivo incluso bruto, quejas incluso porque es ya mayor y va muy lento paseando, se para con cada cosa cómo si fuera nueva para él, camina desorientado y ha ya no es el perro que elegí hace años.
Quejas y más quejas, no desde un punto de vista práctico y constructivo, si no desde la perspectiva de a quién realmente le molesta algo, con tono poco crítico y sí casi insultante.
El caso es que admiro profundamente a este alumno porque lo ha entendido todo. Ha entendido que el tiempo no se recupera, que disfrutar de pasar tiempo juntos cada día no se lo va a regalar nadie, que las cosas se consiguen con esfuerzo, constancia y respeto, que su perro es único y el mejor del mundo por el simple hecho de compartir camino juntos.
Estar cansados, frustrados con nuestra propia vida, proyectar en nuestros perros nuestros sueños e ideales (cambia perro por hijo si quieres), tener que cuidar de algo que realmente no elegimos desde la base de respetarnos... No son problemas de nuestros perros.
Y es una pena, porque cuando veo esto siempre pienso que en otro lado hay alguien echando en falta a su perro, que ya no está y desearía que siguiera corriendo por casa rompiendo todo lo que se encuentre a su paso, dejando pises y cacas por todos lados, liándola parda en los paseos y sobretodo llenando momentos irrepetibles.