17/11/2016
Los Órganos y las Emociones ¿Como se Relacionan?
Desde el enfoque oriental o macrobiótico, que esencialmente se basa en el equilibrio del Yin-Yang, la dimensión física, mental y emocional no se pueden separar.
La actitud, los pensamientos y sentimientos afectan directamente a la condición física y ésta afecta a los anteriores. Tampoco se pueden ignorar los hábitos de vida y el alimento diario.
Podríamos fácilmente caer en la trampa de pensar que los alimentos para nutrir el cuerpo son los menos importantes, pero no es así. Con lo que comemos fabricamos la sangre, la linfa, y todos los líquidos orgánicos que se encargan de nutrir la dimensión celular y también de mantenerla limpia, propiciando así su correcto funcionamiento y reproducción.
Todos nuestros fluidos están influidos por nuestras emociones, y a su vez influyen poderosamente en ellas. Nuestras emociones afectan a nuestro psiquismo y a nuestra actitud ante la vida. Puede resultar imposible o muy difícil intentar cambiar el «mal carácter» de alguien, pero relativamente fácil indicarle lo que debe o no debe comer para eliminar el exceso de toxinas en el hígado. Es la forma más rápida, práctica y efectiva de cambiar las cosas, significa empezar por la raíz.
Relacionando los malestares:
Cada órgano vital, además de cumplir con todas las funciones fisiológicas que ya conocemos, posee una dimensión sensorial, emocional, mental, social, ideológica y espiritual. Abordar lo físico y cambiar la condición de la sangre a través de una alimentación sana e inteligente es, sin duda, lo más sencillo y con ello estamos influyendo en toda la unidad del ser humano.
En la sociedad moderna no se establece relación alguna entre la forma de alimentarse y problemas de comportamiento o síntomas como:
•Pérdida de memoria
•Fatiga
•Hablar demasiado o nada en absoluto
•Falta de disciplina
•Ansiedad
•Tristeza
•Miedos
•Exceso de preocupación
•Comportamiento inestable
•Dependencia
•Quejas constantes
•Enfado e irritabilidad
•Colapso familiar
Pero todos estos síntomas nos indican qué órganos vitales, sin estar enfermos, están desequilibrados energéticamente.
Si no somos capaces de vivir en armonía con la vida que nos rodea aparece el desequilibrio y esto conduce al desorden y luego a la enfermedad. El primer síntoma que nos avisa de nuestros errores es la fatiga, tanto física como mental, que genera cansancio, pérdida gradual de un comportamiento y pensamiento claros y la tendencia a la queja.
El siguiente paso es el de los achaques y dolores físicos, sentimientos de tristeza, pérdida de la confianza en uno mismo, olvidos, obstinación y fijación en problemas insignificantes, perdiendo de vista lo esencial.
A continuación se altera la calidad de la sangre, se debilitan los glóbulos rojos y blancos, aparece la acidez y alteraciones en la tensión arterial, anemias y problemas de piel. Estos síntomas, muy frecuentemente vienen acompañados de nerviosismo, irritabilidad, depresión, miedo y pérdida general de dirección en la vida.
Si la calidad de la sangre sigue debilitándose y la persona no corrige su estilo de vida y su forma de alimentarse, surgirá la ira, la impaciencia, la intolerancia, la frustración, pensamientos y creencias ilusorias, y otros desequilibrios emocionales.
Desequilibrios emocionales:
•El mal genio, el enfado, la agresividad son «enfermedades del hígado». Cuando el hígado está «energéticamente sano» se asocia con la calma, la paciencia y la tolerancia.
•La histeria, excitación, hipersensibilidad, nerviosismo, hablar sin parar o emplear la ironía con demasiada frecuencia apuntan al corazón e intestino delgado. En situaciones de equilibrio de esos órganos brota la tranquilidad, la calma y una expresión divertida, con «chispa».
•La ansiedad, la duda, el escepticismo y los celos, son desequilibrios del bazo, el estómago y el páncreas. En condiciones saludables estos órganos favorecen la simpatía, la sabiduría, la inteligencia y el entendimiento.
• Exceso de autoridad y dominio sobre los demás, dificultad para comunicarse adecuadamente y compartir los espacios con los demás, pensamientos repetitivos e ideas obsesivas, apegos y fijaciones son desequilibrios del pulmón y el intestino grueso. En armonía estos órganos fomentan la flexibilidad necesaria para el proceso de transformación en el ser humano.
• El miedo, la falta de autoestima, la timidez, la desesperanza se relacionan con desequilibrios de riñón o disfunciones en la vejiga. Cuando estos órganos están bien aparece el valor, la inspiración y la confianza.
Extracto de un artículo de Mª Rosa Casals en la Revista Natural. (Año 2006)