01/11/2026
El 16 de septiembre Helena dió positivo a panleucopenia y el mundo se me vino un poco encima.
Llevaba algo más de 20 días en casa, que es más de lo que tarda esa enfermedad en incubarse, y aunque seguía aislada del resto el riesgo de transmisión existía.
Todos los años hay refugios y casas de acogida múltiple en la que aparece y hace estragos, deja cifras gigantescas de deudas y muchas ausencias. Así que temí ser una de ellas y me preparé para paliar sus efectos.
Gracias a la ayuda recibida unos meses antes, cuando se acabaron las reservas de sueros y otros útiles, hice una compra de todo lo que siempre debería tener.
Sueros fisiológicos, ringer, sterovet, jeringas, agujas, mantas térmicas desechables, guantes, ropa sanitaria desechable, cohesivas, esparadrapo y tres ambus: neonatos, pediátrico y adultos, porque cuando Nía llegó a urgencias viva por un invento improvisado con un tubo de aire acondicionado a través del cual le fui insuflando aire cuando se ahogaba, dije que nunca pasaría por eso de nuevo por 15 cochinos euros, pero luego...ay amiga, la racanería. Ya no más. También pedí un par de abrebocas, un mosquito, una tijera para vendajes.
Ha pasado un mes y medio, Helena se recuperó y hasta hoy (toco madera) no ha habido más afectados, así que creo que puede ser prudente recoger todo ese material de la caja de enmedio del salón e ir colocándolo en sus sitios. Sobre todo porque los gatos no están conformes con su presencia y han empezado a cebarse con ella.
Luego digo que nunca me toca la lotería.
No ni ná.
Gracias, una vez más.
Nota: en la foto no se ve bien todo el material pero la presencia de Noa, que es guapa a reventar, le da un toque extra. Y no había forma de echarla, que le sonaba a ella a que podía haber comida, vamos.