17/08/2026
¿𝐏𝐎𝐑 𝐐𝐔𝐄́ 𝐄𝐕𝐈𝐓𝐀𝐑 𝐔𝐍𝐀 𝐒𝐈𝐓𝐔𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐃𝐈𝐅𝐈́𝐂𝐈𝐋 𝐍𝐎 𝐒𝐈𝐄𝐌𝐏𝐑𝐄 𝐒𝐈𝐆𝐍𝐈𝐅𝐈𝐂𝐀 "𝐇𝐔𝐈𝐑 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐑𝐎𝐁𝐋𝐄𝐌𝐀"?
Una de las ideas más extendidas, tanto en el entrenamiento de perros como en muchos ámbitos de la vida, es que 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚𝐫 𝐮𝐧 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨 𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝 𝐛𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐧𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐚 𝐞𝐥𝐥𝐚. Es una creencia profundamente arraigada en nuestra cultura: "si no lo afrontas, nunca lo superarás".
Sin embargo, 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬 𝐛𝐚𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐣𝐚.
Los organismos, ya sean personas o perros, 𝐧𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐱𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧. 𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐚𝐧 𝐞𝐬𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚. Y esa diferencia es enorme.
Cuando un perro se enfrenta a un estímulo que 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚 𝐬𝐮 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐚𝐟𝐫𝐨𝐧𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨, el objetivo inmediato del organismo deja de ser aprender. En ese momento, una parte importante de sus recursos cognitivos, emocionales y conductuales se orientan a responder y gestionar esa situación. Precisamente por ello, 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐝𝐪𝐮𝐢𝐫𝐢𝐫 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨𝐬 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐯𝐞𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐭𝐢𝐝𝐚.
Y aquí aparece uno de los errores más frecuentes.
𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐢́ 𝐬𝐨𝐥𝐚, 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞. Es la capacidad del organismo para procesar esa exposición 𝐬𝐢𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐬𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐨, sin comprometer los recursos cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para que pueda producirse un aprendizaje adaptativo, la que hace posible que ese aprendizaje aparezca.
Por eso, 𝐦𝐚́𝐬 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞.
En algunos casos ocurre justamente lo contrario.
Una exposición excesiva, mal planificada o mantenida cuando el perro ya ha superado su capacidad de afrontamiento puede 𝐟𝐚𝐯𝐨𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐚𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐨𝐥𝐢𝐝𝐚́𝐧𝐝𝐨𝐬𝐞 𝐞𝐧 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫𝐬𝐞.
Esto no significa que debamos evitar para siempre aquello que preocupa al perro.
Significa que 𝐞𝐥 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨, 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐚 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐥𝐚 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐨𝐧 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬.
Es precisamente aquí donde suele surgir uno de los mayores malentendidos. En ocasiones se afirma que este tipo de intervención "queda muy bien sobre el papel" o que solo funciona en los libros o en internet, insinuando que, en la práctica, la única forma de obtener resultados es enfrentar al perro cuanto antes con aquello que le preocupa.
Sin embargo, 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐚𝐥𝐬𝐚 𝐝𝐢𝐜𝐨𝐭𝐨𝐦𝐢́𝐚.:
"𝐓𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐫 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬; 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫."
La modificación de la conducta no depende de aplicar una técnica más intensa, más rápida o más llamativa, sino de 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨 𝐬𝐨́𝐥𝐢𝐝𝐨. Y un proceso necesita tiempo.
Tiempo para observar. Tiempo para comprender. Tiempo para formular hipótesis y comprobarlas. Tiempo para ajustar la intervención en función de la respuesta del individuo. Y, sobre todo, 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐭𝐞𝐠𝐢𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.
Pretender acelerar ese proceso mediante exposiciones para las que el perro todavía no está preparado 𝐧𝐨 𝐚𝐜𝐞𝐥𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞. Por el contrario, puede incrementar la probabilidad de que la experiencia resulte contraproducente, favoreciendo procesos como 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐞𝐥 𝐚𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐠𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐨 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐨𝐥𝐢𝐝𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐜𝐨 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐭𝐢𝐯𝐚𝐬.
Antes de plantear cualquier intervención necesitamos comprender qué está ocurriendo realmente. Debemos identificar 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐧𝐜𝐚𝐝𝐞𝐧𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧, 𝐜𝐮𝐚́𝐥 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐚𝐟𝐫𝐨𝐧𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐲 𝐪𝐮𝐞́ 𝐧𝐢𝐯𝐞𝐥 𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐚𝐬𝐮𝐦𝐢𝐫 sin comprometer los recursos cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para que pueda producirse un aprendizaje adaptativo.
Solo entonces tiene sentido comenzar 𝐮𝐧 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐠𝐫𝐞𝐬𝐢𝐯𝐚, 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚𝐝𝐨𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐲 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐝𝐚 𝐚 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐯𝐢𝐝𝐮𝐨.
En ocasiones todavía encontramos intervenciones (muy vendibles) basadas en colocar un bozal al perro para exponerlo directamente al estímulo que desencadena el problema, enfrentarlo a otros perros, mantenerlo durante largos periodos en situaciones altamente estresantes o impedir cualquier posibilidad de retirada. Estas prácticas suelen justificarse afirmando que el perro "debe acostumbrarse". Sin embargo, 𝐚𝐜𝐨𝐬𝐭𝐮𝐦𝐛𝐫𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐲 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐧 𝐬𝐢𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨𝐬.
La habituación es un proceso biológico muy concreto que 𝐧𝐨 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐢́𝐦𝐮𝐥𝐨 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐩𝐢𝐭𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐲 𝐨𝐭𝐫𝐚 𝐯𝐞𝐳. Para que pueda desarrollarse de forma estable, el individuo necesita procesar esa experiencia sin que la respuesta emocional comprometa los recursos cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para generar un aprendizaje adaptativo.
Cuando esto no ocurre, es más probable que aparezcan otros procesos, como 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐡𝐢𝐛𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐮𝐚𝐥 𝐨 𝐢𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐭𝐢𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐢𝐧𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐚, que pueden dar la falsa impresión de que el problema ha desaparecido cuando, en realidad, 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐡𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐞𝐱𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚.
Desde la etología y el análisis funcional del comportamiento 𝐧𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐚𝐠𝐮𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.
"𝐓𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚 𝐚 𝐠𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫𝐥𝐚."
Y para que ese aprendizaje sea posible, primero debemos 𝐜𝐫𝐞𝐚𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐚𝐧 𝐚𝐥 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫.
Porque 𝐞𝐥 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐞𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐬𝐚. Aprende mejor cuando dispone de los recursos cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para procesar esa experiencia 𝐬𝐢𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐬𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐛𝐨𝐫𝐝𝐚𝐝𝐨. 𝐋𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐢𝐞𝐧𝐳𝐚 𝐞𝐧𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐨𝐜𝐮𝐩𝐚.
La intervención comienza 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐢́𝐦𝐮𝐥𝐨 𝐡𝐚 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐝𝐨 𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐫𝐬𝐞 𝐞𝐧 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 y construyendo un proceso de aprendizaje que permita modificar esa respuesta 𝐬𝐢𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐭𝐞𝐫 𝐬𝐮 𝐛𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫.
"𝐋𝐚 𝐦𝐨𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐮𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐫𝐚𝐩𝐢𝐝𝐞𝐳, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐣𝐞."
Y la calidad del aprendizaje depende, en gran medida, de que el individuo pueda procesar cada experiencia sin comprometer los recursos cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para que pueda producirse un aprendizaje adaptativo.
Porque 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨 𝐨𝐛𝐣𝐞𝐭𝐢𝐯𝐨 "𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐞𝐬" 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚 𝐬𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.
El verdadero objetivo es que 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚 𝐚 𝐚𝐟𝐫𝐨𝐧𝐭𝐚𝐫𝐥𝐚 𝐝𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐭𝐢𝐯𝐚, desarrollando nuevas estrategias cognitivas, emocionales y conductuales que le permitan interactuar con su entorno 𝐬𝐢𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐭𝐚 𝐬𝐮 𝐛𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐧𝐢 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐫𝐬𝐨𝐬 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨.
Manuel Villar / Etología, Psicología Comparada y Bienestar Animal Aplicado
Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2021). Improving dog training methods: Efficacy and efficiency of reward and mixed training methods. PLoS ONE, 16(2), e0247321. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7895348/
Riemer, S. (2023). Therapy and Prevention of Noise Fears in Dogs—A Review of the Current Evidence for Practitioners. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10705068/?utm
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