09/03/2023
8M (+ 1). Porque todos los días son 8M
Iria Bellas Carballo. Veterinaria. 37 años. 13 años ejerciendo la profesión.
En cuanto a igualdad de género se cree que está todo andado, que una mujer puede acceder al puesto que quiera e incluso hay quién cree que la brecha salarial no existe.
Yo misma creía que la profesión Veterinaria no sería víctima de esta lacra, hasta que llegué al mundo laboral. En la Facultad, ya entonces, éramos gran mayoría de mujeres, por lo que ni se te pasa por la cabeza que te estés metiendo en una profesión "masculina", ni te crees más desfavorecida que nadie ni mucho menos en desventaja. Por lo menos por mi parte.
Recuerdo una vez, empezando la carrera allá por el 2003, una hermana de mi abuelo, una señora ya mayor me preguntó "Iriña, ¿e hai algunha outra muller a maiores de ti estudiando esa carreira?" ( Iria, ¿hay alguna mujer más que tú estudiando la carrera?). Tras la sorpresa inicial por semejante pregunta le respondí: ¡Pues claro! Somos muchas más mujeres que hombres. Se llevó las manos a la cabeza sorprendida.
Entonces respondió mi abuelo, aún más mayor y rondando ya los 90 años: "Pero o que fan e atender cans e gatos nunha clínica, non atenden vacas e gando, ¿qué van facer estas no parto dunha vaca, con estos braciños e sen forza?" (Pero lo que hacen es atender perros y gatos en una clínica, no atienden vacas ni ganado en general, ¿qué van a hacer estas en el parto de una vaca, con estos bracitos y sin fuerza?).
No creo que se pueda culpar, yo no lo hice, a una persona mayor, criada en otros tiempos, de tener ideas antiguas. No lo decía por mal, ni por ofenderme, seguro que en el fondo hasta estaba orgulloso, pero para él las mujeres cumplían las siguientes funciones: cuidar la casa, cuidar los hijos, hacer de comer, y si a alguna le daba por estudiar, como fue el caso de sus hijas, optaban por ser enfermeras o profesoras, profesiones de mujeres. ¿Qué pintaría esta estudiando Veterinaria?
Al llegar al mundo laboral, descubres que no es oro todo lo que reluce y que, el pensamiento de mi abuelo no iba tan desencaminado, en cuanto a que son muchos los que hoy en día siguen pensando exactamente lo mismo que él, mayores y jóvenes, hombres y mujeres. Sobre todo en según qué sectores de la Veterinaria, no gusta la mujer, prefieren un hombre, da más confianza.
Los ganaderos (y las ganaderas) por lo general prefieren un hombre, ver llegar a una chica menudita no suele generar confianza y mientras el saber hacer de un hombre está garantizado con su única presencia y formación, tú tienes que hacer méritos para demostrar que sabes lo que haces, y a menudo te ponen a prueba con interminables cuestionarios, agregando de vez en cuando algún "Bueno, tu ya sabrás, que estudiaste Veterinaria, ¿no?" En cierto grado es lógico su desconcierto ya que es menos frecuente ver a una mujer en este campo, pues si bien somos más estudiando la carrera y posteriormente colegiadas, la mayoría (como bien pronosticaba mi abuelo), acaban dedicándose a la clínica, investigación, docencia o trabajo administrativo.
Pero la clínica de pequeños no está exenta de machismos. Recuerdo uno de mis primeros días trabajando, que llegó una chica con su perro y al verme preguntó: "¿Pero nos atenderá el Veterinario, verdad? No tú". "Si, yo soy la Veterinaria y os atenderé como tal". "Perdona, es que me pareciste muy jovencita para ser Veterinaria", sonrió. Pero mantuvo la cara de duda hasta el fin de la consulta cuando vio que todo estaba en orden.
En esa misma época, y disponiéndome a atender a otro paciente, el cliente comentó, "Mira, prefería que me atendiera aquel otro Veterinario mayor, el chico". Yo: "Claro, si quieres puede venir, pero yo soy Veterinaria y él aún no acabó la carrera, está en prácticas". Ya no es sólo que la confianza del cliente venga intrínseca por ser hombre, si no que en este caso se asume que se trata del Veterinario, aún ni siquiera siéndolo. Se presupone en la profesión a la mujer una subordinada del hombre, aún contando los dos con igual formación.
Es más, dentro del personal de la clínica aún se asume muchas veces que la mujer es la administrativa, auxiliar o la peluquera, trabajos más "femeninos", y si hay por allí un hombre ese tiene que ser el "El Veterinario", sin valorar la posibilidad de que él sea el auxiliar o peluquero.
Otra cosa extremadamente frecuente es dirigirse hacia la Veterinaria como "neniña", niña o chica, y en cambio hacia el Veterinario como Doctor.
Ahora, entre otras cosas, trabajo como Veterinaria en una Asociación de Apicultores y tengo que reconocer que se trata de un sector más anticuado, donde además de encontrarte con "clientes" (en este casos socios), más mayores, la mayoría son hombres. Una vez más encuentras miradas sorprendidas al ver una mujer, en lugar del Veterinario habitual (que sabe algo de abejas), y tienes que mostrar, demostrar y probar que sabes de lo que hablas, que puedes ayudarles con sus dudas y que no estás allí sólo para hacer recetas. Se dan codazos unos a los otros cuando dices que tienes tus propias colmenas. Un día uno aseguró: "Las colmenas serán tuyas, bueno... pero seguro que trabajar las trabaja tu novio/marido o quién sea". "Nada de eso", respondí, "las trabajo yo sóla, sin ayuda ni compañía de nadie".
En este sector la mujer está muy relegada, no me refiero a la Veterinaria, si no también a la apicultora, ellas trabajan como las que más, la mayoría en explotaciones de sus maridos, preparan y cuidan el material, sacan miel, lo preparan, lo envasan y distribuyen... pero raras veces se llevan los laureles, y por lo general los que pasan por la asociación a fardar sobre la cantidad recolectada, y a formarse en cursos y charlas son los maridos. "Neniña, este sempre foi mundo de homes".
Durante mi primer embarazo y trabajando en clínica, todo fueron problemas relacionados con mi estado, aunque había mil maneras de reubicarme y poder seguir trabajando y siendo útil. Pero en cambio todo fueron dificultades, porque no podía hacer radiografías, ni estar de guardia sola, tratar según que casos, levantar mucho peso, afrontar las eternas guardias nocturnas que habitualmente empataban con el día siguiente... Todo fueron problemas cuando no deberían serlo si se pone voluntad por ambas partes. El embarazo no puede ni debe tomarse como una afrenta personal o un problema, ya que hay mil maneras legales de regularlo y que nadie salga perdiendo. De que la embarazada siga trabajando dentro de sus posibilidades y segura y, siendo necesario, se ofrecen todas las facilidades al empresario para poner a una persona en su lugar. Cuando salía de una tensa reunión con el dueño de la clínica, oí que decía; "En esta clínica no se vuelve a contratar a una mujer, porque después, pasa esto".
¿Esto? ¿Qué es esto? Que traemos al mundo a un nuevo ser humano, a vuestros hijos e hijas.
Son pocas (o por lo menos muchas menos que hombres) las veterinarias con papeles protagonistas en la profesión veterinaria, siendo por ejemplo la inmensa mayoría de los Colegios Veterinarios de España presididos por hombres.
No debemos relajarnos y pensar que todo está hecho. No es justo y no debemos asumir que por ser mujer tengamos que ganarnos el respeto como Veterinaria y demostrar que somos buenas profesionales y que sabemos hacer nuestro trabajo y en cambio un hombre ya lo tenga ganado simplemente por serlo.