30/09/2025
Los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo de un bebé. Más allá de la alimentación y el cuidado básico, el contacto físico juega un papel fundamental en su bienestar emocional y desarrollo integral.
El abrazo, el arrullo y el contacto piel con piel transmiten seguridad y ayudan al bebé a construir una base sólida de confianza en el mundo que le rodea.
A demás el contacto físico estimula la liberación de oxitocina, la hormona del amor y el apego, fortaleciendo el vínculo con la figura cuidadora.
Estudios demuestran que el contacto físico regular puede favorecer el crecimiento físico y neurológico del bebé, además de regular su temperatura y ritmo cardíaco.
Es, además, la única forma que conocen de calmarse, de reducir sus niveles de cortisol (hormona del estrés) en momentos de desborde o incomodidad.
En el Nido el contacto físico está presente de manera constante: durante los juegos con caricias y masajitos, durante el descanso ayudándoles a relajarse y alcanzar el sueño en brazos o con porteo, durante los cuidados...
Partimos de la conciencia de que el contacto físico es una necesidad básica para el desarrollo saludable de un bebé.
Brindarle amor, seguridad y cercanía a través del tacto es una inversión muy poderosa para su futuro emocional y su bienestar general.