02/06/2026
Ayer, durante un paseo tranquilo junto al río con Ricky y Desi, volví a reflexionar sobre algo que veo con frecuencia en mi trabajo.
Mientras caminábamos relajadamente bajo la sombra de los árboles, vimos a otro border collie al que le lanzaban una pelota una y otra vez. Y no pude evitar fijarme en la diferencia entre ambos perros.
Muchas veces escuchamos que ciertas razas necesitan muchísimo ejercicio físico, que hay que cansarlas constantemente para que estén bien. Pero la realidad suele distar de ese razonamiento.
Ricky también es un border collie. Tiene sus impulsos, su energía y sus necesidades. No es un perro tranquilo el 100 % del tiempo. Pero también sabe pasear despacio, observar el entorno, descansar y simplemente disfrutar del momento sin necesidad de estar haciendo algo continuamente.
Hace años repetía mucho una frase a mis clientes:
👉🏽 "En educación canina, lo que siembras es lo que recoges".
Si sembramos actividad constante, probablemente obtendremos más demanda de actividad. Si sembramos tensión, control o confrontación, eso también tendrá consecuencias en la convivencia. Y si dedicamos tiempo a cultivar la calma, la gestión emocional y el equilibrio, tendremos más posibilidades de que nuestros perros aprendan a moverse en ese estado.
Por supuesto, la genética existe y cada perro es un individuo. Pero muchas veces confundimos las necesidades reales de un perro con hábitos que nosotros mismos hemos ido construyendo.
Quizás la pregunta no sea cuánto ejercicio necesita un perro, sino qué tipo de vida le estamos enseñando a disfrutar.
🌿 Recuerda: siembra aquello que te gustaría cosechar.