17/05/2026
Detrás de cada ave criada a mano hay mucho más de lo que la mayoría de personas imagina.
Son muchos años criando todo tipo de aves y, con el tiempo, uno se da cuenta de que el trabajo del criador rara vez se valora como realmente merece. Muchas personas piensan que criar es simplemente juntar una pareja y esperar a que nazcan pollos, pero detrás de cada ejemplar hay noches sin dormir, horas de dedicación y muchísimo sacrificio.
Dependiendo de la especie, un pollo puede necesitar comida cada hora, cada dos o cada tres horas. Eso significa madrugar, preparar papillas, cortar alimento, limpiar instalaciones y estar pendiente prácticamente las 24 horas del día.
Y no hablamos solo de tiempo, también hablamos de inversión.
Hay que disponer de distintos tipos de alimentación: insectos, fruta, verdura, pienso, carne… Y cuando hablamos de aves carnívoras, el trabajo aumenta todavía más. Toca trocear pollitos, preparar codornices, palomas, ratas o conejos. Todo eso supone un gasto constante.
Los pollitos, que es de lo más económico, pueden costar entre 19 y 25 euros la caja dependiendo de la empresa. Las ratas pueden ir desde unos céntimos si hablamos de pinkies hasta varios euros si hablamos de tamaños grandes. Las palomas muchas veces hay que comprarlas. Los conejos igual. Y eso sin contar medicamentos, veterinarios, instalaciones, incubadoras, luz, limpieza y todo lo que hay detrás de mantener correctamente un centro de cría.
Porque sí, también ocurre que un ave se pone enferma. Y cuando eso pasa, toca actuar rápido, medicar, acudir al veterinario y seguir invirtiendo tiempo y dinero para sacar adelante al animal.
Luego llega la época de cría y empieza la desesperación de muchos clientes:
“¿Ya han puesto?”
“¿Han nacido?”
“¿Cuánto falta?”
“¿Me lo puedo llevar ya?”
“¿Por qué tardan tanto?”
Y la realidad es que esto no funciona como una fábrica.
No depende solamente del criador. Depende de las parejas, del clima, del estrés, de la alimentación, de si el macho pisa correctamente, de si la hembra acepta la cópula, de si los huevos son fértiles, de si nacen los pollos, de si sobreviven o incluso de si los propios padres los sacan adelante.
Cada año puede ser completamente distinto al anterior.
Hay personas que quieren llevarse aves demasiado pequeñas, sin entender que un animal no puede salir antes de tiempo. Primero debe estar correctamente anillado, después tramitar toda su documentación legal y, además, tener una edad adecuada para viajar o cambiar de manos con seguridad.
Los transportistas no van alimentando pollos por el camino. Y ningún criador responsable debería entregar un ave demasiado pequeña sabiendo el riesgo que corre.
Muchas veces el cliente tampoco entiende que el criador no está criando únicamente “su pájaro”. Detrás hay decenas de animales más que atender, parejas reproductoras que alimentar, instalaciones que mantener y una vida personal como la de cualquier otra persona.
El criador también tiene familia, obligaciones y una vida fuera de la cría.
Y luego está el tema del precio.
Muchos regatean constantemente:
“Mi amigo me lo consigue más barato.”
Perfecto. Cómpraselo a tu amigo. Pero asegúrate de que ese ave lleva la misma documentación, legalidad y trabajo detrás que la de un criador responsable.
Porque muchas veces la gente intenta ahorrar dinero comprando aves capturadas del campo o sin documentación. Y ahí es donde vienen los problemas.
Un ave legal no solo tiene un valor económico, tiene detrás años de trabajo, selección, alimentación, instalaciones, permisos y esfuerzo.
Intentar ahorrar 100 o 200 euros puede terminar en multas de miles de euros, además del daño que se hace al propio animal y al trabajo de los criadores responsables.
Antes de criticar un precio o meter prisa a un criador, muchas veces habría que pararse a pensar en todo lo que hay detrás para que ese ave llegue sana, legal y bien criada a tus manos.
Y después ocurre otra situación muy habitual: el ave llega a casa del nuevo propietario y comienzan los nervios.
“¿Por qué no come?” “¿Por qué hace las heces diferentes?” “¿Por qué escupe el alimento?” “¿Le pasa algo?”
Muchas veces no le pasa absolutamente nada grave. Simplemente el ave acaba de pasar por un viaje, un cambio de entorno, nuevos olores, nuevos sonidos y personas desconocidas. Igual que cualquier animal, necesita un periodo de adaptación.
El estrés del transporte y del cambio puede hacer que durante unos días el ave no coma igual, defeque diferente o se muestre más desconfiada. Y eso es completamente normal.
Pero las prisas y la falta de experiencia muchas veces generan más problemas que el propio cambio.
Cuando el ave se adapta, vuelve a comportarse igual que lo hacía con el criador. Por eso es tan importante escuchar, tener paciencia y entender que no se está comprando un objeto, sino un ser vivo que necesita tiempo, tranquilidad y cuidados adecuados.