14/10/2016
Tres años sin Victor!
Fue un flechazo de Cupido.
Sonia no solía repostar en esa gasolinera, pero ese día el chivato de su coche se había encendido y decidió parar allí mismo.
Nada mas bajarse del coche le vio. Estaba dando vueltas, perdido, solo. Preguntó, nadie sabía quién era ni de donde había salido, ella le sonrió y él la miro. Ven conmigo, le dijo, buscaremos a tus dueños y te devolveré a tu casa. El subió al coche y se fue con ella sin rechistar. Debía de tener unos cuatro o cinco años, era un cruce de lobo alsaciano, de pelo gris y ojos claros, estaba muy delgado y su cuerpo tenía evidentes señales de mal trato.
Llevaba chip y Sonia localizó a sus dueños. La granja estaba detrás de la gasolinera, y la familia había recogido a Victor hacia unos días en la Perrera Municipal, los niños de la casa lo acogieron de nuevo con entusiasmo. No sabían porque se había escapado.
Al día siguiente, cuando Sonia salió de su casa para irse a trabajar, Victor estaba tumbado delante de la puerta esperándola. Sonia volvió a llamar a sus dueños y ella misma le llevó a la granja, donde pudo comprobar lo bonito del sitio y el cariño de esa familia y su interés por tenerle. Pensaron que era un problema de adaptación y decidieron atarle unos días hasta que se acostumbrara a ellos.
A los cuatros días, Victor volvió a escaparse y a amanecer ante la puerta de Sonia. Los granjeros finalmente decidieron que tenían que devolverle a la perrera puesto que era claro que no los quería. Sonia decidió adoptarlo, aunque todos los demás pensamos que él la había adoptado a ella.
Y así se convirtió en su sombra, nunca estaba más allá de un palmo de su dueña. Siempre vigilante y atento, aceptó sin dudar a otros miembros de ese pequeño refugio que Sonia tenía en su casa. Con los años, su porte y su clase volvieron a la luz y cuando se sentaba a la vera de Sonia, cruzaba sus patas delanteras, con la cabeza erguida y las orejas tiesas, parecía de tan buena cuna que le llamabamos "el marques", nada recordaba en él a aquel vagabundo que un día se enamoro de Sonia.
Ayer, muy viejito ya, -estuvo con Sonia 15 años-la Virgen del Pilar se lo llevó al cielo de los perros (junto con Nely y Romeo, perritos de Sonia que ya no están), y estoy segura que allí estará sentado, muy erguida la cabeza, cruzada sus patas delanteras y tiesas las orejas, ahora sí, esperando él a que ella le recoja de nuevo y para siempre.
Josefina