13/01/2025
La Fundación Franz Weber (FFW) ha instado al Gobierno de Cantabria a prohibir las actividades que implican interacción física con animales en recintos como el Parque de la Naturaleza de Cabárceno y el Zoo de Santillana del Mar. Esta solicitud se produce tras el trágico fallecimiento de una joven turista española, atacada por un elefante en un santuario de Tailandia.
En un comunicado difundido este viernes, la entidad alerta sobre los "riesgos incontrolados" que estas prácticas suponen tanto para visitantes como para animales. Según la FFW, estas actividades contradicen la guía de aplicación de la Ley de Zoológicos y Acuarios de 2003, que establece que no se debería fomentar la interacción física entre humanos y animales.
La fundación denuncia que en Cabárceno se ofertan experiencias que permiten a los visitantes, incluidos menores, tocar a jirafas y otras especies mediante un sobrecoste en la entrada. Asimismo, critica que en el Zoo de Santillana del Mar exista el programa "Cuidador por un día", dirigido a niños, donde los participantes pueden interactuar e incluso alimentar a los animales, un contexto que consideran especialmente peligroso.
Para los animales, según la FFW, el contacto físico con humanos es innecesario y altamente estresante. Además, señala que el entrenamiento forzado para estas actividades no elimina el sufrimiento, sino que agrava las consecuencias a largo plazo. "Estas interacciones activan respuestas de miedo o estrés, provocando trastornos en el sistema inmunológico, alteraciones de su comportamiento natural y un sufrimiento constante", explica la organización.
Por ello, la Fundación Franz Weber ha solicitado al Gobierno cántabro que prohíba estas prácticas, integrando su regulación en la actual Ley de Zoológicos o mediante un nuevo decreto que garantice el bienestar animal en estos espacios.
El reciente caso en Tailandia nos invita a reflexionar sobre la delgada línea entre el entretenimiento y el respeto hacia los animales. Permitir que especies salvajes sean tocadas o alimentadas por humanos no solo pone en riesgo a las personas, sino que perpetúa un modelo de explotación que ignora las necesidades biológicas y psicológicas de los animales.
La mejor forma de conservar la fauna no está en recintos que los encierran y los convierten en objetos de consumo turístico, sino en preservar sus hábitats naturales, donde puedan desarrollarse libres de estrés y sufrimiento. Es hora de que Cantabria dé un paso hacia un modelo ético y responsable, dejando atrás prácticas que comprometen la seguridad y el bienestar de todos los involucrados.
Russell Simoni