27/02/2026
Estamos tan acostumbrados a pensar que un perro sociable es el que saluda a todo el mundo, que cuando el nuestro evita a alguien ya creemos que pasa algo. Que si no juega con cualquiera, que si se aparta o no quiere acercarse… entonces “hay que trabajarlo”.
Pero piensa un momento: ¿a ti te cae bien todo el mundo?
Hay perros que necesitan observar antes de acercarse. Hay perros que prefieren mantener cierta distancia. Y hay días en los que simplemente no les apetece interactuar.
Eso no significa que tengan un problema. Están leyendo la situación y tomando decisiones.
Además, los perros no viven lo social como nosotros. No todo pasa por el contacto directo. Se comunican dejando y recogiendo información olfativa y observando el cuerpo del otro. Muchas veces ya han intercambiado bastante antes de tocarse. Incluso pequeños detalles en cómo se colocan o qué lado ofrecen ya están diciendo algo.
Y aquí hay algo que puede marcar una diferencia enorme, sobre todo si tu perro es joven o está en plena adolescencia: no convertir cada perro que aparece en un encuentro obligatorio.
Cuando ves otro perro, no hace falta ir directamente hacia él. Puedes darte unos segundos, mirar cómo está el tuyo, permitirle recoger información y decidir con más calma. Si notas que duda o necesita más espacio, puedes colocarte entre él y el otro perro para que se sienta más tranquilo y libre de elegir. Esa pequeña pausa, repetida muchas veces, va creando una estructura distinta en los encuentros. Así tu perro aprenderá a modular los acercamientos, a evaluar antes de actuar y, si hace falta, a decidir no ir, apoyándose también en tu actitud.
Si el patrón es siempre “vemos perro y vamos”, muchas experiencias se vuelven demasiado rápidas y poco reflexivas. Y lo que pretendía ser socialización puede terminar generando justo lo contrario: tensión acumulada o malas experiencias que luego se repiten.
Socializar no es que le gusten todos. Es que pueda moverse con seguridad en presencia de otros.
Y eso incluye poder decidir cuándo acercarse y cuándo no.
No está rechazando lo social. Está usando sus propios códigos.
Y cuando respetamos eso, no lo limitamos. Lo ayudamos a moverse con más equilibrio.