02/06/2026
Cuando se habla de cachorros, casi todo el mundo habla de lo que aprenden de la madre. Mucha menos gente habla de lo que aprenden del mundo.
Y ahí es donde aparecen Scott y Fuller.
Su trabajo, publicado en 1965 tras más de 20 años de investigación, sigue siendo una de las referencias más importantes sobre el desarrollo conductual del perro. Lo interesante es que no sólo hablaron de la relación con la madre o los hermanos. Hablaron de algo mucho más amplio: el periodo crítico de socialización.
Scott y Fuller concluyeron que la socialización primaria se desarrolla aproximadamente entre las 3 y las 12 semanas de vida. Durante ese periodo el cachorro no sólo forma vínculos sociales, sino que también reduce la evitación ante lo nuevo y aprende a relacionarse con personas, lugares y estímulos del entorno.
De hecho, recomendaron que los cachorros fueran expuestos a las condiciones y estímulos que encontrarán en su vida adulta para favorecer perros más equilibrados y adaptados.
Por eso me parece curioso que muchas veces se plantee el debate como si sólo existiera una pregunta:
“¿Cuánto tiempo debe estar con la madre?”
Y quizá la pregunta realmente importante sea otra:
“¿Qué experiencias está viviendo durante ese tiempo?”
Porque llevamos años viendo otro fenómeno parecido. Cachorros que permanecían encerrados en casa hasta completar toda la pauta vacunal y que llegaban a la adolescencia habiendo visto muy poco mundo. Hoy sabemos que la socialización temprana tiene un enorme peso en el desarrollo conductual futuro y que la exposición controlada y segura al entorno es una parte fundamental de ese proceso.
No estoy diciendo que la madre no sea importante. Lo es.
Lo que digo es que el desarrollo de un cachorro no depende únicamente de la madre.
Depende de la madre, de la camada, de la genética, del entorno y de las experiencias que acumula durante una de las etapas más sensibles de toda su vida.
¿Crees que hoy se está infravalorando la socialización ambiental de los cachorros?