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LAS PALABRAS DE HUMOLa fiesta de las tinieblasLa Bruja yacía boca abajo en mitad de los asistentes al baile de Halloween...
30/10/2026

LAS PALABRAS DE HUMO

La fiesta de las tinieblas

La Bruja yacía boca abajo en mitad de los asistentes al baile de Halloween. Bajo su negro sombrero puntiagudo comenzaba a emerger un viscoso charco de sangre que enmudeció y paralizó durante unos segundos a todos los presentes, para provocar de inmediato una estampida anárquica que arrasó con mesas, sillas, bandejas de bebida y adornos clásicos. Todas las personas buscaban desesperadas una puerta de salida, empujándose, gritándose, agitando sus cabezas en todas direcciones sin encontrar el origen del mal de la mu**ta. Esta había callado a todos con un chillido aterrador a la vez que se desplomaba antes de llegar a los brazos del Hombre Lobo que ahora lloraba desconsolado acurrucado en una esquina.

De pronto, una tórrida ráfaga de aire sulfuroso abrazó al licántropo haciendo que su cabeza saltara separada del tronco impulsada por un grueso geiser sanguinolento. El resto de presentes se abrazaban, acelerados e impotentes, conscientes de que algo avanzaba hacia ellos, pero sin saber qué ni porqué. Chocó la testa en el techo y se partió en mil pedazos que alcanzaron a los demás, mientras las cuatro extremidades conseguían gatear unos metros ante los ojos incrédulos de quienes lograban mantener la vista abierta.

Un grupo de Seis Esqueletos y cinco Fantasmas jadeantes golpeaban juntos insistentemente las cuatro puertas que podían darles salida cuando fueron sorprendidos por un haz de luz cegador que a unos los consumió en cenizas sin dejar más rastro, a otros los derritió como helados al sol en donde los ojos eran lo último en fundirse y a otros los partió por la mitad desparramando sus vísceras en varios metros, subiendo así el nivel de pánico entre los supervivientes.

Ante la imposibilidad de escapar andando, Drácula y La Momia se ayudaban para trepar por una enorme cristalera que tenía unos ventanales superiores abiertos. En mitad de la maniobra, una luminosa corriente eléctrica recorrió la estructura metálica de la vidriera haciendo caer al conde de espaldas sobre la talla de un demonio de madera cuyo tridente atravesó su corazón de vampiro. El compañero acabó carbonizado entre aullidos lastimeros y vendas ennegrecidas que se disiparon tras formar una columna de humo.
De pronto, un silencio sepulcral invadió la fiesta. Unos doce Zombies, de maquillaje corrido por las lágrimas derramadas, eran los únicos que rompían tenuemente la armonía del grupo junto a la Niña del Exorcista abrazada a su Padre Carras que poco la consolaba. Temían ser los siguientes junto con tres Lucifer, Frankestein y el Dr. Jekyl que se parapetaban tras una de las mesas derrumbadas, sin saber si el lado escogido era el bueno. Todos se miraban desconfiados, alertas, aterrados. En ese momento se fueron abriendo múltiples agujeros en las cuatro paredes que los rodeaban desde los que empezaron a dispararse ráfagas interminables de balas en todas direcciones hasta no quedar nadie reconocible. Una nube densa invadió el lugar dispersándose muy despacio.

- Ya podéis levantaros – conminó enérgica con los brazos alzados una Catrina sonriente a esas almas que hoy habían empezado su dolor.
Una formación de nuevos espíritus inició su peregrinación hacia la ciudad para unirse a la Procesión de las Ánimas que rondarán entre nosotros buscando descanso a sus penas.
La ciudad está maldita. Estás a tiempo de huir.

La fiesta de las tinieblas La Bruja yacía boca abajo en mitad de los asistentes al baile de Halloween. Bajo su negro sombrero puntiagudo...

"LAS PALABRAS DE HUMO"Nuestro barrio de antesLeía el otro día a Andrés Cárdenas en el diario Granada Hoy (por cierto, la...
16/10/2026

"LAS PALABRAS DE HUMO"

Nuestro barrio de antes

Leía el otro día a Andrés Cárdenas en el diario Granada Hoy (por cierto, la lectura de sus columnas es muy aconsejable) quejarse de la falta de espacios en las ciudades para que los niños puedan jugar, los limitados de los existentes y la realidad de que ya no se ven con la frecuencia de antes esas pandas de críos disfrutando por nuestras calles como cuando nosotros éramos jóvenes. Y digo nosotros refiriéndome a los que ya estamos en los sesenta o los hemos pasado, llamados Baby boomers o Generación X según el entendido de turno que toque.

Por los caprichos de los destinos de mi padre, no regresamos a Granada hasta 1976 en donde un servidor tenía ya 10 años. Hoy, tras 50 años viviendo y trabajando en la misma calle he visto la evolución del “barrio”, como llamábamos a la calle Ribera del Violón y su entorno: desde el río Genil hasta lo que hoy es la rotonda del helicóptero y desde el Paseo del Violón, pasando por la ermita de San Sebastián, hasta el que hoy es el Hospital de La Inmaculada. Gran parte de ese espacio eran hazas de maíz, extensos campos por donde los niños de la época nos perdíamos para vivir aventuras que hoy en día poco menos que acabarían con los padres de turno en prisión. En mitad de los maizales teníamos nuestros “campamentos” secretos hasta los que se llegaba esquivando altísimas plantas cargadas de mazorcas en sus tallos de caña y coronados con las espigas que parecían plumeros. En no pocas ocasiones había que salir de allí corriendo al grito de “¡Que viene el Carillas!” que no era otro que el señor que cultivaba aquellas tierras y al que maldita la gracia que le hacía el tener aquella troupe de niños corriendo entre sus cañas, y menos si encontraba nuestros asentamientos en donde el cielo se abría por las cañas pisadas.

Entre tantos terrenos labrados había un enorme espacio, limitado por Camino de Ronda y la hilera de bloques de la calle, al que todos llamábamos “El campillo”, un sitio llano, sin vegetación apenas, destinado en el futuro a ser la urbanización que hoy es, pero que a nosotros nos daba mucho juego, nunca mejor dicho. Para que se hagan la idea de lo grande de aquel espacio, allí se llegaba a jugar al fútbol sin problema hasta 30 o más niños quedando espacio aún en los laterales para una acequia, una enorme higuera y lugares para los que les apetecía más charlar, practicar el juego de la lima, la comba, intercambiar cromos o simplemente mirar al resto. Allí venían grupos de niños de otros barrios, de Figares, Zaidín, del centro, los Vergeles o Las Flores que convivían bien sin más problemas que los piques clásicos de chavales. De allí nacieron equipos de fútbol aficionado como el C. D. Estrella de nuestro respetado presidente Juan, un apasionado del fútbol modesto que nos daba la oportunidad a los niños del barrio de poder competir en las distintas categorías contra los “grandes” de la capital y provincia sin desentonar demasiado.

En el campillo se aprendía a montar en bicicleta por la vía rápida desde unos montíc**os de tierra que había en uno de sus laterales con no pocas cabezas “escalabradas” y algún hueso contusionado. Jugábamos al pillapilla, al golf cutre con palos de ramas, hacíamos las olimpíadas cuando estas tocaban, así como mundiales de fútbol si estos llegaban y a los policías y ladrones ampliando el espacio de juego al resto del barrio. No eran pocas las veces que se cortaban los juegos por el grito de alguna madre desde el balcón correspondiente llamando a la mesa al amigo de turno, lo cual desencadenaba una corriente en cascada de deserciones hacia las casas para evitar los castigos de días sin pisar la calle. Esas desbandadas también ocurrían con los anuncios, también a voces desde alguna ventana, del inicio de un nuevo capítulo de Heidi, Marco o programas de la época.

En nuestro barrio de antes todos los tenderos de los ultramarinos de la calle (llegaron a haber 3 tiendas de ese estilo funcionando a la vez, Cristóbal, Fulgencio y María), Leonardo el peluquero, Vicente el de la papelería, Miguel el portero del bloque 12 (único portal con esa figura) y los padres de cada uno nos conocían por nuestros nombres, conversaban con la pandilla cuando estábamos cerca de ellos, aguantaban nuestras bromas pero también nos regañaban si se nos iba el control con hablar con nuestros progenitores pues sabían dónde vivíamos cada uno, en definitiva, nos sentíamos cómodos en la calle y protegidos. Cuando salíamos del barrio y visitábamos los otros cercanos (Zaidín, Figares y Las Flores sobre todo) tampoco suponía, o así lo veo con la perspectiva del tiempo, un riesgo ni peligro, más bien una extensión de la aventura de tener un barrio tan completo como el nuestro.

Con el tiempo, el campillo fue desapareciendo para transformarse en modernas urbanizaciones y todos aquellos maizales fueron borrados a golpe de ladrillo y cemento. Los niños que tanto disfrutamos de aquel “paraíso” nos hacíamos mayores y cada vez estábamos más fuera de nuestro barrio, pero siempre que nos veíamos, y aún hoy nos seguimos encontrando de veteranos, salen anécdotas que delatan los buenos recuerdos que de él nos quedan.

En este siglo XXI que vivimos, las cosas son más frías, más distantes, nadie quiere complicarse la vida y pocos se interesan por la de los demás, lo cual transmite más inseguridad a jóvenes y padres de poder g***r de la vida en la calle como en aquellos tiempos. ¿Mejor? Es cuestión de gustos, pero en mi opinión no cambiaría la libertad y experiencias cara a cara por nuestro barrio por las frías pantallas tecnológicas y las calles asfaltadas sin espacios naturales.

Seguiremos hablando de nuestro barrio de antes.

Nuestro barrio de antes Leía el otro día a Andrés Cárdenas en el diario Granada Hoy (por cierto, la lectura de sus columnas es muy acons...

"LA PASARELA" DE CLÍNICA VETERINARIA RÍO GENIL Nuestra Pasarela de hoy nos invita a conocer a esta pequeña podenca llama...
15/10/2026

"LA PASARELA" DE CLÍNICA VETERINARIA RÍO GENIL

Nuestra Pasarela de hoy nos invita a conocer a esta pequeña podenca llamada “Turca” que acaba de llegar a casa y todavía no sabe ni donde está. Así de tímida, algo asustada, pero atenta, se mostraba en su exploración que ha pasado sin ningún problema. Sabiendo quién será su nueva familia le podemos augurar una vida llena de ejercicio y cuidados. Ha tenido mucha suerte. Seguro que la próxima vez ya será el terremoto “sano” (no de los otros) que de ella se espera. ¡Bienvenida!

"Las palabras de humo"Una fría lápidaUna ráfaga suave de aire frío me hace volver a abrir los ojos para mostrarme la rea...
09/10/2026

"Las palabras de humo"

Una fría lápida

Una ráfaga suave de aire frío me hace volver a abrir los ojos para mostrarme la realidad de que lo inevitable ha pasado. Es natural, pero a mi no me lo parece ahora.
Pasada la noche en vela, los primeros tragos amargos, las miradas de unos pocos que empujan sin éxito a que el ánimo no caiga más hondo. Pasadas las palmadas en la espalda, los pésames infinitos, las lágrimas compartidas entre anécdotas variadas, alguna sonrisa tonta que se escapa. Cumplido el ceremonial en el que tanto insististe, con tu cuerpo desfilando entre bancos con tristes miradas. Un corto paseo en hombros amigos con una estela humana hacia tu adiós definitivo, entre murmullos, con miradas cruzadas para sentir lo que eras, quién eras, lo que suponías para cada uno de los que hoy te acompañan.

Corrió la caja guiada por las manos expertas hasta el final del nicho en medio de un silencio que hacía aún más duro el sonido del roce de la madera en la piedra. Me llegó algún llanto cercano, algún sonido de pañuelo recogiendo las penas, algún abrazo de consuelo de los que poco consuelan. Estar en primera fila, en este caso no, es la mejor opción, pero toca cuando toca y se debe asumir con el respeto que la escena provoca, no por uno mismo, sino por quién nos abandona. Con el cierre de ladrillo y su posterior cementado las figuras silenciosas desfilan hacia la salida del Camposanto sin que uno sienta nada. Mientras, una mano garabatea en la argamasa, aún fresca, unas iniciales y una fecha que esperarán ser cubiertas por una fría lápida.
Hace ya un buen rato que estoy solo, de pie ante esas letras identificativas, la mirada fija sin apenas pestañear, pensando, ampliando en mi memoria los recuerdos de ti. Para un instante que me permití cerrar los ojos para volver a verte la ráfaga de aire frío me rompió el sueño. Pero es normal, ahora durante un tiempo mezclaré imágenes, algunas reales, otras distorsionadas, y sentimientos, muchos extremos hasta calmar la nostalgia.

Ahora, mientras un par de lágrimas han conseguido escaparse y rodar por mis mejillas, mientras alguien querido me espera en un coche para volver a la rutina, mientras el sol se ha perdido y la oscuridad avanza, mientras el frío gélido sigue su progreso imparable, me acuerdo de cosas sin importancia que hoy cobran un valor no concedido antes. Y sonrío allí, solo, como si la cabeza no funcionara lo bien que debiera, con la razón que sin razón tuviera. Y sonrío con una felicidad triste, lo cual se contradice, pero define exactamente el momento. “¿Hay alguien capaz de comprenderme?” me pregunto sorprendido de que río y lloro al mismo tiempo.
Palpo las letras y la fecha marcadas para comprobar que a estas horas ya han endurecido el cierre. Recorro lentamente con las yemas de los dedos los pequeños surcos que definen cada elemento escrito allí sin querer apartar la mano de nuevo, creyéndome que aún puedo tocarte una última vez. Pero no, esa sensación ya no tiene otra oportunidad, como tantas cosas que en vida podemos y sin ella nos reprochamos no haberlas hecho. Nueva angustia, nueva debilidad interior, se fue la sonrisa y me ahogo en tristeza. “Así será un tiempo” me intento convencer de los cambios que me esperan y que solo mi cabeza será capaz de normalizar por mucho que el resto te diga o haga.

Consigo separar mi mano del tacto rugoso del cemento helado, doy un paso hacia atrás y contemplo la perspectiva que el sitio ofrece rodeado de otras tantas losas cada una con su historia. Me pregunto si esa compañía silenciosa influirá en el descanso eterno, aunque pronto descarto la idea como otra rareza más de las que el duelo a veces nos propone.

- ¿Estás bien? -me preguntó una voz amiga a la que no oí acercarse.
Asentí mintiendo como muchas personas hacen en esas situaciones para tranquilizar a los que los rodean y observan, a los que intentan hacer que tu pesar sea lo más breve. Asentí con un n**o de despedida en la garganta que oprimía mi pecho hasta el punto de provocar unos leves hipidos de desahogo interno. Con la mano en los labios lancé un beso dirigido a aquella pared recién levantada que nos separaba para siempre, al menos físicamente. Con ese beso se cerraba una parte de mi vida, se cerraba tu vida.

Agaché la cabeza, metí mis manos en los bolsillos del pantalón y enfilé mis pasos hacia la salida del cementerio justo en el momento en que una fina lluvia comenzaba a caer sobre el lugar. “Hasta el Cielo llora hoy por ti” pensé para mí.

En unos días volveré para comenzar una nueva etapa frente a una fría lápida.

Una fría lápida Una ráfaga suave de aire frío me hace volver a abrir los ojos para mostrarme la realidad de que lo inevitable ha pasado....

DÉCIMOS DE LOTERÍA DE NAVIDADAl igual que el año pasado, este año volvemos a colaborar con el Club de Tenis de Mesa de C...
07/10/2026

DÉCIMOS DE LOTERÍA DE NAVIDAD

Al igual que el año pasado, este año volvemos a colaborar con el Club de Tenis de Mesa de Cúllar Vega (número 88698) y con la Peña Deportiva Cervantes (número 28863) en la venta de décimos que aporten algún fondo para que ambos clubs puedan seguir con la labor que realizan. Cada décimo se vende a 23 euros de los que 20 se juegan como décimo normal y 3 van al club correspondiente, según se compre un número u otro.
Ya tenemos los décimos, aunque no nos han traído muchos, y algunos ya están pedidos, así que si estas interesado se ruega no tardar en pasarse a retirarlo para evitar que alguien se quede sin él.

Mucha suerte para todos, nosotros incluidos.

"Las palabras de humo"“Tocar” la músicaLeía el otro día un artíc**o de Carmen Camacho Mikel Lejarza en el diario Granada...
02/10/2026

"Las palabras de humo"

“Tocar” la música

Leía el otro día un artíc**o de Carmen Camacho Mikel Lejarza en el diario Granada Hoy en donde comentaba el retorno a la actualidad de los discos de vinilo y en él escribía una frase que me arrancó una sonrisa por la realidad que en mí supone. Describía Carmen que hoy los lp´s “vuelven a ocupar un lugar cálido en las colecciones de quienes aún desean tocar la música”. Tocar la música. Esta última afirmación me parecía que describía a la perfección lo que en muchas ocasiones he percibido disfrutando de algunos de mis viejos discos de rock. Me transportó a otras épocas, hace ya bastantes años (son las cosas de cumplir tantos ya), en donde la escucha de música era un ritual, al menos para mí y para muchos de los amigos que me rodeaban, y que afortunadamente aún conservo.

De joven, había en casa de mis padres una habitación común que la llamábamos la “salita verde” por el color de los tapices que tenían los asientos allí presentes. En esa sala fue instalado por mi padre un equipo compacto de música, plateado y negro, alargado más que alto, con plato tocadiscos, doble pletina de cassette y sintonizador de radio AM/FM con sus dos bafles correspondientes. Sería el año 1978 más o menos y aquello suponía la “revolución” de la casa pues nunca antes habíamos tenido un aparato de ese estilo. Recuerdo el primer vinilo que me compré con mucho esfuerzo en “Discos Callejas”, cerca de Plaza Nueva, era el “Blondes have fun” de Rod Stewart que aún conservo (creo recordar que fueron 215 pesetas). Con ese primer disco, y luego con los que le sucedieron en los años posteriores, me inicié en la ceremonia que suponía ponerse a escuchar música con esos soportes y en ese tipo de equipos. Seré un “romántico”, pero el placer de abrir la tapa del tocadiscos, quitar la protección a la aguja, extraer con cuidado el disco de su funda y limpiar sus surcos con el cepillo de terciopelo para retirar el polvo que tuvieran y sonara mejor, colocarlo en el plato y apoyar el brazo de la aguja mientras se iniciaba el movimiento circular del disco, todos esos pasos, siempre me generaban un leve cosquilleo interior que explotaba en placer sonoro al sentir los primeros sonidos analógicos, “cálidos y algo sucios” de la aguja por los surcos, expelidos por los altavoces. Sentir “Da ya think I´m sexy?” por primera vez a un volumen controlado (controlado por mí o por mi madre que se encargaba que no nos excediéramos) es un recuerdo que aún me hace sonreír, pues comenzaba a iniciarme en uno de mis mayores hobbies de mi vida que es la música. También recuerdo con mucho cariño el single de la película Grease, “You´re the one that I want” que no sé cómo aguantó tantas y tantas veces que sonó durante muchos años, pues esa canción era del gusto de prácticamente todos los habitantes de la casa.

En esas escuchas de los lp´s, aparte de disfrutar con el sonido en sí, también era un placer palpar a la vez la carpeta del disco, mirar la portada, contraportada, sentir la suavidad del plástico de la funda interior que cuidaba al mismo, ir leyendo las letras de las canciones que solían venir en un pliego interior o, en aquellos dobles que se desplegaba la carpeta, en el mismo cartón exterior. Era la forma de “tocar la música” como muy bien me ha recordado Carmen en su artíc**o. Así, mezclando lo percibido por el oído con lo palpado con el tacto, admirado con la vista en las maravillosas portadas, fotografías o dibujos que ese soporte adjuntaba y hasta el olor peculiar que desprende el formato, el sabor que te quedaba tras la escucha era inmejorable, ya sea en soledad, tranquilo en casa, como en compañía cuando nos reuníamos el grupo de amigos en las casas (más bien en las habitaciones) de alguno de nosotros. Y si encima te encontrabas con auténticas obras de arte como el “Thick as a Brick” de Jethro Tull que presentaba el vinilo dentro de un periódico de 10-12 páginas, creo recordar, tenías entretenimiento casi para toda la vida.

Pasaron unos años hasta que con mi primer sueldo profesional pude cumplir uno de mis sueños, tener un equipo de música en mi propio cuarto. Aún recuerdo nervioso ir a Alcampo a por una torre de sonido Aiwa (perdón por tanta marca, pero no he podido borrármelas de la cabeza) en donde convivían el plato gira discos, la doble pletina de cassette, la radio sintonizadora de emisoras infinitas y, aquí vino la traición tecnológica a la tradición analógica, un lector de CD que se las prometía felices en un futuro próximo. Completamente negro, aquel equipo sonaba como los ángeles y su estreno triunfal incluyó como bautizo musical el “Made in Japan” de Deep Purple, en vinilo, por supuesto. Obviamente, las llamadas maternas al orden de decibelios aumentaron en proporción al entusiasmo que cada canción proporcionaba, aunque la satisfacción de tener el mueble con semejante aparato y mi humilde colección de lp´s recogidos en mi habitación superaba todo ese debate. Disfruté muchos con aquel equipo que me duró bastantes años en perfectas condiciones de uso.

Cuando el CD apartó temporalmente al vinilo (algunos creíamos que sería definitivamente), todos esos rituales se empequeñecían empezando por el tamaño tan diferente que el nuevo formato te dejaba manejar entre las manos. Todo más pequeño, no tan atractivo (al menos para mí), aunque primaba la comodidad y se suponía que la duración física frente a lo anterior. Aunque se “tocaba la música”, ya no era el mismo “tacto”. Por eso me alegro del “revival” actual de nuestros vinilos de antaño, de que músicos de ahora se atrevan a ofrecer ese soporte dentro de sus últimas ofertas, de que tanta gente joven, y no tan joven, gocen de aquellas sensaciones mientras el sonido no tan limpio del disco gana batallas al digitalizado CD. No es que aquello fuera mejor ni peor que lo moderno, pero para muchos supuso una señal de identidad de nuestra juventud que satisface verlo perdurar en el tiempo.

Gracias, Carmen, por tu artíc**o y que sigamos todos, durante mucho tiempo, “tocando la música”.

“Tocar” la música Leía el otro día un artíc**o de Carmen Camacho Mikel Lejarza en el diario Granada Hoy en donde comentaba el retorno a ...

MANIFESTACIÓN VETERINARIA EL 14 DE OCTUBRE CONTRA EL RD 666/2023Seguimos la lucha por nosotros, por vosotros y, sobre to...
01/10/2026

MANIFESTACIÓN VETERINARIA EL 14 DE OCTUBRE CONTRA EL RD 666/2023

Seguimos la lucha por nosotros, por vosotros y, sobre todo, por ellos. Este artíc**o recuerda brevemente los principales puntos que nos incumben a TODOS.

El Comité de Crisis Veterinario exige cambios en el marco normativo para garantizar la seguridad jurídica, el acceso de los animales a los tratamientos y una re...

"Las palabras de humo"El misterioso “caso Soja”Siendo veterinario clínico desde hace ya unos años, nunca demasiados, per...
25/09/2026

"Las palabras de humo"

El misterioso “caso Soja”

Siendo veterinario clínico desde hace ya unos años, nunca demasiados, pero no pocos, he tenido ocasión de comprobar in situ o relatado por algún cuidador de gatos en la consulta la capacidad de sorprendernos que tienen estos felinos. Por agilidad, tamaño y complexión anatómica, el gato suele ganar al perro en diferentes retos que les propongamos, siendo su porte al andar mucho más elegante. No quiero con esto decir que me gusten más unos que otros, que nadie mal interprete, pero es una realidad que en esos aspectos alguna ventaja tienen los mininos.

Viene este prólogo a introducir la anécdota que hace unas semanas me aconteció con uno de mis “gatos nietos”, en concreto con Soja, una gatilla de apenas un año, de unos cuatro kilos de peso, que suele ser tímida en los primeros contactos con extraños. Estando yo de “Rodríguez” en la ciudad, me llamó mi hija preocupada porque estaba fuera y no veía hacía unas horas por la cámara de seguridad que tiene en casa y controla por el móvil a la nombrada gatuna (algún día hablaremos del control tecnológico “parenteral” que muchos tienen a niveles de Alcatraz, pero eso será en otra ocasión). Al parecer, su compañero de vida, Benito, sí paseaba su alegría por toda la casa, y hasta jugaba con los movimientos dirigidos de la lente que lo vigilaba, sin pudor ninguno, posando y maullando ajeno a la desaparición descrita y sin preocupación alguna por la misma. Tras remolonear un rato por si hacía acto de aparición la perdida asumí que tenía que afrontar los más de cuarenta grados de las 14 horas, durante 15 minutos, para llegar a la casa del misterio. Por más que buscaba sombras de soportales que me salvasen de la insolación no hubo apenas tregua hasta el portal a donde desembarqué envuelto en un mar de sudor, cual botijo de antaño que se precie, y con la cabeza a punto de derretirse.
Mientras subía en el ascensor confiaba en la pronta aparición de Soja al oírme entrar y en poder brindar por la misión cumplida con cualquier bebida fresquita que encontrara en el frigorífico filial a la vez que miraba a la cámara vigilante. Así dejaría tranquila a mi hija y podría regresar a mi hogar a cobijarme bajo el chorro proyectado por alguno de los múltiples ventiladores de aspas que han proliferado allí este verano (otro tema digno de analizar).

Pronto todos mis planes se fueron al garete al cerrar la puerta del piso y ver tan solo venir a recibirme al “amigo del mundo”, también llamado Benito, que con sus maullidos de bienvenida poca cosa aclaraba del caso que nos ocupaba. La inspección al frigorífico, como era previsible en un porcentaje elevado, tampoco proporcionó esa bebida fresquita prometida por mi optimismo en el viaje “ascensoril” al percibir el eco de vacío dentro del electrodoméstico cuando abrí su puerta. Estos dos “fracasos” momentáneos no debilitaron mi ánimo de cerrar el “caso Soja” cuanto antes y me puse, acompañado en las pesquisas por mi particular Doctor Watson Benito, a recorrer todas las habitaciones que estuvieran abiertas, dando por sentado que en las cerradas no estaría. Hora y media, que se dice pronto, hora y media estuve buscando por todos los rincones, estanterías, areneros, muebles, incluso abrí las habitaciones cerradas por si en un acto de teletransporte había atravesado la gata alguna pared o puerta. Abrí cajones que hasta a mí me costaban abrir, armarios cerrados con llave, subí y bajé las escaleras del bloque por si se había ido por la puerta con la llave en el bolsillo, en fin, que me faltó picar las paredes por si se camuflaba en ellas.

A todo esto, la famosa cámara de seguridad me seguía a ratos con sus movimientos espías, lo cual aumentaba aún mi mal humor, incrementaba aún más si cabe los ríos de sudor por todo el cuerpo y la tensión del momento, pues sabía que ya toda la familia, incluso algún amigo cercano, estaban al corriente del efecto Houdini que Soja había experimentado. Todos esperaban alguna respuesta de las pesquisas realizadas por este detective que, con el calor, el aumento del apetito a esas horas y los nulos datos recopilados hasta ese momento, mantenía un bloqueo mental ante lo inexplicable. Sentado en una silla, en un rincón del salón, hice un último esfuerzo por averiguar dónde estaba mi “Willy” particular felino. De repente me sorprendí al encajar el puzzle mientras perdía mi vista por la habitación acariciando con la mirada cada mueble de los que allí me rodeaban. Me quedé mirándolo fijamente, sin pestañear, sin poder creérmelo todavía, pero recordando que estaba ante mi última oportunidad por increíble que me pareciera. Una sonrisilla ganadora se dibujó en mi sudorosa cara mientras me ponía muy despacio de pie al ritmo cansino de los miaus de Benito.
Había que ir con cuidado, estaba en juego la integridad de la fugada y, por ende, la de este aprendiz de Sherlock en caso de fracasar. Me planté delante del mismo y sin más protocolo fui dando la vuelta, no sin su trabajo debido al peso que tenía, a un sofá de tres cuerpos que llevaba todo el rato haciéndome señales sin yo prestarle atención. Una vez puesto “patas arriba” el dichoso mueble se podía apreciar un bulto sospechoso bajo el forro del fondo del mismo, bulto que no se movía, no respondía a mi suave presión, ni siquiera a una nueva tanda de miaus de mi acompañante. Tras un buen rato desmontando cojines, cremalleras y levantando forros pude ver, en la esquina más profunda del tresillo, una bola gris que apenas respiraba para no ser descubierta. Estiré la mano, la cogí suavemente y la solté para que saltara libre a inventar otra faena.

Ni que decir tiene que la reconstrucción del sofá fue a conciencia, tapando toda posibilidad de que repitiera el número, aún sin explicarme como pudo serpentear por el mueble hasta el lugar que no tenía retorno. Aunque tratando con gatos nunca se sabe…
Menos mal que no me dio por echar la siesta en el sofá antes de mis pesquisas.

Caso cerrado.

El misterioso “caso Soja” Siendo veterinario clínico desde hace ya unos años, nunca demasiados, pero no pocos, he tenido ocasión de comp...

Lo de menos es que hoy sea otro "Dia mundial de..." como tantos y tantos que hay, lo importante es la opción de adoptar....
23/09/2026

Lo de menos es que hoy sea otro "Dia mundial de..." como tantos y tantos que hay, lo importante es la opción de adoptar. Siempre he dicho que nadie obliga a nadie a tener una compañía peluda en su vida, que debe ser un acto voluntario y deseado. Pero si se decide uno a compartir vida con uno de estos maravillosos amigos, no hay nada mejor que optar por la adopción porque, como dice el cartel adjunto, es "abrir espacio para salvar otra vida".

Si estas en esa tesitura, piénsalo un poco y si tienes alguna duda lo podemos hablar sin ningún ánimo de convencerte de nada.

18/09/2026

"Las palabras de humo"

Claudia Tacoronte

El nombre y apellidos del título de hoy puede no ser conocido por mucha gente. Lógico, era una mujer joven, de 21 años de edad, estudiante de la UGR, nuestra universidad de Granada, que estaba de intercambio académico en México donde pasaba un tiempo continuando con sus estudios del grado de infantil que cursaba aquí, en nuestra tierra. Ella era de Canarias. Lo dicho, una desconocida para la inmensa mayoría de los ciudadanos de pie al igual que lo somos esa inmensa mayoría para el resto.
Presentada a groso modo la protagonista de este triste escrito, solo queda añadir, para aquel que aún no lo sepa, que fue asesinada el domingo 13 pasado en la ciudad de Morelos, en México, por algún malnacido que veremos a ver si dan con él. Apenas llevaba tres semanas allí.

Yo tengo una hija algo mayor que ella, poco más, que ha acabado sus estudios recientemente y que en alguna ocasión rechazó, por voluntad propia, la posibilidad que se le brindaba de hacer algún intercambio académico como el de Claudia. Pero, igual que lo rechazó, lo podía haber aceptado sin que le hubiéramos puesto nosotros, sus padres, ningún impedimento al entender que son oportunidades de formación, educación, madurez como persona y de conocimiento de otros países y culturas que enriquecen y lo mismo nunca más se te van a presentar, independientemente del provecho que se haga de ello en muchas ocasiones. De hecho, en nuestra época universitaria no había tantas posibilidades como las hay hoy.

Por todo esto, cuando nos hemos enterado en casa del suceso, del as*****to de Claudia, se nos ha venido a la cabeza, lo primero, esa joven a la que se ha privado de sus sueños, de sus errores, de sus triunfos, de sus lágrimas y de sus sonrisas. No la conocía personalmente, pero seguro que de todo lo anterior ya tenía algún recuerdo que contar, pero al que no se le unirá, por desgracia, ningún otro. Comenzaba, supongo, como le pasa a mi hija, a tener una base de experiencias sobre la que construir un futuro y no la han dejado armarlo.

Lo segundo que se le viene a la mente a uno en estas circunstancias es su familia y amigos. Sin explicación alguna, porque no habrá razonamiento alguno que justifique la pérdida, no tendrán nunca más a ella a su lado y eso, repito por la empatía que me transmite el caso, debe de ser para volver loco a la mente más preparada. Qué injusta es la vida en muchas ocasiones y qué poca lógica maneja.

Ahora vienen los lamentos, los argumentos por echar el c**o fuera de todos los que podrían tener alguna posibilidad de prever esta situación, las palmadas en la espalda con “lo siento” insensible y mañana la soledad de quien la quiso y aún la necesitaba cerca, viva.
En esa misma universidad mexicana había habido otras estudiantes asesinadas no hacía mucho (en concreto tres más en este año), como si estuviese normalizado, aunque cueste creerlo. Ahora, tras la muerte de Claudia, desde la UGR se ha reubicado a otros tres estudiantes que iban a ir a esa universidad mexicana hacia otros destinos admitiéndose que, en donde estaba Claudia, en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, en la actualidad lo que se recomendaba era “no salir muy tarde ni de noche y no acudir a ciudades aledañas, como Cuernavaca”. Pues conociéndose ese ambiente, qué quieren que diga, yo no hubiera mandado a ningún estudiante allí y menos siendo mujer que son al parecer el blanco de esas mafias, delincuentes o lo que se mueva por aquellos lares. Alguien debe de tener todos esos detalles más que estudiados para evitar situaciones como estas y si, aun así, sabiendo todo este peligro, ofreces esos destinos, alguien debe tener alguna responsabilidad de las consecuencias. Toda información es poca cuando vas a un nuevo lugar, con sus buenas y malas costumbres como tenemos todos, y no vale la excusa fácil que se podría esgrimir con que la “juventud” se salta las normas. Si no te aseguras evitar esas posibilidades de un peligro real, no se ofrecen esos destinos y se acabó, se buscan otros en donde la seguridad esté más garantizada (que nunca será 100%). Todos hemos sido jóvenes y todos, en mayor o menor medida, hemos podido tener nuestros gestos de rebeldía, nuestras salidas de la normalidad, nuestras “locuras” y fiestas que hoy de más mayores no nos explicamos, en fin, mil situaciones que nunca deben de llevar a donde ha terminado Claudia.

Siento que hoy la historia no sea entretenida, divertida ni cómica, como me suele gustar a mí que sea. Siento no dejar hoy una sonrisa colgada en la cara del que se atreve a leerme. Siento la tristeza del suceso. Pero cuando leí la noticia quería tener este pequeño homenaje para esa joven que seguramente marchó con ganas de comerse un trocito de mundo y ese trocito de mundo no se lo permitió de forma totalmente injusta.

Por Claudia y por esas tres chicas también allí asesinadas, hoy toca pensar en cómo cambiar determinadas cosas muy tristes de este mundo. Queda pendiente brindar con una sonrisa por ella… cuando haya ganas.

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