30/10/2026
LAS PALABRAS DE HUMO
La fiesta de las tinieblas
La Bruja yacía boca abajo en mitad de los asistentes al baile de Halloween. Bajo su negro sombrero puntiagudo comenzaba a emerger un viscoso charco de sangre que enmudeció y paralizó durante unos segundos a todos los presentes, para provocar de inmediato una estampida anárquica que arrasó con mesas, sillas, bandejas de bebida y adornos clásicos. Todas las personas buscaban desesperadas una puerta de salida, empujándose, gritándose, agitando sus cabezas en todas direcciones sin encontrar el origen del mal de la mu**ta. Esta había callado a todos con un chillido aterrador a la vez que se desplomaba antes de llegar a los brazos del Hombre Lobo que ahora lloraba desconsolado acurrucado en una esquina.
De pronto, una tórrida ráfaga de aire sulfuroso abrazó al licántropo haciendo que su cabeza saltara separada del tronco impulsada por un grueso geiser sanguinolento. El resto de presentes se abrazaban, acelerados e impotentes, conscientes de que algo avanzaba hacia ellos, pero sin saber qué ni porqué. Chocó la testa en el techo y se partió en mil pedazos que alcanzaron a los demás, mientras las cuatro extremidades conseguían gatear unos metros ante los ojos incrédulos de quienes lograban mantener la vista abierta.
Un grupo de Seis Esqueletos y cinco Fantasmas jadeantes golpeaban juntos insistentemente las cuatro puertas que podían darles salida cuando fueron sorprendidos por un haz de luz cegador que a unos los consumió en cenizas sin dejar más rastro, a otros los derritió como helados al sol en donde los ojos eran lo último en fundirse y a otros los partió por la mitad desparramando sus vísceras en varios metros, subiendo así el nivel de pánico entre los supervivientes.
Ante la imposibilidad de escapar andando, Drácula y La Momia se ayudaban para trepar por una enorme cristalera que tenía unos ventanales superiores abiertos. En mitad de la maniobra, una luminosa corriente eléctrica recorrió la estructura metálica de la vidriera haciendo caer al conde de espaldas sobre la talla de un demonio de madera cuyo tridente atravesó su corazón de vampiro. El compañero acabó carbonizado entre aullidos lastimeros y vendas ennegrecidas que se disiparon tras formar una columna de humo.
De pronto, un silencio sepulcral invadió la fiesta. Unos doce Zombies, de maquillaje corrido por las lágrimas derramadas, eran los únicos que rompían tenuemente la armonía del grupo junto a la Niña del Exorcista abrazada a su Padre Carras que poco la consolaba. Temían ser los siguientes junto con tres Lucifer, Frankestein y el Dr. Jekyl que se parapetaban tras una de las mesas derrumbadas, sin saber si el lado escogido era el bueno. Todos se miraban desconfiados, alertas, aterrados. En ese momento se fueron abriendo múltiples agujeros en las cuatro paredes que los rodeaban desde los que empezaron a dispararse ráfagas interminables de balas en todas direcciones hasta no quedar nadie reconocible. Una nube densa invadió el lugar dispersándose muy despacio.
- Ya podéis levantaros – conminó enérgica con los brazos alzados una Catrina sonriente a esas almas que hoy habían empezado su dolor.
Una formación de nuevos espíritus inició su peregrinación hacia la ciudad para unirse a la Procesión de las Ánimas que rondarán entre nosotros buscando descanso a sus penas.
La ciudad está maldita. Estás a tiempo de huir.
La fiesta de las tinieblas La Bruja yacía boca abajo en mitad de los asistentes al baile de Halloween. Bajo su negro sombrero puntiagudo...