10/05/2026
La doble moral de algunas “animalistas” es bastante reveladora.
Hay quienes critican o aplauden no en función de si algo está bien o mal para los animales, sino dependiendo de quién lo haga.
Hace poco vimos cómo algunas pusieron el grito en el cielo criticando a Gesplan por instalar casetas para gatos con una sola entrada, señalando —con razón— que ese diseño es inseguro.
Y sí, lo es.
Una caseta para gatos comunitarios debe ofrecer al menos dos vías de escape. ¿Por qué? Porque un gato necesita poder huir si se siente amenazado o acorralado. Una sola entrada convierte ese espacio en una trampa ante una pelea, el ataque de otro animal o cualquier situación de estrés.
Además, cuando el comedero está colocado justo en la misma zona de acceso y la estancia de descanso queda al fondo, obligas al animal a atravesar continuamente el espacio de refugio, generando incomodidad, estrés y conflictos entre ellos. Un refugio debe ser un lugar seguro y tranquilo, no un pasillo de paso constante hacia la comida.
Curiosamente, ahora vemos una publicación de un ayuntamiento contratando exactamente ese mismo tipo de casetas:
una sola entrada, distribución deficiente y un diseño claramente poco funcional para el bienestar real de los gatos.
¿Y esas voces que antes criticaban con tanta indignación?
Mudas.
Ni una palabra. Ni una crítica. Ni una explicación.
Entonces queda claro que el problema nunca fue el diseño ni la seguridad de los animales.
El problema era quién lo había hecho.
Eso no es defensa animal.
Eso es oportunismo, sectarismo y una preocupante falta de coherencia.
Los animales no deberían ser utilizados para guerras personales ni para quedar bien cuando conviene.
O se critica lo que está mal siempre, o simplemente se está haciendo postureo.