24/03/2026
No era agresiva.
Era una gata aterrorizada, sin herramientas para sentirse segura.
Este es uno de los mayores retos que me he encontrado trabajando como cat sitter.
Cuando llegué a cuidar a Urna, al abrir la puerta me recibió así: bufando, en tensión y modo defensa.
No era agresividad. Era pánico.
Cada visita representaba una amenaza.
Pero cuando cambié mi forma de entrar, poco a poco fue cambiando.
No la miraba fijamente.
No la invadía.
Cuidaba mis movimientos.
A veces incluso esperaba unos minutos antes de entrar para darle tiempo a procesar.
Y poco a poco, al no invadirla ni presionarla, fue cambiando.
Pasó de avisar a retirarse, alejarse y observar.
No porque se acostumbrara.
Sino porque dejó de sentirse en peligro y bajó la guardia.
Mientras, yo hacía las tareas sin ruido y despacio, cuidando mis movimientos y energía.
Muchos gatos etiquetados como "agresivos" están viviendo esto mismo.
El problema no es su carácter, es cómo se sienten y cómo se interpreta.
Si convives con un gato que atacaba, quizás no es agresividad.
He creado un recurso gratuito para identificar sus señales. Escríbeme MIEDO y te lo envío. O cuéntame tu caso por privado y lo vemos
____________
Laura S.
Terapeuta conductual, emocional y vincular felina
Cat sitter en y el
Siempre al servicio de las familias humano-gatunas