13/01/2026
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¿Y si te dijera que cada vez que acaricias la espalda baja de tu gato y levanta el trasero instantáneamente, no es “solo buscando caricias”… sino una respuesta automática de su cuerpo?
En gatitos recién nacidos, durante aproximadamente las primeras tres semanas de vida, algo extraordinario ocurre: no pueden orinar ni defecar por sí mismos. Su sistema digestivo y urinario requiere estimulación externa para funcionar.
La madre gata lame vigorosamente el área perianal y anogenital de cada cría con su lengua áspera. Esta estimulación táctil desencadena la eliminación de desechos, un mecanismo reflejo vital para su supervivencia.
Sin esta intervención materna, los gatitos podrían enfermar gravemente por retención, estreñimiento o vejiga distendida.
Conforme los gatos maduran y adquieren control voluntario sobre sus funciones corporales, este comportamiento neonatal desaparece. Sin embargo, la zona de la base de la cola permanece extraordinariamente sensible e inervada.
Por eso cuando acaricias exactamente esa región, la base de la cola y espalda baja, muchos gatos levantan automáticamente el trasero, arquean la columna, y a veces incluso pisan con las patas traseras alternadamente.
No es necesariamente que persista el reflejo de eliminación. Es una respuesta postural automática a tocar una zona hipersensible.
En hembras, esa postura puede parecerse a la lordosis (la posición típica de receptividad sexual durante el estro). Y fuera de ese contexto, muchos gatos simplemente lo usan como señal de: “sí, ahí… sigue.” (y algunos, al contrario, lo odian).
Por eso la clave es mirar el resto del lenguaje corporal: si hay cola golpeando, orejas atrás o intento de morder, tu gato está diciendo “basta”. Si se queda relajado y te “acomoda” el cuerpo, te está guiando a su “punto”.