09/11/2025
En 1952, un gato atigrado hambriento entró por casualidad a la Escuela Primaria Elysian Heights, ubicada en el vecindario de Echo Park, en Los Ángeles (EE.UU.). Se coló por la ventana de un salón, fue recibido con un poco de leche y pasó allí medio día como si fuera uno de los alumnos. Al día siguiente regresó, y volvió al día siguiente también. Con el tiempo, terminó convirtiéndose en parte de la rutina escolar: los estudiantes lo bautizaron como "Room 8", en honor a la sala en que apareció por primera vez.
Durante los aproximadamente 16 años que residió en la escuela, Room 8 se transformó en una presencia constante y entrañable: apareció en las fotos de grupo, los niños competían por alimentarlo y cada año, al comenzar las clases, el gato regresaba solemnemente tras desaparecer durante el verano. La directora Beverly Mason comentó en 1968 que "era como las golondrinas de Capistrano": desaparecía durante el verano, pero el día que sonaba el primer timbre, ahí estaba, regresando desde las colinas.
La fama de este felino superó los muros de la escuela: llegó a recibir cartas de admiradores infantiles (hasta unas treinta al mes) de distintos estados del país. En 1966, Mason junto con la maestra Virginia Finley publicaron un libro infantil titulado Room 8 cuyas regalías y las ventas de camisetas con su imagen se destinaron al fondo de la biblioteca escolar y a un fondo fiduciario en el Hospital Ortopédico de Los Ángeles. También inspiró un mural, una escultura y poemas grabados en la acera frente a la escuela.
Cuando enfermó, una maestra lo acogió de noche, pero todas las mañanas él volvía a su escuela. En 1968, Room 8 falleció y fue enterrado en el Los Angeles Pet Memorial Park, en Calabasas. Recibió un obituario de tres columnas en el Los Angeles Times.
Aquel gato común se convirtió en un símbolo duradero de afecto, lealtad y memoria compartida para toda una generación.