22/02/2026
Felicidades, a mis amores, mis dos naranjosos, Bartolomiau y Lorenzo.
Hace poco más de dos años llegaron a nuestras vidas Barry y Loren. Con ellos llegaron nuevas responsabilidades, aprendizajes y una forma distinta de amar y cuidar.
Mi mamá le daba comida a un gatito callejero. Era macho.
Un día salí yo y me di cuenta de que aquel gatito macho se había convertido en dos gatitos machos. Mi mamá creía que era el mismo, pero cuando los vi con atención me di cuenta de que eran dos diferentes.
Entonces entré y, entre risas, le dije: “Mami, son dos machos, no uno”.
A partir de ahí empezaron a llegar y a llegar y a llegar. Uno era más dócil que el otro.
El más huraño traía la colita quebrada y estaba súper delgado. El más tranquilo traía un absceso grandísimo en la cara, olía súper feo, era un gato grande y territorial, por lo cual se peleaba con cualquiera que se le pusiera en el camino. Su aspecto era muy desgarrador, porque tenía muy marcadas las señales de los pleitos.
Fue un día, un 22 de febrero del 2024, cuando sin dudarlo decidimos darles la oportunidad a Barry y a Lorenzo Antonio. A como pudimos, y porque ya contábamos con más gatos, los fuimos incorporando poco a poco a la manada.
Han pasado dos años desde que entraron a nuestro hogar. Loren es el gato más noble, más amable, más chineado y más amoroso que se haya visto en la vida. A donde uno vaya, ahí está Lorenzo. Ha pasado el tiempo y su colita apenas empieza a sanar.
Con Barry también han pasado dos años y, aun incorporado a la manada, le ha costado mucho adaptarse. Hace poco rescatamos una gata preñada con sus seis hijas, y Barry se ha adaptado muy bien a ellas, por lo cual hoy ya convive con más gatos, cabe destacar que Barry fue el gato que con su compañía y silencio, me salvó de una depresión muy fuerte que viví.
En estos dos año, aparte de alegría, felicidad y amor, que de eso nos ha sobrado con ellos dos, también ha sido difícil el proceso de hacer confiar a un alma que ha sido tan herida.
Mis gatos… para todos los que saben que tengo muchísimos gatos, veintiuno en total, entienden que cada uno tiene su historia, su proceso y su tiempo. Saben que para mi, verlos cumplir años de adopción me llena el corazón de alegría (años de vida no sabemos cuántos porque ya son gatos grandes) me satisface profundamente ver el cambio y todo el camino que se ha recorrido mirando un tiempo atrás en cada uno de ellos.
Ante mis ojos, mis pequeños cachorros, solo puedo desearles un feliz cumpleaños.
Que Dios, la vida y el universo me permitan tenerlos muchos años más conmigo.
Cuando puedan rescatar, rescaten.
Si tienen animales, no abandonen, porque qué duro es para quienes rescatamos ver esas almas tan rotas, dónde lo único que hay es amor y lealtad.