07/02/2026
Esto me dijeron en la veterinaria, que se considera lo máximo en Envigado, cuando su datáfono no recibió la tarjeta de mi billetera digital. Me ofrecí a regresar más tarde a cancelar el saldo de 380 mil pesos. Cinco minutos antes me habían entregado a Ágatha, hipotérmica. Les había preguntado si podía regresarla al cuarto de hospitalización para evitar el frío y el perro que estaba en la sala de espera, mientras llegaba mi esposa para trasladarla a una clínica de mayor nivel de complejidad. No había obtenido respuesta, pero ahora, ante la dificultad del medio de pago, sí podían recibirla adentro de nuevo.
Ya era tarde, mi esposa había llegado y tenía la gata en el carro. Entré en cólera, la propuesta de la recepcionista y la administradora de la Clínica Veterinaria era que, ante la falta de un medio de pago efectivo, perdiera tiempo valioso con un animal en esta crítico, para tomarla como prenda de pago, a pesar de que, además, tenían un pagaré en blanco que les había firmado para hospitalizarla, luego de pagar 400 mil pesos de depósito. "Ya ayer cuando nos dio el anticipo de la hospitalización, Usted vio que no funcionaba el datafono para pago sin contacto", me recriminó la dependiente. No iba a continuar con la discusión mientras la vida de Ágatha se apagaba.
Salí gritando, descompuesto, mientras la administradora miraba indignada con su laptop abierta con el estado de cuenta pendiente. Esa misma noche pagué el saldo con una transferencia, pero los resultados de la ecografía e historia clínica no me los enviaron hasta el final del día siguiente, con sus sugerencias para que la gata continuara hospitalizada y con nuevos exámenes de especialistas. Ya era tarde, Ágatha había mu**to el día anterior.