14/01/2020
Caracas con 19 era un día común de pasear en ese entonces los que eran los atléticos, jóvenes y cansones miembros de una manada de 6 perros, la bicicleta llevaba un ritmo constante de movimiento, se escuchaban jadear esos lobos quienes amaban salir de cacería guiados por un caballito de acero y el mejor piloto... Jacobo que en ese entonces ya había tenido algo de proceso de socializacion y adiestramiento iba suelto, corría un montón, era el más fuerte y quien lidiaba con los perros callejeros con brutal astucia y seguridad, en eso de movernos por esas calles olorosas a orines y almas en modo zombie aparece un perro mono grandote, lo primero que pensé cuando se acercaron con Jacobo fue "se van a matar" el mono tenía una pata al parecer fracturada se conoció con Jacobo sin ningún problema, se llevaron bien cosa que me parecía rara por la dominancia que Jacobo tenía en ese entonces, sigo mi rumbo dejando atrás aquel mono de orejas caídas, una pata inflamada y una mirada que pedía a gritos ser salvada, termino mi recorrido llegando exhaustos a casa, estoy sentado soltando los perros cuando de repente aparece una cola mona trotando, un jadeo muy fuerte y esa pata que estaba un poco inflamada cuando lo vi la primera vez ahora estaba muy inflamada del esfuerzo que hizo por llegar a salvar mi vida, pensaría que yo lo salve pero no fue así, ese día comprendi que no tenía empatia y Bongo como ahora se llama llego ese día a enseñarme algo de piedad se sentó frente a mi y me puso su pata en las piernas, marcó mi mente ese momento ademas la huella que dejó en mi corazón jamás será borrada, es mi héroe, puedo afirmar que ese día llegó mi segunda mano derecha.
@ Santa Fe (Bogotá)