30/11/2025
🌎🔥 Chile: donde los perros y gatos no nacen libres, nacen solos
Domesticación, ética reproductiva y corresponsabilidad humana en la era de los “animales de compañía”
Por Proyecto Veterinaria Sin Frontera – Valparaíso, Chile (2025)
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Hay ideas que suenan hermosas cuando se dicen rápido.
Una de ellas es que perros y gatos deberían “reproducirse libremente”, que intervenir sus cuerpos es una forma de dominación y que la verdadera ética consistiría en no decidir por ellos.
Suena bien.
Pero en Chile, y en gran parte de Sudamérica, esa idea se estrella contra la realidad.
En nuestro territorio, la reproducción sin control no significa libertad.
Significa calle, indiferencia y muerte.
Y la calle, para perros y gatos domésticos, no es naturaleza:
es hambre, atropellos, enfermedades, peleas, camadas que nacen para morir sin nombre.
Este artículo no busca ganar un debate teórico.
Busca algo mucho más incómodo y necesario: poner sobre la mesa datos, historia y responsabilidad compartida, para que dejemos de hablar de “amor a los animales” en abstracto y empecemos a hablar de corresponsabilidad en serio.
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1. ¿Quiénes son realmente los perros y los gatos?
Antes de discutir si “tenemos derecho” a esterilizarlos, conviene recordar quiénes son ellos en nuestra historia.
Los perros y gatos no aparecieron por arte de magia en nuestros sofás.
Los gatos se acercaron a los depósitos de grano en el Creciente y Fértil Egipto hace miles de años, cuando descubrieron que nuestra agricultura atraía plagas de roedores… y que nosotros, sin querer, les servíamos un buffet permanente.
Los perros, por su parte, se asociaron a grupos humanos cazadores y luego a pastores: alertaban, defendían, acompañaban, a cambio de una pequeña parte del botin.
No son fauna salvaje que nos “visita”.
Son co-especies que evolucionaron a nuestro lado.
Eso tiene una consecuencia brutal:
su supervivencia actual depende casi por completo de nuestra organización social.
Hoy no viven dispersos en bosques vírgenes, sino en ciudades, campamentos, parcelas, cerros poblados, islas habitadas.
Su ecosistema ya no es el “medio natural”; somos nosotros.
Y, sin embargo, muchas veces discutimos su reproducción como si aún vivieran en un sistema ecológico autosuficiente, donde más crías = más chances de que la especie sobreviva.
Para perros y gatos domésticos, eso ya no es cierto.
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2. Sobrepoblación no es una opinión: es una proporción
En 2021–2022, Chile realizó su primer gran estudio nacional de población canina y felina.
Los resultados son difíciles de ignorar:
• ≈ 8,3 millones de perros y 4,17 millones de gatos con tutor
• ≈ 4 millones de perros y gatos sin supervisión conocida (sin tutor visible) 
• Casi 5 millones de viviendas con mascotas en el país
Es decir, convivimos con más de 12 millones de perros y gatos con tutor y otros millones sin él, en un territorio estrecho, urbanizado y profundamente desigual.
Un estudio nacional reciente, publicado en 2024, confirma que Chile está entre los países de Latinoamérica con mayor porcentaje de hogares con animales de compañía, pero con bajas tasas de registro y esterilización, lo que tensiona cualquier política de tenencia responsable. 
No hablamos de “unos cuantos perritos”.
Hablamos de decenas de millones de vidas atadas a nuestras decisiones.
Sobrepoblación no es un juicio moral, es una relación numérica:
nacen más individuos de los que la estructura social es capaz de cuidar.
Y cuando eso ocurre de forma sostenida, el resultado es siempre el mismo:
abandono, sufrimiento y muerte evitable.
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3. Cuatro realidades chilenas que la teoría no ve
No hace falta estar de acuerdo en política, ética o filosofía para ver lo que ya está pasando.
Hace falta, simplemente, mirar.
3.1. Extremo sur: perros asilvestrados y ganado mu**to
En zonas de la Patagonia y el extremo sur, perros originalmente domésticos —muchos usados como perros de trabajo o compañía— no fueron esterilizados, se escaparon o fueron abandonados, se reprodujeron sin control y finalmente formaron jaurías.
Hoy atacan ovinos y bovinos, generando pérdidas económicas importantes y un conflicto permanente con comunidades que viven de la ganadería. La respuesta habitual ha sido el control letal: disparos, envenenamientos, cacerías. 
La “libertad reproductiva” aquí no terminó en armonía con la naturaleza.
Terminó en balas.
Si la reproducción se hubiera gestionado oportunamente, muchos de esos perros nunca habrían nacido para terminar muriendo como plaga.
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3.2. Desierto-Norte y periferias vulnerables: jaurías y miedo
En el norte y en la periferia de ciudades donde confluyen campamentos, pobreza y falta de servicios, perros abandonados forman grupos alrededor de basurales y asentamientos humanos.
Se han reportado ataques severos —incluyendo casos fatales— que han obligado a las autoridades a implementar controles letales, porque el riesgo para las personas se hace insostenible. 
No esterilizar, en estos contextos, no es dejar que “la vida siga su curso”.
Es dejar que el conflicto escale hasta que solo queden decisiones dramáticas.
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3.3. Zona centro: refugios saturados, amor que no alcanza
En las grandes ciudades del centro de Chile, otra cara del problema se repite una y otra vez:
1. La gente rescata animales de la calle.
2. Los lleva a refugios informales o fundaciones.
3. Sin suficientes recursos ni programas robustos de esterilización, los números crecen y crecen.
4. El hacinamiento se vuelve inevitable.
Estudios internacionales advierten que refugios sobrepoblados, aunque nazcan del amor, pueden convertirse en lugares donde reinan enfermedades infecciosas, parasitarias, estrés crónico, peleas y mortalidad diaria: la selección natural reaparece dentro de un espacio que se suponía seguro. 
Rescatar o alimentar animales domesticos, sin cortar el flujo reproductivo
es como echar agua a un barril sin fondo.
El problema no es el rescate. Es que el rescate, sin gestión poblacional, se transforma en una forma distinta de sufrimiento.
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3.4. Costa e islas: gatos ferales y biodiversidad en riesgo
Gatos sin esterilizar ni tutoría estable forman colonias en quebradas, cerros y zonas costeras.
En lugares como Juan Fernández y otros archipiélagos del mundo, está ampliamente documentado que los gatos ferales son responsables de la depredación de aves y pequeños mamíferos, contribuyendo a extinciones locales y globales. 
Un análisis global estima que los gatos invasores han contribuido de forma directa a la extinción o declive de numerosas especies de aves, reptiles y mamíferos en islas del mundo. 
Aquí la pregunta se vuelve incómoda:
¿La libertad de reproducirse de una especie doméstica
vale más que la supervivencia de especies nativas enteras?
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4. Un poco de biología: qué pasa cuando “vuelven a la naturaleza”
No hace falta ser científico para entender algo básico:
cuando un perro o gato deja de tener contacto humano, su comportamiento cambia.
Estudios sobre domesticación y feralización describen que:
• En una sola generación sin socialización, muchos individuos se vuelven reactivos o temerosos del ser humano.
• Tras varias generaciones, reaparecen patrones de caza, territorialidad intensa y organización en grupos, con una capacidad de depredación significativa sobre fauna local. 
Es decir, la domesticación no es un hechizo irreversible.
Es un equilibrio inestable que requiere mantenimiento.
Cuando dejamos que perros y gatos se reproduzcan sin control,
no estamos respetando una naturaleza prístina o ancestral.
Estamos fabricando, en pocas generaciones, fauna feral invasora.
Y lo más duro: esa fauna feral, tarde o temprano, se verá sometida a control letal, porque entrará en conflicto con actividades humanas o con la conservación de la biodiversidad.
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5. Ética, moral y antiespecismo: ¿de qué hablamos cuando hablamos de “derechos”?
Aquí vale la pena hacer una distinción clave:
• La moral es personal, cultural, subjetiva: responde a creencias, valores, historias individuales.
• La ética busca minimizar daño y maximizar bienestar en función de la realidad concreta.
Una mirada antiespecista estricta puede afirmar que esterilizar animales es siempre una forma de dominación humana sobre otras especies.
Esa postura, filosóficamente, puede tener coherencia interna.
El problema aparece cuando intentamos aplicarla en contextos donde:
• millones de perros y gatos viven sin tutor
• las tasas de esterilización son bajas
• existe abandono estructural
• las capacidades del Estado, municipios y refugios son limitadas 
En esos escenarios, abstenerse de intervenir no es neutral.
Tiene consecuencias medibles: más nacimientos → más individuos vulnerables → más sufrimiento.
Organismos internacionales como la OMS, la antigua WSPA y la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH, ex-OIE) llevan décadas recomendando programas integrales de manejo poblacional que incluyen:
• esterilización masiva
• educación en tenencia responsable
• registro e identificación
• control de acceso a recursos (basura, alimento, etc.) 
La ética aplicada no espera a que el daño sea evidente para actuar.
La ética actúa para evitarlo.
Hablar de gestión reproductiva en perros y gatos no es “jugar a ser dios”.
Es asumir, por fin, que nuestra especie lleva miles de años jugando a ser socio evolutivo… y que eso tiene responsabilidades concretas.
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6. Amor no alcanza: hace falta corresponsabilidad
La tendencia global muestra que perros y gatos se han convertido en los carnívoros más abundantes del planeta, con impactos ecológicos relevantes allí donde su reproducción y movimiento no se controlan. 
En Chile, además, ya sabemos que:
• tenemos millones de animales con tutor y millones sin tutor 
• menos del ideal están esterilizados o correctamente registrados 
La pregunta entonces no es “si los amamos o no”.
La pregunta es:
¿Estamos dispuestos a asumir nuestra parte en el destino de estas especies?
Corresponsabilidad significa que todos los actores tienen algo que hacer:
Estado y municipios
• Políticas públicas sostenidas de esterilización masiva, no solo campañas esporádicas.
• Regulación real de crianzas comerciales e informales.
• Educación comunitaria y escolar en tenencia responsable.
Profesionales veterinarios
• Acceso a esterilizaciones seguras y de calidad, incluidas las de alto volumen y bajo costo.
• Educación clara y honesta a tutores sobre riesgos de la reproducción no planificada.
• Participación activa en programas de manejo poblacional basados en evidencia.
Tutores y familias
• Esterilizar a sus animales, incluso si “no salen nunca”.
• No reproducir por curiosidad o presión social (“que tenga una camada”).
• No abandonar, y buscar ayuda responsable antes de tomar decisiones desesperadas.
Comunidad y rescatistas
• Entender que alimentar sin esterilizar perpetúa el problema.
• Articular redes con municipios y clínicas para controlar poblaciones callejeras con humanidad.
• Promover adopción responsable en lugar de acumular animales sin salida.
No hay un héroe único.
Sin red, todos fallamos.
Y cuando fallamos, no lo pagan las ideas: lo pagan los animales.
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7. ¿Entonces, esterilizar es “la solución mágica”? No. Es la base mínima.
Ningún veterinario serio dirá que la castración, por sí sola, resolverá todos los problemas.
Pero la evidencia internacional y local es consistente:
sin control reproductivo, ningún otro esfuerzo alcanza. 
Vacunar es necesario, pero no sustituye esterilizar.
Rescatar es valioso, pero no sustituye esterilizar.
Educar es esencial, pero no sustituye esterilizar.
La esterilización no es el final del camino.
Es el suelo mínimo para que el resto del trabajo tenga sentido.
Si seguimos discutiendo solo en el plano de las ideas, mientras las camadas se multiplican en basurales, patios, quebradas y refugios, la realidad seguirá ganando por goleada.
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8. Cerrar, pero no terminar: una invitación desde la lucidez
Este texto no pretende que todos piensen igual.
Pretende algo más modesto y más urgente:
• Que quien lo lea no pueda decir “no sabía”.
• Que quienes aman a los animales puedan alinear su amor con acciones efectivas.
• Que quienes no se sienten especialmente “animalistas” entiendan que igual tienen un rol, porque viven en la misma ciudad, el mismo barrio, el mismo ecosistema.
No se trata de amar más a los animales.
Se trata de dejar de producir, entre todos, las condiciones de su sufrimiento.
Si llegaste hasta aquí, este tema ya es tuyo.
Tal vez no puedas cambiar el país, pero sí puedes cambiar tu cuadra, tu familia, tu consulta, tu refugio, tu municipio, tu forma de opinar.
Y cada decisión de corresponsabilidad —por pequeña que parezca—
es una vida que no nacerá para morir en la indiferencia,
una ave que no será depredada,
un refugio que no colapsará,
un perro o gato que podrá vivir, no solo sobrevivir.
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✍ Proyecto Veterinaria Sin Frontera – Chile, 2025.
Dra. María José Vergara Herrera.