03/06/2026
Quise hacer esta publicación aparte porque considero importante homenajear esta ardua y extenuante labor: días de recorrer las quebradas y cerros que esconden, entre el follaje y sus colores, a estas vacas lobas.
Es una instancia para estar con amigos, pero también para encontrarse con uno mismo y con la tierra. Fue muy lindo ver la esencia de cada talajero que, arriba de su caballo, gritaba y animaba al ganado a moverse desde lugares recónditos. Creo que, probablemente, encuentran en esta labor un espacio que reconforta sus almas y los conecta con una herencia que llevan en la sangre desde hace muchas generaciones.
Es un trabajo de días en que el sol pega fuerte y otros en que el frío se hace sentir. En esos momentos comparten algún trago que ayuda al cuerpo y ameniza las largas horas de búsqueda, mientras desde lejos divisan a sus animales, camuflados entre espinos y arbustos. Cada día que suben lo hacen con la esperanza de tener suerte y encontrar la mayor cantidad posible del rebaño.
Por las tardes vuelven cerro abajo, con las manos llenas de espigas por abrir camino y cubiertos de polvo cuando la lluvia aún no llega a mojar la tierra. Esto lo repiten durante varios días, con la finalidad de mover cada vaca y, ojalá, reunir todo el hato para llevarlo a mejores pastos y resguardarlo del clima, de los pumas y, lamentablemente, de los perros asilvestrados.
Creo que es una de las experiencias más bonitas que he vivido en este trabajo, donde he visto la esencia pura de una tradición que espero nunca se pierda.
Aunque no nací en estas tierras, aunque ni siquiera tengo un caballo que montar, me emociona haber podido ser, por un momento, parte de un trabajo tan silencioso, pero tan hermoso como este.
Quizás en alguna vida mi alma recuerde que fui parte de una existencia así; quizás por eso amo tanto estas tierras.
Agradezco la oportunidad de haber podido acompañarlos, aunque fuera por un solo día, en algo que realizan siempre y que forma parte de sus vidas.
Soy una afortunada.🍀
Pirque y sus Pircanos 💚