26/10/2025
Hay integrantes de nuestra manada que nosotros elegimos: algunos los compramos, otros los adoptamos, algunos nacieron de nuestras propias camadas, hijos o nietos de quienes nos acompañaron antes.
Pero hay casos como el de Waldo, que llegan a nuestra familia contra todo pronóstico.
Conocimos a Waldo cuando era apenas un cachorro. No sabía convivir con otros perros; muchas cosas lo alteraban. En esos años recién comenzábamos nuestro proyecto de vida en Catemu.
Nutella, Jazmín, Betina y Pilón tb eran cachorros, nos ayudaban cada día a recibir a los primeros huéspedes del hotel canino.
Un día Belén nos llamó para contarnos la historia de Waldo. Su honestidad nos encantó.
Nuestro protocolo es muy claro: no recibimos perritos agresivos, pero en ese momento sentimos que quizás podíamos ayudar.
Cuando Waldo llegó a la parcela lo presentamos a Nutella para conocer su carácter. La atacó con toda su fuerza.
Nutella, con su sabiduría natural, lo observó, esperó y en el momento justo lo tomó con firmeza por el pellejito del cuello para lanzarlo a la acequia.
Fue una corrección perfecta: justa, clara, proporcional.
Ese día Nutella marcó los límites, estableció las reglas, pero sobre todo le enseñó a Waldo lo que significaba pertenecer a esta manada.
Desde entonces él la amó con devoción. Verlos jugar era una maravilla. Waldo había conocido a su primera amiga y encontrado un lugar en el mundo donde sentirse completamente seguro.
Con el tiempo su vínculo con nosotros creció. Lo visitábamos con frecuencia en su casa, aprendimos sobre su alimentación, viajamos a Perú para que Majo trabajara su agresividad.
Cada paso de La Manada tuvo a Waldo acompañándonos, de una u otra manera.
Sergio y Belén, sus tutores, lo aman profundamente. Han estado presentes en cada decisión importante de su vida.
Cuando se volvió difícil que conviviera con sus hijas pequeñas, nos preguntaron si podía venir a vivir con nosotros.
Así fue como Waldo se convirtió en huésped permanente.
Vivió con nosotros siete años, compartiendo la vida cotidiana, las alegrías, los proyectos.
Nos enseñó a amar de manera incondicional.
No era un perro fácil: tenía una fuerza interior inmensa, un carácter complejo, una sensibilidad única. Amarlo era amar sin condiciones, descubrir en miles de pequeños gestos a un ser profundamente noble y singular.
Compañero como nadie. Protector de sus seres amados. Entretenido, clavadista, nadador experto, juguetón, divertido, cariñoso, leal hasta el final.
El jueves en la noche Waldo comenzó a presentar un daño motor agudo. Lo llevamos al neurólogo el viernes, en la primera hora disponible. Tras varios exámenes y el descarte de otras enfermedades, el sábado iniciamos el tratamiento para miastenia gravis, indicado por el neurólogo.
Su cuerpo no lo asimiló bien.
En la mañana del domingo Waldito partió tranquilo, en paz, sin angustia ni dolor, acompañado por Naty y Rubén.
En la tarde lo despedimos en familia. Lo enterramos con cariño junto a Nutella y Lupe.
Plantamos un manzano, una de sus frutas favoritas, y preparamos su altar con flores y velas para agradecerle todo lo vivido.
Nuestro Waldito fue parte de cada etapa de este proyecto, de cada paso que dimos.
Su presencia sigue viva en La Manada Senior, en cada rincón del hogar, en el corazón de todos los que lo conocieron.
El vacío es enorme. Nos ha costado mucho escribir estas palabras, pero ha sido tanto el amor recibido, tantos los mensajes llenos de cariño preguntando qué fue lo que pasó, que con las últimas fuerzas del día queremos compartirles lo vivido estos días.
Gracias, Waldo, por habernos elegido, por quedarte a vivir con nosotros estos siete años.
Waldito siempre nos abriste nuevos caminos, recordándonos que el amor también construye destino, potenciando cada proyecto que emprendimos.
Gracias, Belén y Sergio, por compartir con nosotros esta experiencia tan única de amor. 💜