24/10/2017
El tétanos equino es una enfermedad neuromuscular y toxiinfecciosa grave con un alto porcentaje de mortalidad entre la población equina producido por un microorganismo que prolifera en heridas de ambiente pobre en oxígeno, desvitalizadas y contaminadas.
Las esporas de Clostridium tetani se encuentran en el entorno y germinan en contacto con heridas con baja tensión de oxígeno, produciendo dos tipos de toxina que son las responsables del cuadro clínico desarrollado: la tetanolisina y la tetanospasmina. Ésta última interrumpe la conducción normal de los estímulos nerviosos inhibiendo la fase de relajación muscular, lo que provoca espasmos e hipertonía muscular. Al llegar a la placa neuromuscular del caballo la toxina ejerce su acción más temprana, y posteriormente asciende a través de los nervios hasta el sistema nervioso central.
Los primeros signos de la enfermedad se manifiestan mediante rigidez muscular en la cabeza y el cuello, que se va extendiendo de forma paulatina hacia otros grupos musculares hasta alcanzar las extremidades. Además, la cola del equino adopta una posición erguida con tendencia a lateralizarse.
La postura es rígida, como envarada, con las orejas erectas, los ollares dilatados y la cabeza extendida. A consecuencia de los espasmos en los músculos faciales, cuando el animal eleva la cabeza, los músculos del ojo se contraen y llevan el globo ocular hasta el fondo de la periórbita, motivando que el tercer párpado se dirija hacia adelante y cubra parcial o totalmente al ojo, constituyendo un signo característico de la enfermedad.
También es muy notable la hipersensibilidad o hiperreactividad del animal, ya que reacciona ante la luz, el movimiento o los ruidos, por pequeños que sean.
El equino suele conservar el apetito hasta que se paralizan los músculos maseteros y se imposibilita la ingestión de alimentos. La deglución se compromete, el animal suda, la salivación es profusa e incluso, la parálisis de los músculos intercostales puede llegar a provocar dificultad respiratoria evidente.
Si el caballo finalmente se tumba, se exacerban los espasmos musculares por los intentos desesperados que realiza al intentar incorporarse. Se suman al cuadro clínico las úlceras y heridas por decúbito, la deshidratación y el agotamiento. También es frecuente que el caballo no pueda orinar y/o estercolar, que junto a los trastornos cardiorrespiratorios y neuromusculares, pueden provocar desenlaces fatales en cuestión de horas.
El diagnóstico de la enfermedad es claramente clínico, ya que el conjunto de los síntomas que presenta el animal resulta patognomónico.
Tomado de By MC Veterinaria