12/11/2012
La conducta del Beagle (Parte I)
Pocas razas tienen tantas bondades como el beagle. En esta primera parte, vamos a aprender mucho sobre su comportamiento y su extraordinaria sensibilidad. En la segunda, nuestros especialistas nos van a contar todo sobre la capacidad para aprender y los instintos naturales de esta maravillosa raza.
Cuando elegimos un perro generalmente nos guiamos más por su apariencia y características físicas que por sus peculiaridades psicológicas.
Cada raza tiene una estructura de comportamiento diferente, transmitida genéticamente con la ayuda selectiva de los criadores.
Este comportamiento depende de la función para la que ha sido desarrollada la raza, es así como tenemos perros que ayudan en el pastoreo, en la caza, en el rescate, en la vigilancia y protección, o simplemente en la compañía de los humanos.
Aunque se desconoce el origen exacto del beagle, se sabe que desde el principio estos perros fueron utilizados para ayudar a cazar diferentes tipos de presas menores (zorros, armadillos, conejos, liebres).
La evolución de cientos de años en torno a un fin específico, “cazar”, definió las cualidades y características físicas y psicológicas del beagle.
Hoy en día, el estándar internacional de esta raza hace más énfasis en la descripción física que en la psicológica, pero es importante conocer más a fondo el marco que define el carácter de la raza para entender su comportamiento y saber si podemos acomodarnos a él.
En primer lugar, la sensibilidad mental del beagle es media, lo cual indica que no reacciona muy excitadamente frente a diferentes situaciones de su entorno. En ocasiones, puede mostrarse casi indiferente frente a las personas, objetos y animales que le rodean. Sin embargo, esta sensibilidad no es baja. El beagle es un animal bastante curioso y generalmente observa lo que sucede a su alrededor con detenimiento pero sin alterarse o asustarse demasiado.
Por su parte, la sensibilidad corporal en el beagle tiene un nivel bajo, esto se debe a que su condición de cazador le exige superar obstáculos físicos resistiendo el dolor y las otras molestias. Por ello el beagle tiene un umbral de dolor bastante mayor que los demás perros de su tamaño. No es raro ver al beagle correr entre cercos o arbustos con púas, terrenos fangosos o pisos helados o muy calientes, etc. sin mostrar el más mínimo signo de malestar o incomodidad.
La sensibilidad auditiva es media. Lo cual le permite soportar bien los sonidos fuertes, incluso de armas, sin alterarse demasiado y ello también concuerda con sus cualidades de cazador.
Por último la sensibilidad más desarrollada del beagle es la olfativa. En efecto, el beagle, como buen sabueso, se guía preferentemente por su olfato para encontrar su presa. Su misma anatomía está diseñada para favorecer esta sensibilidad: su cuello es robusto y lo suficientemente largo para permitirle mantener la cabeza pegada al piso. Su nariz es fuerte, grande, sus ventanas nasales amplias y sus patas son cortas.
Aunque estos perros sean realmente extraordinario, es importante que recordemos que los mestizos pueden ser igual de maravillosos y cariñosos con nosotros.