20/05/2026
Michu llegó a nosotros a principios de este año, cargando en su pequeño cuerpo las consecuencias de años de abandono, dolor y sufrimiento. Era un gatito viejito, agotado de luchar, que ya no vivía: sobrevivía día a día con las pocas fuerzas que le quedaban.
Llegó pesando apenas 900 gramos, piel y huesos, completamente infestado de garrapatas y pulgas, con mycoplasma, sin pelo por la desnutrición extrema, y el poco pelito que tenía estaba amarillento. Su estado era tan crítico que jamás habíamos visto un caso así.
Durante cuatro meses luchamos junto a él. Intentamos sanar todo el daño que las personas le habían causado, aunque en el fondo sabíamos que había heridas imposibles de reparar. Estuvo internado, tuvo recaídas, probamos mil maneras para lograr que comiera cuando se cansaba, celebramos cada pequeño avance, cada gramo ganado, cada muestra de confianza.
Cuando al fin parecía estar saliendo adelante, cuando comenzaba a recuperarse, a ganar peso y a confiar… apareció el cáncer.
Mientras esperábamos estudios y resultados, la enfermedad avanzó muy rápido. Finalmente fue operado y le extirparon su orejita. Una vez más parecía recuperarse. Pero de un día para el otro dejó de comer. Los estudios mostraron una hiperglucemia severa: Michu también era diabético.
Fue internado nuevamente, luchó una vez más… pero esta vez ya no pudo.
Michu se apagó.
Fueron demasiados años sobreviviendo, demasiadas batallas para un cuerpito tan frágil. Y aunque nos duele profundamente, sabemos que hizo todo lo que pudo.
Soñábamos con verlo completamente sano. Soñábamos descubrir cómo sería su manto, si tendría pelo largo, corto o semilargo, de qué color sería al recuperarse. Lo imaginábamos fuerte, feliz, amado. Pero ese sueño no pudo cumplirse.
Muchos dicen que consuela saber que se fue acompañado, rodeado de amor. Pero la verdad es que nuestro único consuelo sería que ningún animal tuviera que atravesar jamás semejante abandono, maltrato y desprecio.
Nos duele imaginar todo lo que vivió: las noches de frío, el hambre, el rechazo, el dolor, la indiferencia. Nos duele pensar en él buscando aunque sea un pequeño bocado para seguir resistiendo un día más.
Te amamos, Michu.
Perdonanos por no haber llegado antes. Perdonanos por todo el daño que otros te hicieron. Merecías muchísimo más.
Gracias infinitas a los vetes que lo acompañaron, por el amor, la dedicación, la fuerza y cada intento por salvarlo.
Hoy nos despedimos de vos con el alma rota, pero agradecidos de haber podido darte, aunque sea por un tiempo, el amor y la dignidad que siempre mereciste.
Descansá en paz, Michu. 🤍