Mundo de Perros. Un lugar feliz

Mundo de Perros. Un lugar feliz Mi nombre es Flavia Torrisi y soy instructora canina. Dirijo MUNDO DE PERROS
Servicios de hospedaje canino, adiestramiento, educacion y de recreacion

Mis comienzos como adiestradora
21/02/2021

Mis comienzos como adiestradora

02/01/2021

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05/08/2020

En vida, mi perro pesaba siete kilos. Leí esta información hace días, en una mañana en la que saqué todos sus papeles de vacunación. Sus cenizas pesan ap***s más que un manojo de plumas. Llegaron la semana pasada, en una pequeña caja de madera rosa. La moví de lado a lado y los contenidos eran tan escasos que se trasladaban de una esquina a otra: lo que queda de mi perro es tan poco que a duras p***s ocupa su ataúd.
Eso es lo que queda, y casi nada más: el cojín y la sábana azul sobre los que dormía, sus viejos escondites, y algunas canas que, días después de que muriera, aún flotaban por la sala, como hojas de diente de león.
Los seres humanos se van y dejan kilos de ropa (muchos más que siete). Se van y dejan joyas, colecciones de libros, coches y, a veces, casas. Dejan cuentas de twitter, correos electrónicos, páginas de facebook: corolarios de identidades hechizas, rastros del disfraz. Se van y dejan un trabajo, una cama, dinero en el banco. Los perros se van y aparentemente no dejan nada. Dejan, acaso, lo que nosotros les dimos: las casitas en las que dormían, las pelotas que correteaban, los huesos que mordían. Dejan las impresiones que tomamos de ellos: sus cuerpos cachorros decoran nuestros álbumes, esperan en los vericuetos de nuestros discos duros. Dejan, quizás, recuerdos, pero mientras que una sola persona interviene en la vida de decenas de individuos, la vida de un perro es prácticamente inconsecuente salvo para aquellos que compartimos techo con él.
Mi perro llegó a mi casa dos meses después de que yo cumpliera trece años. Por lo tanto, he vivido más tiempo a su lado que sin él. Era más viejo que todas mis amistades, que casi todos mis objetos: que mi coche, mi computadora, mi teléfono y mi colección de DVD´s. Tengo recuerdos concretos suyos, muchos más de los que tengo con personas a las que conozco por casi el mismo tiempo. A pesar de que era un animalito de siete kilos, su personalidad me quedaba clara. Era un hosco irredimible, un perro de cariños muy particulares; nervioso, digno y leal. No quiso a muchas personas en su vida. Quiso a mi mamá, me quiso a mí y creo –porque se la pasaba mordiendo sus patas traseras- que quería al labrador con el que compartió un jardín por doce años.
Un perro ama porque sí, y a cambio solo recibe cobijo, un plato de croquetas y agua. Te ama, quizás, porque sabe que lo escogiste, que entre todos sus hermanos lo tomaste desde adentro de una caja de cartón para llevarlo a tu casa. Por eso me senté a su lado, un día antes de que lo durmieran, y no supe qué otra cosa decirle más que gracias. Me agaché, besé la diminuta cabeza de ese anciano adolescente y le agradecí que me quisiera así a cambio de prácticamente nada. He sido mucho más atento con personas que me han querido mucho menos, así que ese gracias era, también, una disculpa por no haberlo acariciado más, por haber jugado Nintendo en vez de salir al jardín a acompañarlo, por no haberlo querido a él como él me quiso a mí.
Llegó su acta de cremación y su nombre venía mal escrito. Lo tomé con filosofía. Después de todo, ¿a quién después de mí le puede importar mi perro? Y no tendría por qué ser de otra manera: él tampoco quiso a muchos más. Ese pequeño guardián que me vendieron como schnauzer a pesar de que claramente venía de la calle, fue todo mío. Fue el final de mi infancia y toda mi adolescencia. Fue mi bienvenida de la escuela, mi adiós antes de un viaje y el ruido que me arrullaba a la hora de dormir. Se fue y me dejó todo eso: un corazón hinchado de recuerdos impolutos, sin un solo agravio, sin una sola pena. Solo para mí y para los pocos que lo quisimos. Y con eso me basta.

Daniel Krauze (escritor mexicano)

04/08/2020

A veces, cuando un amigo o un conocido se detiene para acariciar a mi perro mientras estamos paseando, me dice: "Sabes, estoy pensando en conseguir un perro. ¿Qué te parece?, ¿hago bien?"... yo dejo que siga acariciando la cabeza de mi perro y después de un tiempo le digo un buen: "¡NO!".

Él (o ella) me mira pasmado y me pregunta por qué estoy en contra. Me siento en la banca del parque y le digo: ¿has evaluado los pros y los contras de tener un perro? Entonces toma nota:

1- Empezarás y terminarás cada día recogiendo la c**a de tu perro desde el suelo y esto para toda su vida.

2- Los primeros meses convertirá la casa en un desastre.

3- Tendrás que ir a trabajar y dejarlo solo, y sentirás un apretón en el corazón cada vez que cierres la puerta.

4- Luego sentirás otro, cuando pienses en el sofá, en un sillón, a tus preciosos zapatos que quedan en la casa al alcance de sus dientes.

5- Ya no tendrás ropa sin sus pelos por más de cinco minutos.

6- Tendrás que adquirir una excelente aspiradora.

7- El cachorro que acaricies crecerá, oh si crecerá, tan rápido que te arriesgas a perderte los momentos más hermosos para pasar con él.

8- Recogerás vómitos, pipis, popó y lo bueno es que ni te va a dar asco.

9- No hay estaciones, condiciones meteorológicas o cambios climáticos que valgan: tendrás que sacarlo todos los días, cada mañana y cada noche, él querrá salir y será el momento más esperado.

10- Cada vez que veas a un perro sufrir o morir será como ver el tuyo sufrir o morir. Si antes de tener perro podías soportar estas imágenes, después no podrás soportar ver a un perro destrozado pensando que podría ser el tuyo.

11- Mantener a un perro cuesta mucho dinero, y nunca aportará a la casa parte de su salario para "ayudar a la familia".

12- Dirás que "nunca subirá al sillón ni a la cama" y te encontrarás aplastado en una esquina con treinta kilos en el estómago.

13- Tendrás que tolerar las miradas de la gente que te juzgará por cómo tratas al perro.

14- Tendrás que tolerar quien te dirá "¡pero el perro no es un hijo!" sin responder, pero piensas: ¡No me había dado cuenta!".

15- Tendrás que tolerar las miradas de la gente que pensará: "quiere al perro porque no tiene hijos...".

16- Ten en cuenta que lo tendrás que despedir un día, y que los perros no solo crecen rápido, también envejecen demasiado rápido.

17- Sufrirás viendo una película donde muere un perro.

18- En tu coche habrá en todas partes los pelos de tu perro.

19- Lamentarás las oportunidades que tenías para estar con él y no te aprovechaste porque siempre tenías un compromiso muy importante.

20- Pensarás si no estabas mejor antes de tener un perro y tal vez te respondas que sí, que tal vez tenías menos preocupaciones y entonces tendrás que esforzarte para rechazar estos sentidos de culpa que te cierran el estómago.

Silencio... "¿pero entonces no hay pro?" me dijo afligido.

Sí, por supuesto. Aquí está el pro:

1- Una noche al final de un día obscuro, de aquellas en las que te has arrepentido de haber nacido, cuando todo parece ir mal y tú ni siquiera tienes la fuerza para levantarte del sofá verás asomar el hocico de tu perro que se apoyará en tu pierna, que te mirará sin hacer ni un movimiento, entornando los ojos: estará allí parado hasta que acariciarás su cabeza y entonces sentirás tu corazón abrirse como una manzana y una emoción a lo largo de todo tu cuerpo.

Y ahí entenderás que nadie te amará nunca como él. "Solo por este momento vale la pena enfrentar a todos los contra de tener un perro".

(COPIA, PEGA Y COMPARTE CON UNA FOTO DE TU PERRO)

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03/08/2020
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