02/05/2026
🐾 Cuando Franco empezó a buscar departamento, había dos requisitos innegociables que tachaban cualquier otra opción: la cercanía con su trabajo y la proximidad de una plaza. No aceptaba grises. Necesitaba caminar a la oficina para ganar tiempo y, sobre todo, asegurar que Cachete tuviera su dosis de pasto a la vuelta de la esquina para compensar la pérdida del patio. Finalmente encontró el lugar y la mudanza se hizo realidad.
🥎 Al principio, aquel espacio verde era pura rutina: salir, dar una vuelta, unos saltos, juegos con otros perros y volver a casa.
Pero una tarde todo cambió.
Entre la jauría habitual, Cachete encontró a un aliado de su misma talla. Se habían elegido mutuamente; quizás porque su tamaño les garantizaba que no terminarían rodando por el suelo como cuando intentaban seguirle el ritmo a Roque y Capitán, dos labradores inmensos que juraban ser perros falderos.
🐶 El compañero de juegos era Silvestre, el perro de una chica que, sentada en un banco cercano, seguía cada movimiento con atención. Franco y ella cruzaron miradas y compartieron sonrisas cómplices ante las piruetas de sus mascotas. Sin embargo, el encuentro fue breve: ella miró su reloj, llamó a Silvestre, se despidió con un gesto rápido y se perdió entre la gente.
☀️ Al día siguiente, mucho antes de la hora de siempre, Franco ya tenía la correa en la mano. Sin dudarlo y con una expectativa que no sentía hacía tiempo, preparó todo para volver a la plaza.
💜 Carina
;)