09/03/2026
¿Por qué los perros comen heces?
¿Es normal o es un problema?
La coprofagia, es decir, el consumo de heces, es un comportamiento relativamente frecuente en perros. Puede formar parte del repertorio conductual normal de la especie en determinados contextos, aunque para las personas resulte desagradable. En otros casos, sin embargo, puede indicar un problema médico o de comportamiento que requiere evaluación veterinaria.
Comprender por qué ocurre y cuándo debe preocuparnos es importante para poder abordarlo correctamente.
¿Qué tan frecuente es?
La coprofagia no es un fenómeno raro en perros domésticos. Diferentes estudios han mostrado que muchos perros han intentado comer heces al menos alguna vez a lo largo de su vida, mientras que una proporción menor lo hace de forma habitual. En la mayoría de los casos ocurre de manera ocasional y no se convierte en un comportamiento persistente.
Este comportamiento se observa en perros de compañía que viven en hogares normales y no parece depender claramente del s**o, la raza, la castración o el tipo de alimentación. Un aspecto interesante es que muchos perros muestran preferencia por heces muy recientes, generalmente de menos de uno o dos días.
¿Cuando es completamente normal?
Existen situaciones en las que el consumo de heces forma parte de la conducta natural del perro. Por ejemplo, las perras con cachorros suelen ingerir las heces de sus crías durante las primeras semanas de vida. Este comportamiento es completamente normal y cumple una función importante: mantener limpio el lugar donde viven los cachorros y reducir el riesgo de infecciones.
También se ha propuesto que, desde un punto de vista evolutivo, los antepasados del perro podían consumir heces frescas dentro del área de descanso para reducir la acumulación de parásitos en la madriguera. En ese contexto, eliminar o ingerir las heces antes de que se desarrollen formas infectivas de parásitos podría haber tenido una función protectora.
Además, en algunas poblaciones de perros que viven libres, el consumo de heces puede representar una fuente adicional de nutrientes cuando los recursos alimenticios son escasos.
¿Por qué algunos perros lo hacen?
En muchos casos la coprofagia tiene un origen multifactorial, es decir, puede estar influida por diferentes factores al mismo tiempo.
Desde el punto de vista conductual, algunos perros presentan una motivación muy alta por la comida y tienden a ingerir cualquier sustancia que pueda resultar comestible. En otros casos, el comportamiento puede relacionarse con aburrimiento, falta de estimulación o estrés. También puede existir un componente de aprendizaje social, ya que algunos perros comienzan a mostrar coprofagia después de observar a otros perros que lo hacen.
Las condiciones de confinamiento, el aislamiento social o los entornos poco estimulantes pueden favorecer la aparición o el mantenimiento de este comportamiento.
Por otro lado, aunque muchos perros coprofágicos están completamente sanos, en algunos casos el comportamiento puede estar asociado a problemas médicos. Entre ellos se encuentran trastornos digestivos, problemas de absorción de nutrientes, enfermedades pancreáticas, parasitosis intestinales o ciertas alteraciones metabólicas.
Cuando existe una causa médica, la coprofagia suele aparecer acompañada de otros signos clínicos como pérdida de peso, diarrea, aumento del apetito o cambios en el estado general del animal. Por esta razón, cuando el comportamiento aparece de forma repentina o es muy intenso, es recomendable realizar una evaluación veterinaria.
Factores del entorno
La coprofagia también depende en gran medida de la oportunidad y del acceso. Los perros tienen más probabilidades de ingerir heces cuando estas están fácilmente disponibles. Esto puede ocurrir en hogares con varios animales, en jardines donde las deposiciones no se recogen con rapidez o durante paseos en lugares donde hay abundancia de excrementos de otros animales.
En muchas ocasiones, simplemente la disponibilidad del estímulo facilita que el comportamiento ocurra.
¿Cuándo se considera un problema?
En muchos perros la coprofagia no representa un problema médico ni conductual importante. Sin embargo, puede requerir atención cuando aparece de forma repentina en un perro adulto que previamente no mostraba esta conducta, cuando ocurre con mucha frecuencia o cuando parece difícil de interrumpir.
También debe evaluarse cuando el comportamiento se acompaña de otros signos clínicos como pérdida de peso, alteraciones digestivas o cambios en el apetito. En estos casos es importante descartar posibles problemas médicos subyacentes.
Otro aspecto relevante es el riesgo sanitario. El consumo de heces puede favorecer la exposición a parásitos y microorganismos presentes en excrementos de otros animales.
Manejo y prevención
No existe una solución única que funcione en todos los casos, pero diferentes estrategias pueden ayudar a reducir el comportamiento. Una de las medidas más importantes es limitar el acceso a las heces, recogiendo las deposiciones lo antes posible y supervisando al perro durante los paseos.
El entrenamiento también puede ser útil. Enseñar señales como “déjalo” o “ven” y reforzar al perro cuando se aleja de las heces puede ayudar a prevenir la ingestión.
Asimismo, mejorar el bienestar general del perro es fundamental. Aumentar el ejercicio, proporcionar enriquecimiento ambiental y ofrecer mayor estimulación mental puede reducir comportamientos no deseados relacionados con aburrimiento o frustración.
En los casos en que exista ansiedad, estrés o una causa médica, puede ser necesario un plan de tratamiento individualizado con un veterinario o un especialista en comportamiento animal.
En resumen
La coprofagia en perros puede tener diferentes significados dependiendo del contexto. En algunos casos forma parte del repertorio conductual normal de la especie y puede tener un origen evolutivo relacionado con la higiene del lugar de descanso o con la obtención de recursos.
En otros casos puede estar asociada a problemas médicos, estrés o condiciones ambientales inadecuadas. Por ello, lo más recomendable es evaluar cada caso de forma individual.
Cuando el perro está sano y el comportamiento es ocasional, muchas veces puede manejarse mediante supervisión, entrenamiento y cambios en el entorno. Sin embargo, cuando la conducta es persistente, intensa o aparece junto con otros signos clínicos, es aconsejable consultar con un veterinario o con un especialista en comportamiento animal.
Dr. Javier Alejandro Guerra Villalobos
ConducVet – Animal Welfare and Behavior Analysis