09/09/2025
La historia de Mora
Mora llegó a mi vida casi por casualidad, una pequeña perra de agua que apenas costó 50 euros, pero que valía más que cualquier tesoro. Con solo dos meses, entró en casa como un torbellino de curiosidad y dulzura. Aquella primera vez que le dije "siéntate" y ella me miró sin entender, marcó el inicio de una conexión especial: la senté suavemente, le dí un premio y, desde entonces, con esa gracia tan suya, lo aprendió para siempre. Ese gesto inocente fue el comienzo de una amistad inquebrantable.
Mora no era un perro cualquiera: era compañera, alumna rápida y maestra de vida. En el parque, sorprendía a todos aprendiendo en minutos a subir las escaleras y tirarse por la resbaleta como si fuera un juego inventado solo para ella. Donde iba, ella iba. En los buenos ratos y también en los momentos duros, siempre estaba allí, con esos ojos profundos que parecían decirme sin palabras: “tranquilo, yo estoy contigo”.
Cuando empecé a cazar a los 19 o 20 años, Mora se convirtió en mi sombra. Muchos se reían al verme con un perro de agua, preguntando si me había dejado las ovejas en el pueblo. Pero pronto tuvieron que callar la boca: semana tras semana, la pequeña cazadora demostraba lo que era, polivalente, lista y con una energía que sorprendía a todos. Era un perro de aguas, sí, pero también era mi compañera de monte, de aventuras y de vida.
Con la familia era ternura pura, fiel hasta el último día, pero también valiente y protectora cuando notaba cualquier amenaza. Tenía ese instinto noble de quien sabe amar sin condiciones y defender lo que más quiere.
El tiempo, inevitable, avanzó. Y un día, Mora tuvo que marcharse, ya con una edad avanzada. Pero aunque físicamente se fue, nunca se borró de mi vida. Hoy sigue viva en mi memoria, en mi corazón y en cada recuerdo que me arranca una sonrisa. Mora no fue solo mi primera perra de agua: fue la que me enamoró de esta magnífica raza, la que me enseñó lo que significa la lealtad, la que me acompañó en una etapa de juventud que siempre recordaré con emoción.
Mora fue, y seguirá siendo, parte de mi.