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Un criadero sin un plan de cría depende más de la suerte que de la selección.Con el paso de los años he llegado a una co...
24/07/2026

Un criadero sin un plan de cría depende más de la suerte que de la selección.

Con el paso de los años he llegado a una convicción que, para mí, marca la diferencia entre hacer cruzas y criar Greyhound: todo criadero debería tener un plan de cría.

No me refiero a decidir qué macho utilizar en la próxima camada. Me refiero a tener una visión clara de hacia dónde queremos llevar nuestra línea genética. Sin ese rumbo, cada decisión depende más de la oportunidad del momento que de un objetivo definido.

Creo que un plan de cría se sostiene, al menos, sobre tres principios.

1. Criar no es producir cachorros; es construir una línea genética.

Una camada puede salir muy buena por una combinación genética afortunada. Pero una línea genética consistente nunca es producto del azar.

Cada cruza debería acercarnos un poco más al Greyhound que queremos criar dentro de diez o veinte años. Esa es la diferencia entre producir cachorros y construir una familia genética con identidad propia.

2. Tener un campeón no es tener un reproductor.

Quizás sea uno de los errores más frecuentes.

La pista nos dice qué tan bueno fue un perro para competir. La reproducción nos dice qué tan bueno es para transmitir sus cualidades.

Son dos cosas distintas.

Hay campeones que dejan muy poco en la siguiente generación y perros con campañas más discretas que terminan cambiando el rumbo de un criadero. Por eso, un reproductor debería evaluarse no sólo por lo que hizo él, sino por lo que es capaz de dejar en sus hijos.

3. Criar es seleccionar, no acumular pedigrís.

Hoy prácticamente todos los Greyhound modernos descienden de grandes perros. Tener un pedigrí lleno de campeones ya no es suficiente.

El verdadero trabajo del criador comienza cuando debe decidir qué conservar y qué descartar. No se trata de utilizar al semental de moda, sino al que realmente aporta a los objetivos de nuestro programa de cría.

Seleccionar es pensar. Es renunciar a decisiones fáciles para tomar decisiones correctas. Es tener la paciencia de construir una línea genética, en lugar de perseguir un resultado inmediato.

Al final, todos soñamos con criar un gran campeón.

Pero creo que el verdadero desafío es mucho mayor: construir un criadero cuya identidad pueda reconocerse generación tras generación.

en la foto: el gran Cumbria Jack, mi perro favorito de Australia.!

Remehue! Hace unos días cumplió 6 meses.el más desordenado del grupo! Interesados en adquirir nuestra genética, pueden c...
24/07/2026

Remehue!
Hace unos días cumplió 6 meses.
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Interesados en adquirir nuestra genética, pueden contactarse por interno.

La biomecánica no perdonaEn el mundo del Greyhound solemos hablar de velocidad, sangre y resultados. Es natural; al fin ...
16/07/2026

La biomecánica no perdona

En el mundo del Greyhound solemos hablar de velocidad, sangre y resultados. Es natural; al fin y al cabo, todos buscamos criar perros capaces de ganar.

Sin embargo, con los años he llegado a una convicción que considero cada vez más importante: la velocidad no sirve de mucho si la estructura no es capaz de sostenerla.

Existe una tendencia a concentrar toda nuestra atención en el tren posterior. Buscamos potencia, musculatura y explosión, olvidando que antes de cada impulso existe un apoyo.

Y ese apoyo ocurre en las manos.

Cada vez que un Greyhound aterriza a máxima velocidad, sus miembros anteriores reciben la primera carga del impacto. Esa fuerza debe ser absorbida, estabilizada y transmitida eficientemente para que el tren posterior pueda volver a impulsar el cuerpo.

Cuando los aplomos delanteros son correctos, el movimiento fluye con armonía y el perro aprovecha mejor toda su capacidad atlética.

Pero cuando existe una alteración estructural, por pequeña que parezca, la biomecánica cambia.

El organismo comienza a compensar.

Y toda compensación tiene un costo.

Un metacarpo débil, un pie abierto, una desviación en el apoyo, una mala alineación del antebrazo o un hombro incorrectamente estructurado modifican la distribución de las cargas a lo largo de toda la cadena cinética.

Lo que inicialmente parece un problema localizado termina afectando el funcionamiento completo del perro.

Muchas lesiones del tren posterior no necesariamente se originan allí. Desgarros musculares, sobrecargas repetitivas del bíceps femoral, del semitendinoso o del iliopsoas pueden verse favorecidos cuando el tren anterior pierde eficiencia y obliga al resto del cuerpo a compensar esa deficiencia.

La biomecánica es clara: cuando una estructura deja de cumplir correctamente su función, otra debe asumir un trabajo para el cual no fue diseñada.

Como criadores, creo que debemos aprender a mirar más allá del cronómetro.

No basta con preguntarnos quién ganó más carreras.

Debemos preguntarnos cómo estaba construido ese perro para ganar, y más importante aún, qué estructura será capaz de transmitir a sus descendientes.

Porque un buen reproductor no solo entrega velocidad.

Entrega equilibrio, funcionalidad y longevidad deportiva.

En mi opinión, la crianza del Greyhound debería comenzar precisamente ahí: seleccionando estructuras capaces de soportar el enorme esfuerzo que exige la velocidad.

El cronómetro puede decirnos quién fue el más rápido.

Pero solo el tiempo nos dirá qué estructura fue realmente la mejor.

En la foto: perro central: Bockos Diamond,
Campeón del Derby en 2024.
Un perro excelente en aplomos delanteros y estructura en general.
No sorprende que aún corre a muy buen nivel, con 4 años y varias temporadas.

La potencia nace desde atrás: la importancia de la correcta angulación del miembro posterior.La angulación posterior: po...
12/07/2026

La potencia nace desde atrás: la importancia de la correcta angulación del miembro posterior.

La angulación posterior: potencia, eficiencia y equilibrio

Durante años, quienes criamos Greyhound hemos puesto gran atención en aspectos como la velocidad, el pedigrí o la musculatura. Sin embargo, hay un detalle anatómico que muchas veces pasa desapercibido y que tiene una enorme influencia sobre el rendimiento del perro: la angulación del miembro posterior.

Cuando observamos un Greyhound de perfil, solemos fijarnos en su línea superior, en la profundidad del pecho o en la longitud del cuello. Pero es el tren posterior el verdadero motor del perro. Allí se genera la mayor parte de la fuerza que impulsa cada zancada.

Una angulación adecuada permite que esa fuerza se transmita al suelo de forma eficiente. En cambio, una angulación deficiente obliga al perro a compensar con otros grupos musculares, disminuyendo la eficiencia del movimiento y aumentando el desgaste físico.

Un miembro posterior correctamente angulado ofrece varias ventajas. Permite una mayor flexión y extensión de las articulaciones, mejora la capacidad de impulsar el cuerpo hacia adelante, favorece una zancada más larga y ayuda a absorber mejor el impacto durante el apoyo. El resultado es un movimiento más fluido, económico y potente.

Pero también existe el extremo opuesto.

En ocasiones se busca una angulación excesiva pensando que ello aportará mayor velocidad. Sin embargo, una sobreangulación puede generar inestabilidad, retrasar el apoyo del pie, aumentar las exigencias sobre ligamentos y tendones e incluso reducir la eficiencia cuando el perro acelera a máxima velocidad.

Por el contrario, un perro demasiado recto en sus posteriores suele presentar una zancada más corta, menor capacidad de empuje y una transmisión de fuerzas menos eficiente. Son animales que muchas veces compensan con una frecuencia de paso mayor, pero difícilmente alcanzan la misma economía de movimiento que un ejemplar equilibrado.

Aquí aparece un concepto fundamental: el equilibrio anatómico.

La angulación posterior no puede evaluarse de manera aislada. Debe guardar armonía con la longitud del fémur, la tibia, el brazo, la escápula, la inclinación de la pelvis y la fortaleza del lomo. Un excelente tren posterior pierde eficacia si el resto de la estructura no acompaña ese diseño.

En el Greyhound, criado durante siglos para alcanzar altas velocidades en distancias cortas, cada grado de angulación representa un compromiso entre potencia, estabilidad y eficiencia. No gana el perro con la mayor angulación, sino aquel cuya estructura trabaja como un conjunto perfectamente coordinado.

Como criadores, tenemos la responsabilidad de mirar más allá de la apariencia. La belleza funcional siempre debe prevalecer sobre las modas. Un perro correctamente construido no solo tendrá mayores posibilidades de rendir en la pista, sino también de mantenerse sano durante más años.

Quizá la próxima vez que observemos un Greyhound parado, no deberíamos preguntarnos solamente si “se ve bonito”, sino si su anatomía le permitirá transformar toda su fuerza muscular en velocidad, eficiencia y durabilidad.

Porque, al final, la verdadera belleza del Greyhound no está únicamente en su silueta, sino en la perfección con la que cada una de sus partes trabaja al servicio del movimiento.

En la foto: ballymac penske. Una de las mejores hembras de la historia.
Con una muy buena angulacion trasera.

“No siempre la evolución de una raza significa que está mejorando. A veces, sin darnos cuenta, también estamos perdiendo...
09/07/2026

“No siempre la evolución de una raza significa que está mejorando. A veces, sin darnos cuenta, también estamos perdiendo características que hicieron grande al Greyhound.”

Lo que estamos perdiendo…

La amplitud de la caja torácica en nuestros Greyhounds

Como criador, hay algo que desde hace tiempo viene llamando mi atención.

Cuando observo fotografías de grandes campeones de hace 20 o 30 años y las comparo con muchos Greyhounds actuales, noto una diferencia que pocas veces se comenta: la amplitud de la caja torácica.

Hoy parece que buscamos perros cada vez más estilizados, más finos y más ligeros. Sin embargo, en esa búsqueda podríamos estar dejando de lado una característica fundamental para un atleta de alto rendimiento.

La caja torácica no es solo una cuestión estética. Allí se alojan el corazón y los pulmones, dos órganos que determinan la capacidad de oxigenar los músculos durante un esfuerzo máximo. Un tórax amplio suele ofrecer mayor espacio para el desarrollo de estas estructuras, algo que históricamente ha sido una de las fortalezas del Greyhound como atleta.

Por supuesto, una caja torácica amplia por sí sola no gana carreras. La genética, la musculatura, la biomecánica, el temperamento y el entrenamiento siguen siendo factores decisivos. Pero tampoco deberíamos ignorar un atributo que durante décadas fue considerado parte del estándar funcional de la raza.

Quizás sea momento de preguntarnos si, en nuestra selección, estamos priorizando únicamente lo que se ve a simple vista o si seguimos valorando aquellas características que realmente contribuyen al rendimiento y a la longevidad deportiva del perro.

No escribo estas líneas para afirmar que tengo la verdad absoluta. Las comparto porque creo que los criadores debemos hacernos preguntas, observar, debatir y aprender unos de otros. Así es como una raza continúa evolucionando… sin olvidar aquello que la hizo excepcional.

¿Qué opinan ustedes? ¿También han notado este cambio o creen que es solo una percepción?

En la foto:
El gran “westmead hawk” un Greyhound que destaca por su gran caja torácica!

Estos cachorros con 5 meses y 20 días mirando a su padre! Que hermosa camada tenemos este año!
07/07/2026

Estos cachorros con 5 meses y 20 días mirando a su padre!
Que hermosa camada tenemos este año!

¿Qué habría pasado si New Tears no hubiese existido?Es una pregunta difícil de responder, pero vale la pena hacer el eje...
03/07/2026

¿Qué habría pasado si New Tears no hubiese existido?

Es una pregunta difícil de responder, pero vale la pena hacer el ejercicio: ¿cómo sería hoy el mundo del galgo de carreras si New Tears nunca hubiese existido?

Su influencia como reproductor es, sencillamente, extraordinaria. Con 2.279 hijos inscritos, podría parecer, a primera vista, un macho prolífico más. Sin embargo, los números por sí solos no alcanzan a explicar su verdadero legado. Sin él, el mapa genético del galgo moderno sería completamente distinto.

Para demostrarlo, basta con detenerse en solo dos de sus hijos: un macho y una hembra.

La primera es Sobbing Sal, una extraordinaria reproductora y madre del legendario Brett Lee, uno de los sementales más influyentes de la historia, con 5.040 hijos inscritos. Pero su legado no termina ahí. También fue madre de Head Bound, con 5.183 hijos, y de Big Daddy Cool, con 4.313 hijos. Solo estos tres reproductores bastan para dimensionar el impacto de una sola hembra.

Si nos concentramos únicamente en Brett Lee, la magnitud de su influencia resulta impresionante. Entre sus hijos más destacados encontramos a:

Bond: 2.065 hijos.
Cash: 6.127 hijos.
Hallucinate: 2.745 hijos.
Loughill Blake: 4.241 hijos.
Wheres Pedro: 4.458 hijos.
Ace Hi Rumble: 4.500 hijos.
Magic Sprite: 3.941 hijos.
Dragon Fire: 2.541 hijos.

Todos ellos dejaron una huella profunda en la reproducción mundial. Y eso sin considerar a las numerosas hijas de Brett Lee, que también transmitieron su genética y multiplicaron aún más su influencia.

Por el lado del hijo macho de New Tears, destaca Roanokee, padre de 4.207 hijos. Sin embargo, el verdadero impacto aparece en una de sus descendientes más importantes: Ballymac Maeve, madre de 2.886 hijos.

De Ballymac Maeve nació otro gigante de la reproducción: Ballymac Best, con 3.070 hijos, quien además fue padre de Pestana (2.429 hijos) y de Duke Special (598 hijos). Este último, a su vez, fue padre de Droopys Sydney, considerado durante varios años el mejor reproductor de Irlanda y responsable de 5.347 hijos inscritos.

Y la historia continúa. La lista de descendientes influyentes es mucho más extensa de lo que permite una sola columna.

Lo fascinante es que una parte enorme de la genética que domina el galgo moderno puede rastrearse hasta un solo reproductor excepcional. Cuando se sigue el árbol genealógico generación tras generación, el nombre de New Tears aparece una y otra vez, como un hilo conductor que une a algunos de los mejores perros de las últimas décadas.

Por eso, si alguien me preguntara cuál ha sido uno de los reproductores más determinantes de la historia del galgo de carreras, no tendría dudas en incluir a New Tears entre los primeros lugares. Me atrevería incluso a afirmar que, en la actualidad, su sangre está presente en prácticamente todos los pedigríes de los grandes corredores del mundo.

Al final, la pregunta inicial quizás tenga una respuesta simple: sin New Tears, el mundo galguero que conocemos hoy probablemente nunca habría existido.

La genética no viaja en aviónHay una pregunta que me he hecho muchas veces a lo largo de los años. Y cada vez que creo t...
02/07/2026

La genética no viaja en avión

Hay una pregunta que me he hecho muchas veces a lo largo de los años. Y cada vez que creo tener la respuesta, aparece un perro que me demuestra que estaba equivocado.

¿Qué macho debo elegir para mi hembra?

Parece una decisión sencilla. Basta con mirar un pedigrí, revisar algunos tiempos, escuchar recomendaciones y tomar una decisión.

Pero la realidad está muy lejos de ser tan simple.

Con el paso de los años he aprendido que criar Greyhounds no consiste en juntar dos buenos perros. Consiste en intentar predecir algo que nadie puede predecir por completo.

Porque la genética tiene memoria… pero también tiene sorpresas.

Hoy es cada vez más común encontrar machos importados provenientes de Australia, Irlanda o Inglaterra. Basta leer sus pedigríes para encontrar nombres que cualquier aficionado reconoce de inmediato. Hijos de grandes campeones, nietos de reproductores extraordinarios, familias que durante décadas dominaron las pistas más competitivas del mundo.

Y es imposible no ilusionarse.

Uno piensa que, si esa sangre produjo tantos campeones, seguramente hará lo mismo aquí.

Pero después aparece una pregunta que muchos prefieren no hacerse.

¿Por qué ese perro terminó reproduciendo en Chile y no en su país de origen?

No lo digo como una crítica. Es simplemente una realidad.

Muchos de los perros que llegan a Sudamérica no fueron las grandes figuras que todos imaginan. Algunos corrieron poco. Otros nunca alcanzaron el nivel esperado. Otros simplemente fueron reemplazados por nuevas generaciones.

Entonces comienza el verdadero dilema.

¿Estoy comprando genética… o estoy comprando un nombre?

Con los años también entendí que existe una enorme diferencia entre el pedigrí de un perro y su capacidad para transmitir cualidades.

En genética existen dos conceptos fundamentales.

El primero es el fenotipo.

Es todo aquello que nosotros vemos.

La velocidad.

La musculatura.

La estructura.

La actitud para competir.

El tamaño.

La recuperación después de correr.

Pero debajo de todo eso existe otra historia.

Está el genotipo.

Es decir, la información genética que ese perro lleva dentro y que puede transmitir a sus hijos.

Y ambas cosas no siempre coinciden.

Todos conocemos grandes corredores que jamás produjeron un campeón.

Y también conocemos perros que nunca fueron extraordinarios en la pista, pero terminaron cambiando una línea completa de sangre.

Eso ocurre porque competir y reproducir son dos talentos completamente distintos.

Un perro puede expresar muy bien sus propias cualidades y, sin embargo, transmitirlas muy poco.

Mientras otro, aparentemente inferior, posee una enorme prepotencia genética, es decir, la capacidad de repetir sus virtudes generación tras generación.

Y esa cualidad solo se descubre con el tiempo.

Nunca antes.

Otro aspecto que muchas veces olvidamos es que no todos los países seleccionan el mismo Greyhound.

En Australia, Irlanda e Inglaterra predominan las carreras en óvalo.

Décadas de selección han ido moldeando perros extremadamente eficientes para doblar curvas, acelerar varias veces durante una competencia y mantener velocidad mientras cambian constantemente de trayectoria.

No es casualidad que muchos Greyhounds modernos sean algo más compactos que hace treinta años.

El ambiente de selección los fue llevando hacia ese tipo de atleta.

En Chile la historia es distinta.

Nuestra realidad está formada principalmente por carreras en recta.

Aquí muchas veces destacan perros de mayor tamaño, con más longitud de zancada y una potencia explosiva impresionante desde la salida hasta la meta.

Entonces aparece otra pregunta.

¿Estoy importando una genética superior… o simplemente una genética superior para otro tipo de competencia?

Porque seleccionar durante cuarenta años para correr en curvas no necesariamente produce el mismo perro que seleccionar durante cuarenta años para correr en recta.

Y eso no significa que uno sea mejor que el otro.

Significa que fueron creados para resolver problemas distintos.

También aprendí que hay características que la genética transmite con bastante facilidad.

El tamaño suele heredarse.

La estructura ósea también.

La angulación.

La longitud del cuerpo.

La profundidad del pecho.

Incluso determinados estilos de galope aparecen repetidamente dentro de algunas familias.

Pero existen otras cualidades mucho más difíciles de fijar.

El deseo de ganar.

La inteligencia para correr.

La capacidad de sufrir durante los últimos metros.

La recuperación.

La valentía.

El corazón.

Todo eso depende de muchos genes interactuando entre sí y también del ambiente donde el cachorro crece, se desarrolla y entrena.

Por eso dos hermanos completos pueden terminar siendo perros completamente distintos.

Con el tiempo uno deja de buscar el “mejor” reproductor.

Empieza a buscar el más adecuado.

El que complemente las virtudes de la hembra.

El que corrija sus defectos.

El que aumente las probabilidades de obtener el tipo de Greyhound que realmente necesitamos.

Porque criar no consiste en repetir modas.

Consiste en construir una familia.

Y las familias no se construyen en una generación.

Se construyen durante décadas.

Después de tantos años mirando carreras, viendo nacer camadas y observando cientos de perros crecer, creo que la mayor enseñanza es esta:

La genética no viaja en avión.

Lo que viaja es un perro.

La genética verdadera solo demuestra su valor cuando comienza a producir hijos.

Y recién cuando esos hijos producen nietos, podemos empezar a entender si aquella decisión que tomamos frente a una hembra fue realmente la correcta.

Quizás por eso sigo pensando que la elección de un reproductor nunca termina el día del servicio.

En realidad, ese día recién comienza.

Foto del reproductor Zero ten!
Una gran macho que admiro por su campaña deportiva, físico y excelente línea genética!

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